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Soy epífita, no parásita
31/octubre, 2018 12:05am

Es más común de lo que pensamos, que se otorgue el apelativo de parásita a cualquier planta que crece en los árboles, se lo dicen a las orquídeas (Orchidaceae), a las bromelias (Bromeliaceae) y hasta a algunos helechos y no… ¡No Son Parásitas, Son Epífitas!

¿Cuál es la diferencia?

Las plantas parásitas son aquellas que se nutren y se desarrollan a expensas de otra planta de distinta especie, sin aportarle ningún beneficio y generalmente no pueden vivir por sí solas. Muchas de ellas son consideradas hemiparásitas ya que su parasitismo es parcial, por producir fotosíntesis y robarles a las plantas donde se sostienen, agua y otros nutrientes. Éstas debilitan a las plantas y eventualmente las llevan a la muerte.

En cambio, las plantas epífitas no le quitan agua o nutrientes a las plantas donde crecen, las usan solo como soporte. Sin embargo, si algún árbol se cubre demasiado de algunas epífitas, éste puede morir, pero no por parasitismo.

Es importante hacer notar esta diferencia para que no nombremos parásitas a estas hermosas, interesantes e importantes plantas, ya que muestran un sistema de adaptación sorprendente para vivir sobre otras, muchas de las que habitan los bosques tropicales húmedos. Además, su presencia en los bosques los hace uno de los ecosistemas más complejos de nuestro planeta debido a que enriquecen la biodiversidad, ya que proporcionan refugio y nutrientes a varias especies de insectos y anfibios, que aprovechan el agua acumulada en sus hojas o el cobijo que generan en medio del tronco para hacer el nido. Tanto las orquídeas como las bromelias producen flores con sistemas de polinización específicos, ligada a insectos, colibríes y murciélagos.

Orquídeas, bromelias y helechos

Muchas de estas plantas son epífitas, que habitan las ramas o troncos de árboles en donde captan la luz del sol para realizar la fotosíntesis, el agua de la lluvia o de la niebla, y algunos nutrientes de la misma agua que es arrastrada sobre el árbol, del polvo o desechos orgánicos como hojas o tejidos vegetales muertos e incluso de otros organismos. Son especies que se han adaptado para prescindir de crecer en el suelo, han desarrollado raíces que presentan dos características esenciales, sujetarse y almacenar agua con nutrientes. Aunque los helechos y las bromelias las usan solo para sostenerse del árbol, las orquídeas tienen raíces con un tejido especializado denominado “velamen” que se forma por células muertas de la epidermis, engrosando las paredes celulares, que tiene la función de absorber agua en época de lluvias, almacenándola para el período de sequía, pero además funciona como una barrera de protección contra daños y de la pérdida de agua por transpiración.

La mayoría de estas plantas han desarrollado hojas con una cutícula gruesa con varias capas de cera, que les permite retener el agua; algunas orquídeas y helechos, pero particularmente las bromelias, absorben los nutrientes a través de sus hojas, las que disponen en roseta para formar un embudo con el que atrapan agua de lluvia y la llevan hacia el centro donde es absorbida. Estas plantas tienen sus hojas recubiertas de tricomas de color gris-plateado, sobre todo las especies de climas extremadamente secos y con altas temperaturas, que les sirven para retener agua y protegerse de rayos ultravioleta.

Una adaptación muy importante de las epífitas es que muestran una asociación entre sus raíces y hongos micorrízicos, los que se benefician de la planta con los productos de la fotosíntesis y éstos pueden proporcionarles agua y nutrientes, esencialmente fósforo. Sabiendo de todas estas adaptaciones anatómicas, morfológicas y fisiológicas, es porque son consideradas epífitas y no parásitas.

Las orquídeas son ahora muy conocidas y fácil de identificar, aunque muestran una amplia diversidad de formas de crecimiento, hay desde pequeñísimas hasta muy grandes, algunas con un solo tallo y otras con pseudobulbos, tallos modificados diseñados para retener agua y nutrientes. Sus flores son de las más hermosas en formas, tamaños y colores, por lo que son muy apreciadas por coleccionistas y admiradores, por esto son unas de las especies de mayor comercialización a nivel mundial. Pero, no todas las orquídeas son epífitas, también hay las que crecen en suelo (terrestres) o sobre rocas (litófitas). Entre las orquídeas epífitas más conocidas en México pero especialmente en Michoacán, están la Laelia speciosa (flor de corpus) que florece entre los meses de abril a junio y la Laelia autumnalis (flor de todos los santos o flor de ánimas), que florece en los meses de octubre a noviembre, ambas muy utilizadas en festividades religiosas o culturales. Además, están diversas especies de Oncidium, Stanhopeas, Encyclia y hasta la famosa vainilla.

También algunas bromelias son muy conocidas, llamadas tenchos en Veracruz, magueyitos en Oaxaca, tekolumates en Chiapas y gallitos en Michoacán, algunas son utilizadas también en ceremonias de carácter religioso. Las reconocemos por el acomodo y colorido de sus hojas (roseta), así como por su inflorescencia, una espiga de variados colores. En México hay más de 300 especies y algunas son terrestres como la piña (Anana comosus) y también hay litófitas. La mayoría de las bromelias epífitas son del género Tillandsia pero también hay del género Aechmea, Catopsis, Hechtia y Pitcairnia. Una de las bromelias más utilizadas como adorno de los tradicionales pesebres en las festividades navideñas es Tillandsia usneoides, conocida comúnmente como heno o “paxtle”, especie que no desarrolla un tallo principal. Esta epífita muchas veces es confundida con un musgo o con un liquen, pero no es ni uno ni lo otro, aunque es muy semejante al liquen Usnea o barba de capuchino, que crece sobre coníferas y árboles caducifolios, debido a que también muestran un crecimiento similar y son de coloración grisácea.

Junto con las orquídeas y bromelias, los helechos constituyen uno de los grupos de plantas vasculares con forma de vida epífita. En nuestro país hay un poco más de 250 especies de helechos epífitos que corresponden a géneros como Asplenium, Elaphoglossum, Niphidium, Phlebodium, Pleopeltis, Polypodium y Trichomanes. Un helecho epífito muy común es el cuerno de ciervo (Platycerium bifurcatum), aunque es nativo de Australia, es muy usada como planta ornamental.

Además de las bromelias, de las orquídeas y de los helechos, hay otras plantas que son consideradas epífitas, aunque muchas de ellas no son obligadas, es decir que mayormente crecen en el suelo: ejemplos de éstas son ciertas especies de cactus (Aporocactus, DisocactusNopalxochia, Rhipsalis y Selenicereus, entre otras); y de aráceas como algunas especies de anturios, monsteras, filodendron y singonios. Otras plantas no vasculares como los musgos y los líquenes (micobiontes) son de las epífitas que más abundan en los árboles de los bosques templados, que por ahora no hablaremos.

Ahora que veas una bromelia, un helecho o una orquídea sobre un árbol, no les llames parásitas ¡Son epífitas! Plantas parásitas son el hilo del diablo o cuscuta (Cuscuta spp), el fideo del monte (Cassytha filiformis) o la Rafflesia, una de las plantas que produce las flores más grandes del mundo, o bien hemiparásitas como lo muérdagos, plantas de las que antes ya hablamos en Cienciario (https://revolucion.news/cienciario.mx/muerdago-plaga-con-beneficios/), que como mencioné antes, de forma obligada parasitan árboles que puede llevarlos a la muerte.

Los invito a leer más sobre epífitas en “Las plantas epífitas, su diversidad e importancia” (2008) http://www.ejournal.unam.mx/cns/no91/CNS091000005.pdf

 

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