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Donald Trump: Cien Días de Trumpiezos

Donald Trump: Cien Días de Trumpiezos

Hemos cumplido
una promesa tras otra.
Donald Trump

His level of agotism is rarely exhibited
outside of a clinical environment.
[Su nivel de egotismo rara vez es exhibido
fuera de un contexto clínico].
David Remnick, “An American tragedy”, The New Yorker, 9/11/2016.

Este pasado 28 de abril, viernes negro, el “presidente incómodo” del país más poderoso en armamento del mundo, cumplió a trumpicones cien días de gestudos decretos anunciados a gritos y una cadena de trasnochados twiters, sin tomar en cuenta la diplomacia, el Congreso y las leyes nacionales e internacionales que están por sobre sus confusiones, que superan la opinión, la improvisación y el disparate, a la altura de su vocero, el reconocido conejito que repartía dulces en la fiesta de Pascua de la Casa Blanca (Sean Spicer).

Justo a los cien días de trumpiezos de Donald Trump, en que los ecologistas, ambientalistas y animalistas del mundo, compartieron fotos de los jóvenes que Hilary Clinton, en pleno debate de campaña presidencial, pasándose de gentil, dijo que eran unos muchachos de bien; se refería a los agresivos y crueles depredadores hijos de Donald Trump: Donald Junior y Eric, quienes fueron cazados matando antílopes, cocodrilos, búfalos, elefantes y leopardos,… posando sonrientes, cargando sus presas, triunfantes sobre las inocentes bestias, menos salvajes que estos truhanes, que se declaran sin rubor felices y orgullosos de su valor y hazaña. Por cierto que la fotografía más impactante es una donde Donald Trump Junior posa con un cuchillo en una mano y la otra con la cola del elefante al que acaba de dispararle. Por supuesto que el par de sociópatas, ignorantes de que “su deporte” en realidad oculta su deseo de matar (al padre, interpretan diversos discursos contemporáneos), están queriendo limpiar su imagen, organizando una montería junto al popular periodista Jake Tapper, para justificar que su afición a la caza está escrita en su ADN de americanos sureños. ¡Qué perversa manera de disfrazar su psicopatía y la de los ku klux klanes del sur! Nada más hay qué ver a Donald Trump, quien sólo puede gritar, fruncir el ceño y agredir a todo el mundo. De tal palo tal astilla. Lo que más llama la atención es la hipnosis que ejerce esta agresividad en una masa de norteamericanos. Por su parte, su padre, Donald Trump, protege a sus cachorros, diciendo que él no es aficionado a la caza y que sus hijos organizaron la montería “con el consentimiento del 100% de la Comunidad de Cazadores” (Borja Rama, El Español, 02/03/2016).

A cien días de trumpiezos, uno de los últimos episodios de los Simpson está inspirado en la crítica de un importante grupo de universitarios norteamericanos que, por primera vez en la historia, cuestiona la ausencia de mascotas en la Casa Blanca, y concluye que las personas sin mascotas no son de fiar. Por ello representan a Trump con un perrito peludo en la cabeza… y al final… el inquilino de la Casa Blanca se cuelga. Por cierto que la actual ausencia de mascotas presidenciales ha llamado la atención porque siempre han sido imprescindibles y variadas. La zoofobia —según Freud en “Tótem y tabú”— es el deseo de muerte hacia el padre, al que se mata para poseer a la madre, pero una vez muerto, ella ya no es accesible, pues la culpa funda la cultura: la ley de la prohibición del incesto, el parricidio (el asesinato) y el canibalismo.

Cien días de trumpiezos que, justo por el exceso de desatinos y chifladuras, no faltaron comentaristas y analistas políticos que a veces como lapsus y otras intencionalmente llamaron “Los Cien Años de Donald Trump”, … por el cansancio y la ambivalencia del discurso, en el que hoy los mexicanos son encantadores y mañana serpientes, … donde hoy le enternecen los bellos niños asfixiados por armas químicas y lanza 60 misiles a la pista aérea de Siria, cuidándose de silenciar los niños y los adultos que mató, … un discurso desbordado de adjetivos superlativos, como tremendo, fenomenal, espléndido o grandioso (como Él). Pero con desatinos plagados de fracasos políticos y económicos: 1) la aprobación del presupuesto para el año fiscal que concluye el 30 de septiembre, con la consecuente parálisis de los servicios públicos, excepto los estratégicos; 2) la caída del gasto de consumidores y del gobierno, el producto interno bruto (PIB); 3) no sólo la nula experiencia política de Trump, sino su desvelada monomanía, que lo arrastra a su verborrea, a escribir y actuar, siempre al margen de las leyes y sin reparar en las consecuencias,… a pesar de su propio asombro de haberse encaramado en la presidencia de la mayor potencia militar del planeta, una tarea abismal con respecto a su conocida chamba de empresario inmobiliario y animador de tv; 4) el cúmulo de traspiés políticos de que Trump presume y que dejan ver al mundo su desconocimiento de las reglas básicas institucionales y diplomáticas; 5) el iluso proyecto de desmantelar el Obamacare, que pone en peligro al país “que gobierna” y a él mismo; 6) el veto judicial a sus paranoicos y xenófobos decretos para prohibir la entrada a USA a ciudadanos musulmanes y suspender el programa de asilo político; 7) la imposibilidad de conseguir fondos para su muro en la frontera con México, que sólo está en su “yo dividido” (Ronald Laing), con el que atiza el fuego de la xenofobia nacional y 8) los reveses que destiñen al megalómano líder ante sus despistados seguidores.

Cien días de trumpiezos que sería interminables detallar, pues Trump se trumpieza a cada momento hasta con sus propios pies. Yerros que por cierto no sólo afectan a los vecinos del norte, sino que tienen consecuencias telúricas para el mundo, pues sus bravatas para echar una cortina de humo a sus fracasos, como su agresión a Siria y la intromisión en los conflictos entre las dos Coreas, anuncia una gran tormenta para el Planeta. No hay que olvidar que una de sus más ominosas alucinaciones puede ser presionar el botón rojo.

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