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Conocimiento y educación para la vida democrática

Conocimiento y educación para la vida democrática

Dentro de las promesas incumplidas de esta administración gubernamental está lo referente a ciencia y tecnología: el compromiso era llegar a asignar el 1 por ciento de PIB y el diseño de políticas públicas que impulsen el desarrollo científico y tecnológico a partir de la creación de un Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación. Esta promesa, como muchas otras, se han ido diluyendo en el ácido corrosivo de la corrupción que ha llegado a las universidades públicas, mediante el desvío y ocultamiento de fondos, así como la ineficiencia de los funcionarios de primer nivel que debieron hacer cumplir esta promesa.

Después de todo, este tipo de funcionarios de primer nivel son el equivalente a los hoyos  negros del cosmos; se tragan toda la energía y no emiten ni un ápice de luz.

Agreguemos a esto que la incertidumbre social –institucional- es el pan con que comemos todos los días ¿Cómo sabremos encontrar y encontrarnos con la verdad o el conocimiento certero? Seguramente nunca tendremos una respuesta absoluta; sin embargo, habremos de reconocer que la búsqueda de la verdad tiene su origen en la necesidad. Esta puede ser nuestra principal certeza.

Otro elemento que puede acercarnos al conocimiento es la voluntad: voluntad de explicar, voluntad de conocer, voluntad de enfrentar a las instituciones que dicen ser portadoras de algún tipo de verdad absoluta, aunque muchas veces se caracterizan por ocultarla, con el argumento de que esa es su mejor defensa.

¿Por qué es necesario defender la verdad instituida? Porque es portadora de poder y de gobernabilidad. Así es, dirán muchos políticos de pacotilla, como hemos llegado a la vida democrática contemporánea.

Desgraciadamente, cuando en un sistema, al menos en apariencia,  democrático, se deja de escuchar al otro, cuando suponemos que la alternancia en el gobierno significa un peligro para la estabilidad de las instituciones y, sobre todo, cuando se pretende atender las demandas populares sin apelar a sus deseos de bienestar; en ese momento, el ocultamiento de la verdad crea las condiciones para que empezamos a tocar las puertas del totalitarismo y a dejar que corra la sangre de la inconformidad como una medida justificatoria de la intervención policiaca y militar en nuestra vida cotidana. Para reforzar esta situación, empezamos a ser educados en el silencio incomunicante, la indiferencia individual y el conformismo social.

Llegados a este punto, no se trata ya de simular condiciones ideales de buen gobierno; es urgente replanear las políticas públicas y su ejecución con sentido social, humanístico y equitativo en la distribución de la riqueza (al menos del ingreso familiar), la seguridad social y la justicia. Para esto se requiere el conocimento que dan las ciencias, los valores que infunde la educación y la cultura de la dignidad y los derechos humanos.

Ahora, si la ceguera política no puede entender esto, entonces los académicos tenemos el deber cívico de abrir las puertas de la educación pública para el mejor entendimiento de esta situación.

Muchas de las faltas a la verdad, entre las autoridades político-administrativas y los docentes, difusores y productores del conocimiento, se deben a intereses políticos que obstruyen la comunicación y favorecen el ejercicio unilateral del poder político.

Esto suele traducirse en desconfianza entre las partes, en principios de gobernabilidad debilitados y en confrontaciones verbales y físicas entre las fuerzas policiacas y algunos sectores educativos que manifiestan públicamente su inconformidad.

En estricto sentido legal, en estas situaciones de conflicto no suele haber culpables ni sentimientos de culpa, mientras no se configure algún tipo de delito y su respectiva demanda en las instancias correspondientes; sin embargo, y sin lugar a dudas, sí hay irresponsabilidad y principios morales endebles puesto que el poder y el interés político unilateral se montan sobre el interés social, trayendo como consecuencia una democracia cuestionada y muchas verdades falseadas.

En este tipo de terrenos pantanosos ningún sistema educativo puede dar buenos resultados.

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