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De las trincheras al internet: Teléfonos móviles mucho antes que Apple

De las trincheras al internet: Teléfonos móviles mucho antes que Apple

Antonio Aguilera / @gaaelico

Morelia, Michoacán.- Esta semana la sempiterna compañía Apple dio a conocer un nuevo modelo de su afamado teléfono móvil iPhone, el cual –según la propaganda- viene a revolucionar no se sabe cuántas cosas que ya había revolucionado el modelo anterior.

En resumen, se trata de un nuevo modelo para mantener activo el mercado, para afianzar más el valor de la compañía fundada por Steve Jobs y para inundar las tiendas de nuevos aparatos. Es decir, un grito más en el bullicio actual de las tecnologías de la comunicación.

Pero justamente hace 100 años, comunicarse por otra vía que no fuera el correo tradicional y apenas aparecían algunos pocos aparatos telefónicos entre la clase aristocrática, el estallamiento de la Primera Guerra Mundial representó (esta vez sí) una verdadera revolución en el tema de las comunicaciones.

Librada entre 1914 y 1918, la Primera Guerra Mundial se llevó a cabo en una escala masiva. Los hombres que sirvieron en el conflicto utilizaron diversos métodos de comunicación. Algunos utilizaron la tecnología más actualizada, mientras que otra se remontaba a los conflictos más históricos.

Desde palomas, el correo tradicional, los telegramas y hasta el teléfono que utilizaba kilómetros y kilómetros de tendidos de líneas, la comunicación fue vital en los campos de batalla de la Primera Guerra Mundial, y cuando se vino abajo el resultado podría haber sido fatal.

Las unidades en la primera línea necesitaban saber dónde estaban sus vecinos, mientras que los oficiales al mando detrás de las líneas sólo podían controlar a sus hombres si tenían una fuente confiable de información.

Pero los orígenes de la comunicación se remontan a pocas décadas antes del conflicto armado.

Consolidado el telégrafo a mediados del siglo IXX en varios lugares del mundo se hacían experimentos para transmitir la voz humana por los mismos hilos. Hay que decir, no obstante, que antes de ponerse en marcha el teléfono eléctrico existían teléfonos basados en ondas mecánicas como el que todos hemos construido alguna vez con latas o yogures vacíos e hilo.

Habida cuenta del alcance del telégrafo eléctrico, el teléfono eléctrico prometía pulverizar las posibilidades del teléfono de ondas mecánicas. El problema tecnológico a resolver tenía tres patas principales, relacionadas con tres partes que ya conoces de la anatomía de un sistema de telecomunicaciones:

· Modulación: Conseguir que una señal eléctrica representase las variaciones de presión sonora debidas a la voz.

· Canal: Encontrar la forma de transportar la señal eléctrica de manera suficientemente eficiente.

· Demodulación: Reconstruir una señal sonora a partir de las variaciones de la señal eléctrica.

Uno de los pioneros en la carrera del teléfono fue el belga Charles Bourseul, que en 1854 publicó resultados según los cuales habría resuelto la parte de la modulación, pero no la de la demodulación. Su idea pasaba por pegar una aguja a un diafragma que captaba las vibraciones del aire (el equivalente a la base del yogur o la lata). Al moverse adelante y atrás, la aguja abría o cerraba un circuito eléctrico, de modo que las vibraciones daban lugar a una señal de impulsos eléctricos muy cortos. Esa señal contenía información, pero Bourseul no supo extraerla, de modo que aquí no hay discusión: él no inventó el teléfono.

Siguiendo ese mismo esquema de diafragma y aguja, el alemán Johann Philipp Reis demostró en 1862 un sistema con el que, de vez en cuando, conseguía transmitir voz de manera inteligible. El receptor de Reis utilizaba un cable enrollado en torno a una aguja de calcetar, que se contraía, dando lugar a un pequeño clic, con cada impulso de corriente. Luego sólo quedaba amplificar esos clics, para hacerlos audibles.

Independientemente del ingenio de Reis, la modulación a base de impulsos eléctricos malamente podía garantizar un sonido de calidad. Eso no pasaría si se consiguiese hacer variar la corriente eléctrica reproduciendo las variaciones de la presión acústica. En esa idea trabajaba desde mediados de siglo el florentino Antonio Meucci. El italiano, que ya había hecho aportaciones notables a la tecnología de los teléfonos de ondas mecánicas en la década de 1830, se familiarizó con los fenómenos de la electricidad y el magnetismo mientras estudiaba las posibilidades de tratar el reúma a base de descargas eléctricas.

Ya en 1856, Meucci llegó a construir un dispositivo que sí resolvía de manera razonablemente buena los puntos 1 y 3 de antes. Sí, aquello era un teléfono, que Meucci siguió mejorando hasta 1870 construyendo más de 30 prototipos distintos. Sin embargo, Meucci no consiguió encontrar el apoyo financiero para desarrollar comercialmente el proyecto.

El caso es que la patente del teléfono cayó en manos del escocés Alexander Graham Bell en 1876. Desde bien pequeño, Bell había destacado en el conocimiento de los procesos del habla y la audición, en gran medida motivado por la sordera progresiva de su madre. Bell había desarrollado varios dispositivos de ayuda a mudos y sordos, con los que pudo experimentar con diferentes representaciones del sonido, desde la parte visible de la articulación de la voz (se dice que él mismo era extremadamente bueno leyendo los labios) hasta la forma que dibujaban las ondas sonoras sobre un cilindro de cristal ahumado (inventó el fonoautógrafo). El capturar sonidos en señales eléctricas era una opción más, con la que Bell llegó a diseñar un piano que podía transmitir la música a distancia en torno a 1870.

Con los aparatos de Bell, para cubrir las necesidades de la guerra, se crearon prototipos que permitieran contar con un dispositivo móvil de comunicación de trinchera a trinchera y de allí al alto mando.

Los teléfonos permitieron que las unidades en diferentes partes del campo de
batalla se comunicaran entre sí. Los cables largos unían a los teléfonos entre sí a través de los conmutadores. El sistema era fiable, siempre y cuando los cables se mantuvieran intactos. Dado que las trincheras eran el único lugar para conectar los cables de teléfono, con frecuencia se rompían por causas que van desde los soldados descuidados al fuego enemigo. Cuando avanzaba un ejército, un equipo de soldados llevaba la línea telefónica hacia adelante y establecía puestos de comunicación en las trincheras dominadas.

También Los radios fueron ampliamente utilizados en la Primera Guerra Mundial. Los ejércitos combatientes utilizaban dispositivos móviles capaces de transmitir y recibir código Morse, pero eran voluminosos, a menudo demasiado frágiles y tenían un alcance muy limitado.

Los radios fueron mucho más utilizados en el mar, donde permitieron que los barcos y submarinos se comunicaran entre sí y recibieran órdenes de sus bases en tierra. Los desarrollos tecnológicos durante la guerra comenzaron a permitir que los barcos determinaran la ubicación de las naves enemigas usando sus transmisiones.

Durante la guerra, el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología desarrolló un sistema de localización prototipo utilizado por la Armada de EE. UU. A final, Apple y Steve Jobs sólo vinieron a aprovecharse de todo.

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