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El Estado Mexicano renunció a garantizar agua potable para que empresas la comercializaran

El Estado Mexicano renunció a garantizar agua potable para que empresas la comercializaran

Rodrigo Caballero/ @RodCaballero

Morelia, Michoacán.-México es el mayor consumidor de agua embotellada en todo el mundo. De acuerdo con cifras de la organización Red de Acción por el Agua, en el 2014, los mexicanos consumieron 234 litros de agua por persona superando a países como Estados Unidos, Francia e Italia.

La Red de Acción por el Agua o Fan México aseguró que el alto consumo se debe a “la incertidumbre sobre la calidad del líquido que se distribuye por las redes de agua potable”.

Esta “incertidumbre” proviene, según el análisis de Fan México, del terremoto de 1985 cuando la ruptura de tuberías comprometió la calidad del agua que llegaba a las casas y las autoridades pidieron a la población “evitarla”.

Actualmente, la Comisión Federal contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) asegura que tanto el agua de la llave como la embotellada “son de la misma calidad”. La única diferencia es que la de la llave tiene que ser purificada por el consumidor y la otra siempre está lista para tomarse en cualquier tienda de la esquina.

Esto significa que desde hace 30 años los mexicanos han tenido que abastecerse de un recurso que debería estar garantizado. En países como Estados Unidos, Francia e Italia no se compran garrafones.

El Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales –al cual pertenece México- destaca en su artículo 11 el Derecho a una Alimentación Adecuada y apunta “este derecho también implica garantizar el Derecho al Agua”.

Los miembros de ese pacto se tienen que comprometer a hacer cumplir los acuerdos signados, sin embargo, en México el tema del agua y muchos otros comprendidos en el pacto no fueron prioridades para las últimas dos administraciones.

En el estudio publicado por Fan México se asegura que el Estado Mexicano no proporciona “acceso al agua potable para sus ciudadanos pero sí aprueba acuerdos lucrativos para empresas que embotellan y comercializan el líquido”.

En marzo de 2006, por ejemplo, el ex-presidente Vicente Fox Quesada fue acusado de triplicar concesiones de embotellamiento de agua con Coca-Cola Company, empresa en la que trabajó como gerente antes de llegar a la presidencia.

Esta situación provoca que sean las propias personas quienes se encarguen del abasto y aún así lo clasifica como “insuficiente”. Las empresas estadounidenses Pepsico y Coca-cola así como la francesa Danone y la suiza Nestlé controlan el 85 por ciento del mercado del agua embotellada en México con productos como Pureza Vital, Ciel, Santorini y Bonafont.

El investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y autor del libro Apropiación de Agua, Medio Ambiente y Obesidad, Gian Carlo Delgado, aseguró que las autoridades mexicanas no tienen un marco normativo que regule lo que él llama “el mejor negocio de las embotelladoras”.

México no cuenta con cifras exactas de cuánta y de qué calidad es el agua que extraen estas empresas.

Lo peor de todo es que la cantidad de líquido que se extrae no es exactamente la que se envasa, por cada botella de un litro que se vende en el mercado se extraen 3.6 litros de agua del subsuelo. Es decir, 2.6 litros de agua se pierden en el proceso de embotellamiento debido a la forma en que se realiza el llenado.

Como no hay regulaciones y el Gobierno Federal continúa dándoles concesiones, el negocio crece. Según cifras de la consultoría Euromonitor, la industria del agua embotellada en México está valuada en más de 10 mil millones de dólares y Gian Carlo Delgado estima que en 2015 llegará a los 13 mil millones de dólares por su amplio requerimiento.

A todo esto hay que sumarle la cantidad de botellas de plástico que se tiran a la basura. Entre envases de refresco y agua, México desecha diariamente 21 millones de botellas de Tereftalato de Polietileno (PET por sus siglas en inglés).

Esa cantidad de plástico, como explica en su libro, Gian Carlo Delgado, no se trata de manera adecuada y apenas un 20 por ciento se recicla. El resto de las botellas se pueden ver flotando en ríos, escondidas entre la maleza, en los terrenos baldíos o en basureros clandestinos de todo México.

Así pues, no existen lineamientos que deberían poner en regla la venta de agua embotellada en México y el único plan de gobierno, a corto o mediano plazo, que podría garantizar el acceso al agua es la llamada Cruzada Nacional contra el Hambre pero éste no es uno de sus objetivos.

Sin Hambre, como se le conoce a la cruzada de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), fue señalada como “ineficiente” por la Auditoría Superior de la Federación (ASF).

En su resolución 13-0-20100-07-0275/DS-069 la ASF apuntó “resulta ineficiente, lo que representa falta de responsabilidad de las y los servidores públicos involucrados; además, en sentido económico se ha generado daño al erario que ha violentado en gran medida los derechos Humanos y dejado (sic) de cubrir las primeras necesidades de la población más vulnerable”.

Ante dicha problemática, Gian Carlo Delgado aseguró “el Estado Mexicano renunció a su responsabilidad de garantizar el abasto de agua potable”.

Ya por último hay que decir que Pepsico y Nestlé son dos de las cinco empresas con las que Sin Hambre firmó un convenio para “el desarrollo y cooperación de proyectos de la cruzada” y no sólo aportarán productos sino también mano de obra y donaciones hacia la estrategia del presidente Enrique Peña Nieto.

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