HomeActualidadEl molcajete de San Nicolás de Obispo; utensilio atesanal que subsiste pese al olvido

El molcajete de San Nicolás de Obispo; utensilio atesanal que subsiste pese al olvido

El molcajete de San Nicolás de Obispo; utensilio atesanal que subsiste pese al olvido

 Eduardo Morelos Tapia / Colaborador 

Morelia, Michoacán.- La comida tradicional mexicana no sería lo mismo sin sus salsas, sin su chile o su mole. Elementos imprescindibles en la cocina mexicana. Recetas que han pasado de generación en generación desde la época prehispánica pero  que con el paso del tiempo se han ido desvirtuando.

El auténtico sabor mexicano se muele en el molcajete, utensilio 100 por ciento artesanal que sirve para moler y triturar diversas especias, granos, chiles y yerbas que dan origen a la famosa salsa picante mexicana.

Dentro de los límites del municipio de Morelia, Michoacán, se localiza uno de los sitios productores por excelencia de esta antigua herramienta gastronómica. El molcajete se labra en la tenencia de San Nicolás de Obispo; ubicada a menos de 18 kilómetros de la zona urbana. Desde aquí se moldea el sabor auténtico mexicano.

Sin embargo, parecería que esta comunidad se encuentra en algún recóndito y apartado lugar de la geografía michoacana. Pues presenta un alto grado de desolación y abandono. Pese a que es digna de resaltar su gran labor cultural e histórica que realizan los más de 60 productores de molcajetes de piedra de San Nicolás Obispo, muchas personas desconocen su existencia.

La pequeña gran tenencia

Es una mañana calurosa de viernes en la tenencia de San Nicolás de Obispo. Las calles lucen solas, con apenas un par de mujeres de rebozo platicando en una de las esquinas. Es día de tianguis en la plazuela principal, un par de puestos muy separados uno de otro; vendiendo ropa usada, figuras de cerámica, un comal para la venta de quesadillas, además de  un grupo de niños uniformados (estudiantes de secundaria) jugando futbol. El ambiente es muy relajado.

Al fondo se encuentra el inmueble  que aloja al representante del gobierno de la comunidad. Es el edificio de gobierno; está marcado con los colores y escudo del actual ayuntamiento del municipio de Morelia, al cual corresponde la tenencia. En la pared se encuentra rotulada una leyenda que dice: “Los molcajetes originales de San Nicolás Obispo”

Se ve prácticamente vacío. Sólo se encuentra un hombre de edad avanzada y  de bigote prominente, sentado en su silla escuchando la radio en su viejo transmisor. El hombre se encarga de cuidar los baños públicos. Después de él, poco movimiento se puede apreciar en el recinto.

Los Productores

La señora Laura Arias es la esposa del jefe de tenencia de San Nicolás Obispo, quien se para esos mementos se ausentó porque viajó a Morelia, acompañando de algunos productores para ofertar sus molcajetes.

Amablemente la señora Arias, una mujer de tez morena y que vestía su mandil, se ofreció a llevarme a la casas de familias fabricantes de molcajetes artesanales. Mientras caminábamos por las calles semivacías de la tenencia la mujer comentó:

–       Toda lo que prepares tiene un sabor diferente con el molcajete, las salsas y el mole saben mejor moliéndolas así.

–       ¿A qué otra actividad se dedican las personas aquí, además de crear los molcajetes?

–       Principalmente a eso, la piedra pare el molcajete y el metate. Algunos otros al campo, pero con las lluvias, la cosecha se nos cayó, se echó a perder y hasta se perdió la guía en la tierra. También hay quien se dedica a tocar en la banda (banda de música regional de viento) del pueblito, así como don Santiago.

La señora nos condujo a la casa de la familia Pérez, una de las 60 productoras del molcajete que hay aquí. Justo a esa hora de la mañana estaban los hijos de don Santiago estaban dándole forma a la piedra para convertirla en molcajete.

El sonido de los picos chocando con la piedra se hacía cada vez más fuerte al ingresar a la su vivienda –una casa larga, con muros de concreto pero con techos de láminas y cartones-.

Don Santiago Pérez es el jefe de la familia, encargado de sus tres hijos, su esposa  y la economía familiar. Al ingresar al patio trasero de su casa, delimitado por piedras, se puede observar cómo se elaboran este instrumento de cocina.

El patio es amplio, de tierra y una parte está cubierta por teja. Los dos hijos de don Santiago se encuentran sentados sobre una piedra, usan pantalón de mezclilla y playeras rotas, están llenos de polvo, tratan de cubrir su nariz con un paliacate y su cabello con gorra.  Sus manos están agrietadas; a sus lados, hay picos de diferentes tamaños y un esmeril eléctrico, herramientas imprescindibles para lograr moldear la piedra.

–       Tengo 30 años dedicándome al molcajete, subo al cerro dos o tres veces a la semana para conseguir la piedra- asegura el señor Santiago.

Los artesanos reconocen a esta piedra como la “porosa”. Desconocen su nombre científico pero es así como la ubican. Y entre más porosa mejor, así aseguras que lo que se muela tenga un mejor resultado.

–       ¿Cómo se obtiene la piedra?

–       Se tiene que buscar, porque no toda la piedra funciona. Una vez que la encontramos, con el pico revisamos cual nos puede servir y entonces utilizamos los barrenos de pólvora para levantarla.

–       ¿Qué sigue después de sacar la piedra porosa?

–       Se eligen las piedras y se amarran al caballo o lo que sea que lleves para que lo bajen.

–       ¿Cuántas llegan a bajar?

–       Depende del animalito pero entre 8 y 12 piedras

–       ¿tiene idea cuánto pesan?

–       No sé bien, pero supongo de 35 a 40 kg.

Por momentos la plática se volvía complicada, debido al ruido que generaba el esmeril puliendo la piedra y la gran nube que formaba de polvo. Asimismo, los picos lanzaban por doquier trozos filosos de la piedra cortada.

–       Generalmente subimos los días lunes, martes o miércoles al cerro de Águila. –la montaña de donde se extrae la piedra-  Los jueves, viernes y sábado nos dedicamos a darle forma, para que el domingo se puedan vender.

Para llegar a dicha montaña los artesanos duran alrededor de dos horas, acompañados de un caballo o un burro para que sean los animales los encargados de bajar las pesadas piedras. Duran prácticamente medio día para conseguir la cantidad de piedras que necesitan.

Después siguen los días de dar forma a la materia prima.  Las llamadas picavelas (picos por ambos lados) van poco a poco disminuyendo la piedra en bruto. Para hacer el hoyo hacen un par de cortes con el esmeril para continuar con la picavela a fin de lograr la profundidad adecuada.

–       Por día ¿cuántos molcajetes hacen?

–       Hacemos 8 o10 al día. Es trabajoso, no es nada fácil-.

La realidad es que es un trabajo duro que requiere de fuerza, técnica y mucha práctica. Además es peligroso para la salud, ya que el polvo que se genera es impresionante, las vías respiratorias pueden llega a invadirse de polvo. Los residuos de piedra que brincan pueden alcanzar a dar en algún órgano sensible, por ejemplo el ojo.

 El filo de la picavela y del esmeril  es de considerarse, cualquier error podría resultar muy costoso. No cuentan con el equipo de seguridad adecuado ni las medidas de precaución necesarias para manejar estos instrumentos. Pero aquí no hay de otra.

Los días domingos se dedican exclusivamente a la venta de los molcajetes y a veces de metates. Es el día en que en teoría se remuneraría su gran labor.

–       ¿Dónde comercializan sus productos?

–       Vamos aquí cerca, a Quiroga, Tzintzunzan o Pátzcuaro.

–       Por ejemplo ¿cuánto cuesta un molcajete como el que ahora están haciendo sus hijos?

–       Cuando te los pagan bien los vendes en 100 pesos, pero cuando no hasta en 80 pesos terminamos dándolos-.

La necesidad de conseguir dinero para poder sostener a su familia es muy grande. Los habitantes de San Nicolás de Obispo, al igual que el 60% de la población mexicana, son de escasos recursos y  hacen lo imposible por obtener “el diario”.

–       Mis hijos ya no quisieron seguir estudiando, llegaron hasta la secundaria. Ahora se dedican a lo mismo que yo. Les digo que está difícil que la piensen bien- reprocha.

Por último, don Santiago, se despidió porque tenía que preparar su instrumento musical y su traje de gala para ir a tocar con la banda de viento local. Trabajo que combina con el de productor para poder sostener económicamente a los suyos. Tenían presentación en un pueblo cercano que festejaba la fiesta patronal y los habían contratado. Me acompañó a la puerta y volvió a encender el fogón en el que cocía elotes para desayunar antes de irse.

San Nicolás de Obispo una tenencia fantasma.

Después de visitar la casa de la familia Pérez, nuevamente la señora Laura me guío por las calles hasta la casa de otros productores. En el camino nos contó sobre la vida en éste abandonado lugar.

–       La mayoría de la gente se ha ido para Estados Unidos. En mi familia somos 13 hermanos y sólo quedamos aquí 3. La mayoría de los habitantes se fueron en los ochentas pa’ el otro lado.

Mis hermanos que están en Texas me dicen que no saben cómo vivieron aquí. Dicen ellos que el gobierno aquí te acaba, que con los salarios no alcanza. Que  aquí en México o te compras unos zapatos o compras comida.

El fenómeno mundial de la migración también se hace presente en la localidad. Buena parte de las casas y construcciones que hay en la tenencia están abandonadas. La mayoría de las casas que están hechas de tabique y cemento, son de personas que viven en el vecino país del norte. Quienes envían dinero de vez en cuando y visitan sus propiedades sólo en épocas decembrinas.

La señora Arias prosiguió – Tengo una sobrinita, muy desnutrida. Mi hermana ya no sabe que enviarle de lunch para la escuela. No tienen a veces ni que comer. Mucho nos ganamos con ir al mercado si no tenemos dinero con que comprar fruta o verdura. Por ejemplo aquí no hay para comprar pescado o algo así.

 Toda una vida dedicada al molcajete

Llegamos a la casa del señor Abel, artesano que vive en una de las orillas de la localidad, en una casa que cuenta con lo necesario para poder habitarla, agua contenida en dos barriles, dos cuartos de concreto y un espacio tejado que sirve como taller.

Abel tiene cerca de 45 años dedicado a esta artesanía, prácticamente toda su vida. Tiene el cabello negro y largo, sus manos también están resecas y soslayadas.  Ahora cuenta con 53 años de edad su cara comienza a presentar arrugas pero sigue dando todo su esfuerzo para obtener recursos para continuar la tradición familiar.

–       Yo empecé desde niño porque en la escuela pedía cooperaciones y mis papás no tenían para pagar. Así que yo opté por empezar a trabajar en la creación de molcajetes. Me enseñé a los siete años de edad y desde ahí no he parado.

Al igual que don Santiago tarda dos horas subiendo al cerro. Pero él va acompañado de una burra, la cual representa su único medio de transporte.

–       Tengo una burrita a la que sólo le puedo cargar máximo 8 piedras. Es decir saco seis o siete piedras a la semana. No siempre se venden todo.

Abel ya tiene nietos; ellos ya saben trabajar la piedra, aunque él preferiría que siguieran estudiando porque sabe que no es una vida fácil.

Uno de sus nietos se acercó a su abuelo por la curiosidad, vestía un pantalón de mezclilla, playera blanca y usaba unos tenis marca nike de futbol soccer con tachones. No aptos para el uso diario, ni para el concreto de las calles, sin embargo el niño los lucía con gusto.

La montaña del Águila, como es conocida el cerro de tierra y piedra de donde se extrae la materia prima del molcajete está divida en 5 dueños, según cuenta Abel.  Es decir, es un terreno ejidal.

En este sentido, las personas que buscan sustraer la piedra tienen que cubrir una cuota mensual de alrededor 400 pesos al ejidatario. Este cobre dice Abel es para de cubrir los gastos que representa el desgaste de terreno así como la reforestación que implica el hacer agujeros para los dueños.

–       Yo vendo mis productos en Quiroga o Morelia. Su precio es de 120 o 150 pesos. El trabajo los vale- reconoce Abel.

Desafortunadamente el gasto que implica ir a vender sus molcajetes a otro municipio  resulta caro para ellos. Pagar los 35 pesos para el camión representa un precio alto en su economía.

–       Aquí siempre hay que comer, poco pero hay. La olla de frijoles y el  queso nunca faltan, la carne no siempre se puede tener- agrega-

Abel y su familia  están prácticamente los 365 días del año en la tenencia, tratando de subsistir.

– Aquí no hay vacaciones, no salimos casi nunca.

Todo Afecta.

A la problemática habría que sumarle agentes externos que afectan a los productores de San Nicolás Obispo:

–       Venía un señor desde La Paz, Baja California, a comprarme mis molcajetes pero a raíz de los bloqueos y la quema de camiones a las salidas de Morelia, dejó de venir. Me comentó que “ya estaba muy peligroso” para venir. Y tiene razón.

Por último Abel afirmó que semanalmente gana de 900 a mil pesos por su actividad artesanal. Pero a cambio arriesga su integridad física.

– A veces te golpeas las manos, o con el rose de la piedra  te llegan a sangrar los dedos.

En esta tenencia en algunas ocasiones se organizan pequeñas ferias o cuadrillas para ir a vender los molcajetes y darles promoción. El abandono de las autoridades a este noble oficio es evidente. El poco impulso que han llegado a  recibir de las autoridades está marcado y señalado por sus habitantes como una serie de trámites burocráticos y de requisitos administrativos para poder obtener algo. Además en un lugar en donde las personas apenas alcanzan el nivel básico de educación.

–       Cuando nos invitan a la plaza para eventos, decido mejor quedarme, porque en lo que tardo en llegar ahí, alcanzo a hacer uno o dos molcajetes- dijo el señor Abel.

En muchas ocasiones las personas demeritan el trabajo artesanal o los productos nacionales, incluso se duda de su calidad. Se busca pagar un precio menor al establecido por el productor.

Sin embargo, estos mismos productos acaparados por intermediarios quienes compran molcajetes a precios bajos a los productores de San Nicolás de Obispo y otras localidades, para posteriormente venderlos en los mercados, tianguis, ferias y plazas de centros urbanos asignándoles un precio mucho mayor al de su valor original.

Estas piezas únicas que requieren de trabajo duro. Cuentan con un alto valor cultural e histórico en cada uno de sus poros. La amenaza de los productos sintéticos o imitaciones chinas amenazan con terminar con el mercado.

La situación se agrava y la pobreza está muy marcada en la comunidad. Toda esta serie de circunstancias podrían terminar con la vida económica, familiar, social y cultural de San Nicolás de Obispo “la capital del molcajete”.

Sin comentarios

Tu opinión nos importa, deja tu comentario: