HomeActualidadAnarquistas contra hípsters, la última batalla en Londres

Anarquistas contra hípsters, la última batalla en Londres

ABC

Vándalos antisistema contra comerciantes hípsters. Un asalto a un café chic del Este de Londres en la noche del sábado ha ocupado a todos los medios británicos, porque toca varios temas sensibles: los imposibles precios de la vivienda en la capital, el debate sobre el esnobismo de tribu y, como siempre, el papel de las redes sociales como espoletas del odio.

Los hermanos gemelos Alan y Gary Keery son originarios de Belfast y tienen 33 años. En noviembre iniciaron su aventura comercial, abrir un café chic en el barrio de Shoreditch, de rentas y ambiente más bien depauperados (los ingresos medios anuales son de unos 15.300 euros). Le llamaron el Cereal Killer Café y sus ganchos eran dos: ofertaban cereales de todo el mundo con sus paquetes de vivos colores y sus dueños, los gemelos Keery, son como la caricatura ya un tanto sobada del perfecto hispter, con barbas negras a juego con un pelo rubio de bote bien peinado, camisas rompedoras de último botón anudado y brazos tatuados.

Hasta aquí todo sin problemas. Pero en diciembre el Channel 4 de televisión se acercó al Cereal Killer a hacer un reportaje a ver cómo podía ser que en un barrio como Shoreditch un café boutique despachase cuencos de cereal a una media de casi cinco euros al cambio (siete en la versión más cara). La noticia puso bajo el radar a los Keery. Sesudos analistas del izquierdista «The Guardian» reflexionaron sobre el «café efectista» y la «infantilización hispter», con adultos queriendo comer como niños. El próximo paso fue el hervidero de Twitter, donde hay barra libre para calentar el ambiente: «Cereal Killer, cinco libras por los cereales cuando la gente pasa hambre. J… aburguesamiento». La parada final, el vandalismo.

El sábado doscientos manifestantes antisistema, con cabezas de cerdo, antorchas y equipos musicales, atacaron el Cereal Killer, arrojando pintura roja a su fachada y escribiendo «escoria» en sus ventanas. Dentro los clientes, «aterrados», hacían barricadas con las sillas. El argumento para atacar el local de los Keery era denunciar el aburguesamiento de Londres, el hecho de que su implacable burbuja inmobiliaria está echando de la ciudad a la gente que no goza de altos ingresos. «Nosotros somos una pequeña tienda. Aquí al lado hay tiendas de cadenas de grandes marcas. Nos han señalado como ejemplo del aburguesamiento y no es culpa nuestra», se lamentan los gemelos.

Los manifestantes, que también quemaron un muñeco de policía emperifollado al modo hípster, han subido a internet su justificación: «No queremos pisos de lujo que nadie puede pagar. No queremos bares de gin tonic cool, ni tiendas de brioches. Queremos una comunidad. Esta ciudad será pronto un páramo infestado de yuppies y no un espacio para la gente normal (o no tan normal) como nosotros».

El ataque no es el primero. Ha habido ya otros similares en el barrio de Camden. Pero la historia guardaba una sorpresa final: algunos de los antisistema son tan pudientes o más que los pobres gemelos Keery y sus barbas. La prensa conservadora ha descubierto que una de las manifestantes era Liza McKenzei, una investigadora de la venerable London School of Economics. Liza, a la que se supone de confortable clase media, portaba una pancarta que decía «hay que devastar las avenidas donde viven los ricos» y tras ser desenmascarada acusa a los tenderos de cereales de «alargar un incidente menor para hacerse propaganda».

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