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Desplazados en Chiapas no saben cuándo regresarán

Por:  Mariana Morales

 

San Cristóbal de las Casas.- Ha pasado una semana de que tzotziles y mestizos huyeron de un grupo armado en el municipio Pantelhó en los Altos de Chiapas, mientras viven en casas prestadas las autoridades no saben dónde están ni quiénes son, estas personas no se acercan al albergue del Gobierno del Estado que los pretende censar por temor a que el crimen llegue a intimidar.

En un recorrido realizado en cuatro viviendas donde piden posada 37 personas que huyeron de los disparos, 11 menores de edad, una familia contó que a escondidas regresaron por ropa a su casa de cemento que ya luce abandonada, pero los pollos y cerdos fueron robados, en la vivienda de alado hurtaron el televisor y refrigerador.

A los elementos de la Guardia Nacional que ese día recorrían el municipio les preguntaron cuándo van a poder regresar, pero dicen que no supieron contestar.

Desde las 8 de la mañana del pasado jueves 8 de julio, estas familias dejaron su hogar por miedo a que tenían dos días de no poder salir de casa por los disparos que muy cerca se escuchaban.

Tenían los mismos días sin luz porque desconocidos cortaron la energía eléctrica y habían bloqueado con árboles la carretera que conduce al municipio.

Al siguiente día, los militares liberaron el tramo carretero. Los nueve elementos heridos de bala entre militares y de la Policía Estatal Preventiva que confirmó la Fiscalía General de Chiapas eran parte de las autoridades que intentaban liberar la vía, pero que fracasaron porque hombres armados los emboscaron, balearon y desarmaron.

Ya liberada la carretera y con pocos habitantes porque algunos se desplazaron , como si fuera un desfile del 15 de septiembre por el pueblo sobrevoló la Fuerza Área Mexicana, se desplegó el Ejército Mexicano y la Guardia Nacional, esta última institución que la familia encontró tras descubrir que sus pollos y cerdos habían sido robados de su casa abandonada.

Aunque a la fecha estas corporaciones siguen recorriendo el poblado y la Fiscalía Estatal cateó un rancho y tres casas, una de las familia desplazada que viven en casa prestada, se fue a anotar al albergue que el Gobierno de Chiapas habilitó en una escuela de esta ciudad para recibir una despensa.

  “Lo único que quiero es regresar a casa, pero nadie nos dice cuándo”, dice María, mientras llora junto a sus dos hijos jóvenes quienes traen la mirada perdida.

A otros, poco les importa quedar anotados en el censo que se hace en el albergue del Gobierno. Una joven tzotzil dice que ya empezó a buscar trabajo en esta ciudad, pero teme que no consiga porque habla poco español.

 

Ella junto a su familiar embarazada de casi nueve meses no han ido a enlistarse al albergue por temor a que el grupo armado dispare muy cerca de ahí.

Otra mujer, madre de tres hijas dice que ya fue por su despensa donde fue anotada, pero no hay un medicamento que necesita para la presión que se le subió con el susto de la huida.

 

Algunos llegan a alimentarse a un comedor de una Asociación Civil donde el Gobierno estatal proporciona los alimentos. Otros ni tienen ánimos de salir de las casas prestadas.

“Nos han dicho que ya no demos nuestras casas prestadas porque el grupo armado puede venir a matarnos por ayudar”, dice la dueña de una casa quien asegura que el único miedo que tiene es que la voz de estos desplazados de la violencia quede enterrada.

El miedo acompaña a estos habitantes, describen el día del desplazamiento en una escena: una romería de gente huyendo de un tornado que pronto azotará la ciudad.

“En una camionetita de redila entramos 20 personas, pero había más gente que nos suplicaba salir y que se quedaron nerviosos por no poder dejar el pueblo”, dijo uno de las víctimas quien dice que quizá algunos se desplazaron a otros municipios.

Ese día hubo quien ofreció sacar a la gente que huía de Pantelhó, “pero cobraban 300 pesos, mucho más de lo que cuesta un viaje”, dice otra de las personas.

A nadie le interesa decir quiénes son los hombres armados que ese día disparaban en el pueblo, qué quieren o a quién o qué pertenecen.

Pedro Faro, director del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas, dice que es el crimen organizado que está vinculado con el gobierno municipal.

Otro grupo de habitantes se armó y les hizo frente como autodefensas “El machete”. Dicen que tampoco permitirán que la Guardia Nacional siga en este poblado porque es parte del problema, hubieron denuncias, pero esa corporación nunca hizo nada.

En el albergue del gobierno solo hay una familia de nueve tzotziles que pasan el tiempo sentados en los pasillos. No hablan.

No hay patrullas, ni policías a las afueras o que recorren los alrededores de este lugar, lo que hay son colchonetas tiradas al interior de los salones de clases e hileras de despensas amontonadas en un salón de clases.

Una joven desplazada que vive en casa de su prima, llegó por la despensa, dice que le negaron una colchoneta a pesar de que observa hileras de estas cajas.

  “Son solo para que la gente que quedé aquí, yo no sé porqué no quieren venir”, dice una de las funcionarias que anota a las “beneficiadas”.

Mientras dice que hay que tomarse la foto con la despensa, presume conocer a todos los habitantes de Pantelhó y por eso, indica que ella da las despensas para que la gente que no es desplazado no reciba estos alimentos.

Un funcionario de Protección Civil que está a la entrada al albergue dice que se hace un censo de quiénes y cuántos son los desplazados por la violencia, pero reconoce que las familias no se acercan.

“Si usted es activista puede decirle a la gente que vengan a anotarse, por favor”, dice.

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