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El autodefensa que se entregó a la justicia y no es mexicano #Crónica

El autodefensa que se entregó a la justicia y no es mexicano #Crónica

Rodrigo Caballero/ @RodCaballero

Desde la cárcel todavía se le podía contactar a través de Internet, el antiguo fundador de las autodefensas lo utiliza como forma de propaganda. Hace un tiempo escribió “Invitamos a todos los partidos políticos y a todo el pueblo a que nos sumemos a la construcción de un acuerdo nacional por la paz y la reconciliación”.

Algunas imágenes lo muestran vestido con ropa táctica, una gorra y una radio con la que se comunicaba con sus muchachos, era frecuente verlo pegado al teléfono caminando de un lado a otro mientras daba instrucciones.

El líder fundador recibía constantemente a periodistas, los atendía junto a la carretera o en medio de la sierra y ellos le preguntaban del ambiente, de los muertos y del crimen organizado.

Relataba que vivieron con miedo de que los “hombres armados” llegaran a sus casas.  Las extorsiones, los secuestros, los robos y los asesinatos eran muy comunes y los latifundistas preferían pagar una cuota a meterse en problemas con los grupos paramilitares.

Él era un terrateniente afectado por la violencia que decidió tomar las armas para defender a su familia. Como fundador de los movimientos de autodefensas estuvo en el frente del conflicto desde su inicio.

La zona donde vivía era un terreno fértil y permite la siembra de productos legales e ilegales. La mariguana y la cocaína se entremezclan con frutas exóticas.

El levantamiento

La planeación se llevó a cabo en poco tiempo; ganaderos, profesionistas y agricultores formaron una red de comunicación y acordaron que cada quien se hiciera cargo de una zona determinada.

En menos de seis meses destacamentos de personas armadas aparecieron en tres municipalidades. Los miembros de las autodefensas se identificaban con camisas y camisetas y estaban armados con rifles, escopetas y pistolas; sin embargo, a medida que el movimiento creció sus armas de fuego se sofisticaron.

Después del levantamiento, el bloque formado por los miembros de las autodefensas se movía de localidad en localidad únicamente cuando se los solicitaban. Otros ganaderos y latifundistas de diversas comunidades pedían ayuda y ellos se las proporcionaban.

Varios narcotraficantes huyeron de las comunidades antes de la llegada de las autodefensas dejando tras de sí propiedades ostentosas que les habían quitado a los pobladores. Por ejemplo, las fincas Villa Amalia y las Pampas, fueron repartidas entre las víctimas del crimen organizado.

Sin embargo, los rumores comenzaron a fluir. En un primer momento se dijo que los grupos rivales financiaban los movimientos de autodefensa, versión que siempre han negado. Los comunitarios, antes ganaderos y terratenientes, han clamado que su movimiento es financiado por ellos mismos y las armas de fuego o se las quitaron a los narcotraficantes o las tenían o se las quitaron a la corrupta policía local.

Tiempo después la preocupación ya no era acerca de quién los financiaba sino quiénes eran los personajes al frente de los diversos movimientos. Algunos autodefensas eran vinculados con las organizaciones criminales de la región e, inclusive, se les acusó de utilizar a las autodefensas como una pantalla para seguir traficando drogas.

La desmovilización

Hasta el momento la Federación se había limitado a negar el levantamiento hasta que no tuvo mayor opción que enfrentarlo; después de varios meses de luchar el presidente de la República en Colombia, nombró a un comisionado especial, Luis Carlos Restrepo, para lograr la paz en la región.

Tras la llegada del comisionado la lucha se intensificó entre febrero y junio del mismo año, los autodefensas abarcaron más terreno apoyados por el Ejército y la Policía Federal y la amenaza del crimen organizado parecía erradicada, en ese momento.

Tras la supuesta victoria de los movimientos de autodefensa y con el arresto de algunos capos del narcotráfico no hubo más opción que la desmovilización de los grupos armados. Acorde con el Gobierno Federal colombiano, se han desmovilizado a 31 mil 671 miembros de las autodefensas en todo el territorio.

Al comisionado especial se le acusó de realizar un montaje, supuestamente participó en una ceremonia donde entregaron sus armas decenas de miembros de las autodefensas pero en realidad eran indigentes y desempleados disfrazados. A pesar de ello no se le consignó y al año siguiente dejó su cargo.

Antes de que el comisionado renunciara, varios hechos violentos obligaron a distintos miembros de las autodefensas a presentarse ante la justicia, en diciembre de aquel año se acordó la desmovilización total no sólo de las autodefensas sino de los grupos policiacos que se formaron tras el levantamiento.

El triple cero

“Quiero denunciar ante la opinión pública nacional e internacional la existencia de una persecución judicial en contra mía, de mi familia y de personas allegadas, utilizando medios ilícitos con el único fin de quitarme del camino” fue una de las últimas denuncias del líder de las autodefensas.

El fundador de los movimientos unidos de autodefensa se entregó a la justicia en los acuerdos de paz y terminó su camino con una larga lista de crímenes cometidos por él y sus subordinados.

Matanzas, robos, extorsiones, magnicidios y tráfico de drogas se agregan a la lista de crímenes cometidos por Salvatore Mancuso alias ‘El Mono’ o ‘El Triple Cero’, miembro fundador de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) quien actualmente está preso en la prisión federal de Virginia en los Estados Unidos.

Los asesinatos promovidos por las autodefensas colombianas se desarrollaron entre 1997 y 2005. “El Triple Cero” realizó una confesión pública el 19 de diciembre de 2006, en ella se hizo responsable de 87 crímenes que dejaron unas 336 víctimas.

Entre ellos están tres masacres en las que murieron campesinos desarmados y paramilitares de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), grupo contra el que se habían levantado las autodefensas ocho años atrás.

Delante de la estrategia de seguridad estaba “El mejor policía del mundo”, el general Rosso José Serrano quien se autoproclamó como el creador de la estrategia de seguridad que “sacó a Colombia del hoyo en el que se encontraba”.

Uno de sus colaboradores y discípulos fue el, entonces, coronel Óscar Naranjo quien se mantuvo como jefe de la Central de Inteligencia de la Policía colombiana a pesar de las decenas de depuraciones anticorrupción promovidas por el gobierno.

La especialidad de Naranjo eran las chuzadas telefónicas, es decir, el espionaje de personajes relevantes del país como políticos, narcotraficantes, empresarios, fiscales, ministros y magistrados.

En 2012, el presidente de la República Mexicana Enrique Peña Nieto nombró al general Óscar Naranjo como asesor de seguridad de su gobierno. Diez años más tarde y varios kilómetros al norte se repitió la historia de las autodefensas en el Estado de Michoacán.

Los grupos de autodefensa colombianos nacieron con el fin de erradicar a los paramilitares que traficaban, extorsionaban y asesinaban a diestra y siniestra; cualquier parecido con la actualidad michoacana ¿Es mera coincidencia?

 

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