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El miedo como estrategia

El miedo como estrategia

Por José Guadalupe Bermúdez Olivares

Estamos viviendo estrategias dirigidas al control de las voluntades de millones de personas donde el miedo es el factor central, con el propósito de causar daños dramáticos y mortales sobre civiles y crear una atmósfera propicia para algo nefasto.

Según la psicología hay al menos cuatro respuestas automáticas provocadas por el miedo: huida, defensa agresiva, inmovilidad y sumisión, por eso no es casual que se trata de una estrategia utilizada por grupos y mentes criminales, seguros de que pueden controlar el escenario con diversos eventos consecutivos y llevar a las personas a la respuesta esperada, pero no siempre es así, también puede revertirse y desencadenar la defensa, como lo fue el movimiento de autodefensas en muchas localidades del país.

La estrategia del miedo la vemos a la vuelta de la esquina, en muchos escenarios cercanos, cuando llegamos al momento conciente quedamos asombrados de la respuesta en automático que tuvimos ante cierta situación de miedo. Ejemplos podemos enlistar muchos, uno de ellos fue cuando se nos decía que si se incrementaba el salario mínimo, se desencadenaría un descontrol en la economía y casi de inmediato sentiríamos el efecto del incremento de los precios, con esta estrategia se lograba sumar opinión pública a favor de los empresarios y hasta nos parecía natural que se mantuviera el monto del salario mínimo, dejando sin posibilidad de mejora a millones que viven con un salario de esos, con Andrés Manuel, descubrimos que se trataba de una estrategia bien trabajada por el PRI y el PAN y les daba resultados, se comprobó su falsedad con el incremento de este, y sigue subiendo en beneficio de muchas familias que sobreviven con 1 o 2 salarios que hoy ya son mejores.

Pero hay otros miedos que por muchos años se provocaron, enormes, que jugaron con la opinión de millones de personas en el mundo para justificar acciones de lo más inhumano que podemos imaginar, descritos por Chomsky en su libro Miedo a la democracia, que llevó a los Estados Unidos a generar la “guerra del Golfo”, y a muchos genocidios en casi todo el mundo, incluso para crear armas químicas de exterminación humana, que con la provocación del miedo, contarían con el apoyo de altos porcentajes de la población. En la misma “guerra fría”, se hizo creer a muchos que el mundo que estaba del otro lado del muro de Berlín, era bárbaro, que comían niños y tantas barbaridades que provocaban un miedo enorme al “comunismo”, o como el cuento de hoy, de que en Cuba se vive la peor de las libertades y el peor estado de indefensión con condiciones de vida infrahumanas. Tal es el efecto que, muchos cuando van a Cuba, llevan en su mente esa idea sembrada por el neoliberalismo y buscan afanosamente evidencias de que es así, y regresan sin encontrarlas.

Ciertamente que hay miedos reales y miedos provocados, el miedo de los neoliberales es real, porque saben que con el avance de los gobiernos de izquierda existe la posibilidad de que los ciudadanos despierten del letargo en el que se les tiene desde muchos años atrás, por tanto, corren el riesgo de que se les obligue a regresar lo robado, incluso de que se les lleve al paredón, en algún momento determinado. Con este miedo a la democracia los gobiernos neoliberales actúancontra quienes son un riesgo para ellos. Chomsky, en su ensayo, explica lo que él considera como una época de crímenes e infamias enmascarados por la tergiversación sistemática de los hechos por parte de Estados Unidos, cuya política mundial ha estado presidida en todo este tiempo por el miedo a la democracia. Fue el miedo a que triunfaran gobiernos de izquierda lo que durante la guerra fría llevó al gobierno norteamericano a agitar el espantajo de una agresión comunista para legitimar una política de terrorismo de estado que le permitió eliminar cualquier gobierno que se opusiera a los intereses de su complejo militar industrial. Y sigue siendo el mismo miedo, nos dice Chomsky, el que ha llevado a diversos grupos de poder a actuar contra la población.

El miedo de los neoliberales es real, les lleva a diseñar estrategias para provocar otro miedo a la población, un miedo provocado, y lograr opinión de rechazo a quien avanza con la misma ideología de la Cuarta Transformación y se convierte en un riesgo para ellos si llega a la presidencia, por eso, sabedores de que el miedo puede ayudarles, lo provocan ahora en el metro. Un día desconectan los sistemas de seguridad y provocan el choque de trenes, otro día cortan cables, un día más aflojan tornillos para separar vagones, muchos eventos con intención de provocar una reacción de la población contra su gobernante, pero Claudia Scheinbaum Pardo lo sabe y actúa protegiendo a la población.

Hay estrategias que se aplican a escala, siguiendo la idea de lo que se vive en el mundo natural con sistemas dinámicos, como parte de la teoría del caos, donde los fractales que se presentan más allá de sus formas espaciales de sus objetos, observan su propia dinámica evolutiva, tratando de generar una nueva realidad más compleja, complicada de entender, pero sobre todo donde se establecen muchas interrelaciones; a pesar de ello, Claudia Scheinbaum es una mujer de ciencia y no está sola, por lo que muy pronto serán presentados los cerebros que están detrás de las manos criminales que se mueven en el metro tratando de provocar miedo, seguramente el índice de correlación de cuantificación de recurrencia acerca la distancia entre la justicia con los criminales.

Un antídoto a la estrategia del miedo es la inteligencia, elmiedo entendido como una construcción social e interpretación cultural, el miedo disgrega, levanta murallas reales y simbólicas, pero también tiene una fuerza que puede ser orientada a identificarse entre sí, por lo que los neoliberales se arriesgan a que ese miedo se torne contra ellos. Mañana, interpretado como pronto, Claudia Scheinbaum estará mejor fortalecida y rodeada de la solidaridad de millones de mexicanos, incluso de aquellos que se dan cuenta que sus líderes prianistas, son capaces de todo y son un cáncer social que debe ser extirpado.

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