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Discriminación y violencia sexual contra jóvenes, recurrentes en universidades

Discriminación y violencia sexual contra jóvenes, recurrentes en universidades

El fenómeno de la violencia de género en las universidades se centra en la discriminación y donde la violencia sexual es más recurrente contra las mujeres jóvenes, señaló Andrea Medina Rosas, abogada feminista, quien impartió este martes el taller “Violencia de Género en las Universidades” en la Facultad de Filosofía de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

La especialista hizo hincapié en que en el contexto de la violencia feminicida, en los últimos años muchos asesinatos se han registrado contra mujeres universitarias, por lo que además de la implementación de protocolos que reviertan la violencia de género en las universidades, así como definir los perfiles de quienes estén a cargo de su establecimiento, se debe atender qué tipo de educación ofrecen éstas, ya que “no están formando en igualdad de derechos para hombres y mujeres, lo que están formando son profesionistas discriminatorios y con una carga de misoginia que impide que se respeten los derechos de las mujeres”.

Entrevistada en un receso del taller, Medina señaló que en las dos últimas administraciones federales se impulsó a través de la Secretaría de Educación Pública que todas las instancias educativas impulsen los mecanismos o protocolos para prevenir, investigar y erradicar la violencia contra las mujeres, “más específicamente la violencia sexual”. No obstante, dijo que a nivel institucional se carece todavía de análisis comparativos sobre cuáles son las universidades que más casos presentan y las magnitudes del fenómeno, el cual en sus grados más extremos ya lleva a la deserción de las aulas, lo que impide el derecho de la mujer a la educación.

La especialista destacó como un impulso para establecer prácticas contra la recurrencia del fenómeno, es el trabajo de redes de mujeres investigadoras de universidades, “que han planteado si hay datos o no del aumento de la violencia en las universidades y por otro lado ver qué medidas se aplican para contrarrestarla”.

Las universidades aún no generan “la información adecuada y necesaria para poder identificar los grados y niveles de violencia que se viven en las universidades y en las distintas instancias educativas y también lo que se ha registrado es que se empiezan ya en estos últimos cinco años o casi los últimos tres años, a aprobar normatividades sobre todo protocolos hacia la violencia de género, hostigamiento sexual y discriminación como las más avanzadas, sin embargo, lo que se detecta es que hay obstáculos que impiden una adecuada operación de la normatividad”

De estos obstáculos, “algunos casos tiene que ver con que (los protocolos) se han aprobado de manera muy general, no permiten precisar atribuciones, pero por otro lado lo más fuerte que se está identificando es que quienes están operando esta normatividad, no tienen la formación adecuada para implementarlo como se espera, y esto parte de un prejuicio y una idea de que trabajar la violencia que tiene como causa y consecuencia la discriminación, como es la violencia hacia las mujeres, pues es algo que se opera como cualquier otra cosa, cuando requiere de un grado de conocimiento y especialización que no se está brindando a este personal, la mayoría de ellos están formados en criterios de misoginia y discriminación, entonces lo que hacen es reproducirlo”.

En estos momentos, en un contexto de exigencia de las alertas de género en muchas entidades del país, añadió, “estamos viendo como muchas mujeres universitarias está siendo asesinadas, parte de la reflexión que hacemos en las universidades es que no solo hay que atender y ver qué está pasando en las universidades, sino que es lo que están formando y reproduciendo las universidades, porque lo que estamos viendo ante la violencia feminicida, es que quien está en la procuración de Justicia, en la administración, en la implementación de políticas públicas, no lo están haciendo de manera adecuada, tiene criterios de discriminación y podemos deducir que las universidades en tanto no están formando en igualdad de derechos para hombres y mujeres”, al formar a profesionistas discriminatorios y misóginos que impiden respetar los derechos de las mujeres.

-¿Cuál sería un fenómeno más recurrente de agresión en las universidades?

“Hay una recurrencia muy amplia de discriminación, como lo más habitual que uno puede ver, que es la paridad en los cargos de decisión, pero también en las cargas de trabajo en ciertas facultades, en la forma como se enseña, etcétera. De las formas de violencia, la más recurrente es la violencia sexual contra las mujeres; los espacios educativos tienen una singularidad que otros espacios no tienen porque son instancias sumamente jerarquizadas, tanto por la forma de trabajo como por las condiciones de las poblaciones. Por ejemplo, una instancia universitaria tiene jerarquía laboral, un coordinador de un posgrado y las académicas dependientes, además de que hay una jerarquía por ser estudiante y ser profesor, se cruzan jerarquías de género pero también de edad. Es muy claro sobre todo como a las mujeres más jóvenes se ejerce mayor violencia sexual, y no significa que en otras no se ejerza; es muy claro como este ejercicio de violencia lo que busca es un control, no solo de su sexualidad, sino también de sus ideas y tiene un impacto muy fuerte en el acceso a sus derechos, muchas mujeres por el hostigamiento que viven desertan, se está interrumpiendo el derecho a la educación de las mujeres por violencia en su contra y por discriminación”.

-¿Habría datos o estadísticas sobre cuáles universidades son las que representan un mayor número de casos de agresión?

“No, que yo conozca no, se han hecho investigaciones en el periodismo, pero que la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) haya hecho un estudio, por ejemplo, no. Algunas universidades ya están emitiendo diagnósticos, pero no conozco de uno comparativo”.

Indicó que las universidades que en este momento cuenten con protocolos, van avanzando, “pero insisto habrá que ver cómo fueron definidos, no solo importa observar el protocolo en sí, sino quienes los operan y cuál es la comunidad que lo está exigiendo, la comunidad muchas veces no lo conoce; quienes lo operan no tienen una formación específica, puede ser que la falla no sea solo cuando ya se tenga, sino que quienes lo operan no lo hagan bien y no es que se requiera cambiarlo, sino formar a sus operadores y difundir a la comunidad la exigencia”.

Sobre el protocolo planteado para la Universidad Michoacana, el cual se encuentra ya integrado por la presión de colectivos de estudiantes de Filosofía ante una serie de agresiones, Medina Rosas lo calificó como bueno. “Lograron incorporar ejes y contenidos importantes que dan un buen referente para la interpretación, todavía no precisa obligaciones, sin embargo remite a los estatutos, a la Ley Orgánica de la universidad, que sí tienen definidos un Tribunal Universitario, una defensoría, hay sanciones, que eso no existe en otras universidades, el punto es cómo se va a operar”.

-¿Qué papel juega en este caso la presión de ñas mujeres universitarias?

“Ha sido central, ningún protocolo en ninguna universidad se ha conseguido por decreto, de hecho, muchos surgen a partir de casos que no se han logrado resolver bien”.

 

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