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De dislates y evasivas del poder ante la masacre de El Paso, Texas

Todos debemos recordar que los discursos de odio
anteceden a los crímenes de odio.
Todos debemos recordar que el genocidio de los tutsis en Rwanda
empezó con discursos de odio.
El holocausto no empezó con las cámaras de gas,
comenzó mucho antes con discursos de odio […]
Recordemos que las palabras matan […]
tanto como las balas […]
Por eso debemos usar la palabra
para que se convierta en un instrumento de paz.

Adama Dieng, Asesor de la ONU, Prevención del Genocidio.

Como se difundió, antes de que el supuesto genocida Patrick Crusius se apostara frente a una tienda de Walmart en El Paso, Texas, un tremendo documento apareció en la polémica plataforma “8chan”, un refugio para supremacistas blancos (xenófobos, paranoicos y psicópatas), que pronto borró su contenido, aunque minutos más tarde, Crusius comenzó a disparar contra cientos de personas que, según las autoridades, se encontraban en la tienda, matando al menos unas 20 personas e hiriendo a otras 26, como el peor tiroteo en la reciente historia de los Estados Unidos.

En el texto, que los medios de Estados Unidos adjudican al autor, se asegura que moriría justo el mismo día, aunque Crusius se entregó poco después a la policía sin resistencia. El fiscal de distrito, Jaime Esparza, para no buscarse problemas con Trump, concluyó a bote pronto que el caso va a ser tratado como “terrorismo doméstico”, y que se buscará para el genocida la pena de muerte.

¿Qué más puede hacer “el poder”, ante la sociopatía o psicopatía, que primero se prepara en la escuela de cacería del padre, luego en la venta masiva de armas y el negocio de la National Rifle Association, más tarde en el discurso de odio de Trump, desde su campaña o desde siempre? ¡Maten el mal, que quién sabe o quiere saber de dónde viene! ¡Qué ajenos y qué lejos están las autoridades del Primer Mundo y Tercer Mundo, para leer los signos sociales, interpretarlos e intervenir con políticas públicas y programas para en verdad superar o abatir la violencia y el genocidio!

El supremacista blanco, Patrick Crusius, comienza su “manifiesto” declarando su admiración al autor de los tiroteos en las mezquitas de Christchurch de Nueva Zelanda, donde fueron acribilladas al menos 51 personas, este pasado marzo. Como Brenton Tarrant, el australiano de 28 años, que transmitió su tiroteo por facebook, en Nueva Zelanda, asegura que su ataque es contra la “invasión hispana de Texas”. Y alega a su favor, como lo viene arengando Trump, desde su campaña y hasta la fecha, sin parar, el impresentable presidente de los vecinos del norte, que las personas extranjeras están desplazando a la “gente blanca” de “origen europeo”. Una paranoica idea, fundada en la egolatría o delirio de grandeza donde no cabe nadie, y que llega a la categoría de teoría racial “el gran reemplazo”, promovida por el escritor francés Renaud Camus, quien argumenta que las élites de Europa han estado trabajando para sustituir a los europeos blancos con migrantes de Medio Oriente y del Norte de África.

Patrick Crusius, difunde un manifiesto de cuatro hojas, con 2,300 palabras, que titula “La verdad incómoda”, donde ataca a mexicanos, hispanos y judíos, y les advierte que no ocuparán el lugar de los “estadunidenses blancos”. Y donde los congresistas demócratas también reciben sus ácidas críticas contra su estrategia de dar cabida creciente a la población hispana.

Un cruento documento para recorrer casi todo el país del norte y llegar a El Paso, a dar “el paso al acto psicópata” (cuando un delirio paranoico se materializa), justo en el centro de la crisis migratoria de Trump, tanto para elegirse como para reelegirse Presidente de USA. Pese a las extremas medidas para entrar y más para salir de los EUA, así como las múltiples campañas contra el “terrorismo internacional”, y que ninguna agencia se encarga de identificar “organizaciones terroristas” a nivel nacional. Ya que por enfrente de la FBI y la CIA pueden pasar los manifiestos genocidas por las ventanas de la Internet y ni quién se de cuenta.

Mientras Tanto, Patrick Crusius, en su discurso antimigrante, repite las diatribas de los supremacistas blancos: “Si podemos deshacernos de suficientes de ellos, entonces nuestra forma de vida puede ser más sustentable”. Y en uno de los instantes más agudos de su manifiesto, el atacante detalla las virtudes y defectos de las armas AK-47 y AR-15, sus municiones, el diseño de bala y “la penetración” que tendrían en los cuerpos de sus víctimas. Dígase en unas cuantas palabras “el goce psicopático con el dolor que produciría al asesinarlas”.

Y para cerrar con broche de oro, Patrick Crusius, a pesar de que el eje de su discurso parece clonado con las arengas de Trump contra los mexicanos desde la Campaña de Odio que lo llevó a la Presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica, intenta quitarle responsabilidad a los discursos de Trump sobre los inmigrantes y asegura que su posición es anterior a Trump. Aclaración no pedida acusación manifiesta. Además, desde la impecable dialéctica de Georg Hegel, sabemos que una negación es una afirmación. Su cuenta de Twitter lo confirma al incluir un hashtag “BuildTheWall” (construye el muro, el lema de Trump), además de una foto con pistolas que forman la palabra Trump). Pero Patrick Crusius, estrictamente dice la verdad, pues él ya tenía esas ideas antes de Trump. Claro que Trump no es el creador de la xenofobia, el racismo norteamericano o la psicopatía del joven, pero sí el que viene a cosechar una siembra centenaria que riega a diario desde antes de su campaña y presidencia, cuando se le vinculó con el Ku klux Klan y no por una fake news.

Para terminar, como siempre, los dislates y evasivas del “poder”, nunca se hacen esperar. Trump con sus twitters lamentando el cobarde y demente acto terrorista y agregando a regañadientes una posible regulación de las armas, a sabiendas que si quiere ser Presidente y reelegirse tiene que permanecer de rodillas ante la National Rifle Association (desvinculando su permanente discurso de odio de la masacre de Texas). Obrador, por su parte, primero confirma la muerte de mexicanos, en lugar del multihomicidio, alimentado a diario por la xenofobia de Trump, y al que con la sumisión de construirle su Muro con la Guardia Nacional, en ambas fronteras, le está ayudando a reelegirse, lo que sí va a hacer Historia. Luego, en otro twitter el Presidente del Gobierno de México, atribuye al libre mercado de armas en USA el genocidio de Texas, sin vincular por segunda vez las arengas de odio de Trump. Por último, tomando como espejo al fiscal de distrito, Jaime Esparza, para evadir problemas con Trump, Marcelo Ebrard, concluye que se trata de un caso de “terrorismo”, que debe ser aclarado para que no quede impune.

¿Qué más puede hacer “el poder”?, que como se tiene que cuidar de absolutamente todo y todos, no puede ni siquiera aventurarse por el sendero de la verdad. Una verdad, que no es bella, como creyó Platón, sino horrenda, pero que de callarla va a aullar a los cuatro vientos anunciando una inminente tragedia.

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