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Cocoa: los juegos del hambre

Cocoa: los juegos del hambre

Antonio Aguilera @gaaelico

El 23 de octubre de 2010, en un salón cercano a Morelia, se organizó una fiesta pantagruélica donde se hacía derroche de dinero y de poder, y en donde se placeaba una ostentación sin miramientos en materia de apoyos políticos y solidez económica, ese día Luisa María de Guadalupe Calderón Hinojosa celebraba rumbosamente su cumpleaños número 54, en donde ofreció un bacanal para mil 400 personas.

Era el destape rumbo a la candidatura al Gobierno de Michoacán del 2011, en donde la llamada «Cocoa» se hizo acompañar de los entonces gobernadores Juan Manuel Oliva de Guanajuato, y Marco Antonio Adame de Morelos. Asimismo, la cargada presidencial se dejó sentir con los eran secretarios de Salud, José Ángel Cordova (hoy en el PRI), del Medio Ambiente, Rafael Elvira Quesada, y algunos calderonistas recalcitrantes como Roberto Gil y Ernesto Cordero.

Eran los tiempos de embriaguez del panismo en el poder: el hermano en la presidencia y que mantenía una bota encima al gobierno de Michoacán; cuando tenía el control de los programas y de la agenda de las secretarías de Desarrollo Social, de Agricultura, de Seguridad Pública, de la Reforma Agraria; cuando se trasladaba de un lado al otro bajo un enorme séquito de seguridad, con el derroche en recursos económicos y humanos del Estado Mayor Presidencial, del Ejército y de la Policía Federal; cuando manejaba el PAN michoacano y el panismo nacional a su antojo; eran los tiempos del control mediático – sobre todo nacional- para construir una imagen pésima de Michoacán. Eran los tiempos del poder, del control, de la unanimidad absoluta…. Eran.

Y no es que Cocoa Calderón dependiera del poder presidencial para forjarse una carrera existosa rumbo a la gubernatura del 2011. Desde antes que Felipe Calderón llegara a ser Presidente, su hermana mayor ya tenía su desempeño propio, al margen o por encima de su hermano. Fue diputada local en Michoacán y diputada federal años antes de que su hermano Felipe alcanzara la presidencia del partido y fuera candidato a gobernador. En 2000 fue senadora, y seis años después, al iniciarse el gobierno federal encabezado por su hermano, se retrajo a la entidad donde no nació (es oriunda del Distrito Federal) pero donde se asienta el solar familiar. Desde allí comenzó a tejer su proyección hacia la gubernatura de Michoacán.

Pero llegó el 2011, y a pesar de la operación de programas sociales, de la entrega tumultuaria de despensas, apoyos y recursos, a pesar del operativo policial de las corporaciones federales para combatir a la delincuencia que ya hacía una cargada descarada en favor del PRI, a pesar del enorme gasto en promoción, spots, espectaculares, utilería y fraseología al por mayor, Luisa María Calderón no pudo contra la presión ejercida por La Tuta, el Chayo y sus compinches, que ordenaron que Michoacán se iba a pintar de rojo y no de azul.

En esos meses posteriores, y ya con el arribo de Fausto Vallejo al poder, el regreso del PRI a Los Pinos, y la salida no del todo memorable del panismo de la Presidencia de la República, Luisa María logró llegar al Senado de la República, y desde ese foro comenzó a urdir su estrategia en contra del gobierno priísta y su complicidad y pactos inconfesables con los intereses más oscuros.
Desde su sitial en el Senado, Cocoa lanzó el «se los dije», y puso el dedo flamígero sobre Jesus Reyna, Rodrigo Vallejo y el propio Fausto Vallejo, imponiéndoles el epíteto de «Templarios».
Pero mientras preparaba el terreno para su retorno, su partido -por efecto de la derrota en la carrera presidencial- se desmoronaba.
Los pleitos se hicieron disputa, la disputa se hizo crisis y la crisis devino en confrontación, en donde el PAN quedó francamente divido en dos corrientes irreconciliables, confrontadas y en abierta trayectoria de colisión.
En Michoacán la guerra la protagonizan la propia Cocoa Calderón contra el maderista Marko Cortés.

El diálogo de francotiradores que protagonizan día tras día la dirigencia nacional de Gustavo Madero con la corriente calderonista, encabezada por el propio ex presidente Felipe Calderón, está torpedeando la segunda aspiración de Luisa María Calderón a la gubernatura de Michoacán.

Por ello, en esta ocasión, lejos de la ostentación del aparato presidencial rodeándola, huérfana del control del entramado gubernamental, y ahora sin la unanimidad que representaba ser la hermana del Presidente del país, Luisa María Calderón protagoniza una campaña austera, pero no nos engañemos: no se trata de limitaciones económicas -esas jamás las hay en los procesos electorales-, sino de austeridad política, de austeridad en la influencia y de austeridad de poder.

Su estrategia de «se los dije» busca apoyos sociales, pero ya se granjeó enemistades políticas insalvables, una de ellas con Fausto Vallejo y otra con su propio partido.

Ya no hay más comilonas con grandes cargadas políticas para el destape, ni exhibiciones de poder, ya no hay apoyos unánimes de un partido que se encuentra en plena guerra civil, ya no hay aglomeraciones en eventos, ni coberturas mediáticas dirigidas por la batuta presidencial.

Ahora Cocoa es una candidata más, así llanamente, con las mismas posibilidades y las mismas limitaciones que todos.
Candidata de unidad sí, pero sin unanimidad.

La best seller estadunidense, Suzanne Collins, retrata la disputa del poder a través de una distopia cruel: la lucha de la sobrevivencia (en lo que nos atañe, de orden político) en medio de una guerra encarnizada que es televisada a través de un reality show: Los Juegos del Hambre.

La lucha (el proceso electoral de acuerdo a nuestra metáfora) es dirigida por un déspota y megalómano, el Presidente Snow, que está al frente de un gobierno cruel y totalitario que tiene su base en El Capitolio (Los Pinos) la ciudad principal de Panem, allí viven los más privilegiados de todos. ¿Y los Juegos del Hambre?, la forma que tiene el Capitolio de decir que ellos tienen el mando de absolutamente todo. Los Juegos del Hambre fueron creados por el gobierno de Panem a raíz de una rebelión llamada los Días Oscuros, son un castigo para recordar lo sucedido y evitar levantamientos en el futuro.

Luisa María ya no es más la competidora de ese Capitolio imaginario, sino un competidora más. ¿Podría ser ahora esa su mayor ventaja? El tiempo lo dirá…..

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