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El secuestro a la democracia en Michoacán

El secuestro a la democracia en Michoacán

Orlando Aragón Andrade

Se dice que una imagen vale más que mil palabras. La fotografía difundida por varios medios de comunicación del Palacio Legislativo rodeado de granaderos en la toma de protesta del gobernador sustituto de Michoacán hace justicia a esta expresión. En ella queda sintetizada de manera elocuente el secuestro de la democracia por una clase política que decide sola y escondida atrás de la policía el destino de nuestro Estado.

No es que con esta imagen hayamos presenciado la escenificación de la pérdida de un “paraíso democrático”, nada más lejano a eso. Es evidente que en Michoacán hemos estado muy lejos de conseguir un sistema democrático pleno, pero también es innegable que durante un breve periodo, y después de una larga lucha de muchos michoacanos y michoacanas, se dieron algunos pasos adelante para una vida más democrática en la entidad.

Esos logros, sin embargo, nos han sido arrebatados frente a nuestras narices en apenas en seis años. El deterioro de la democracia y el avance del autoritarismo y la arbitrariedad se han acelerado de manera sorprendente y han alcanzado niveles impensables.

Ejemplos de esta situación tenemos muchos, desde las pugnas y complicidades entre Leonel Godoy y Felipe Calderón; la elección irresponsable, a mi manera de ver, de un gobernador muy minado en su salud y con presuntos vínculos con el crimen organizado; pasando por la imposición ilegal y arbitraria de de un comisionado impuesto por la presidencia de la república que de facto gobierna Michoacán, hasta las formas, francamente patéticas, con las que renunció el ex gobernador Fausto Vallejo y con las que tomó protesta el gobernador sustituto Salvador Jara.

Estas dos últimas acciones son unas “joyas”, que al igual que la fotografía del edificio del congreso del Estado, nos revelan de una forma casi insuperable la nueva formulación del autoritarismo imperante en Michoacán y que presagian los tiempos por venir en nuestra entidad.

Como fue de conocimiento general, el ex gobernador Fausto Vallejo anunció su renuncia por twitter. En su mensaje señaló que se había reunido con Peña Nieto y agradeció las “atenciones” que tuvo con él Joaquín López Doriga, el periodista estelar de televisa.

En este mensaje “olvidó” dos cosas fundamentales el hasta entonces gobernador: no era ante Peña Nieto que debía renunciar o poner a consideración su renuncia, sino ante el Congreso del Estado de Michoacán, y no dio ninguna explicación previa de las causas de su renuncia a las personas que se debía, a los que lo eligieron y lo hicieron gobernador, es decir, a los michoacanos y michoacanas.

No dio la cara, por ejemplo, para explicarnos por qué siendo una persona con un estado de salud delicado, desde antes de la campaña electoral, ocultó esta situación y decidió postularse a la gubernatura aun a sabiendas de que posiblemente no concluiría su periodo de gobierno.

La otra postal fue la que “co-estelarizo” Salvador Jara y su amigo, según sus propias palabras, el comisionado Castillo en la toma de protesta del primero como gobernador sustituto. Como también fue registrado por los medios de información, en sus primeras palabras Salvador Jara dio un mensaje clarificador.

Agradeció la confianza de Peña Nieto y la amistad del comisionado Castillo, sin hacer algún tipo de mención al Congreso del Estado que formalmente fue quien le confirió ese cargo. Mucho menos dirigió alguna explicación a los nicolaitas sobre su renuncia a la rectoría de la Universidad Michoacana.

Estos dos episodios dejan expuesto el papel “segundón” (y ya es mucho decir) del Congreso del Estado en esta coyuntura. Ante él, en cuanto “representante de la soberanía popular”, Fausto Vallejo debió rendir cuentas y Salvador Jara agradecer su designación como gobernador sustituto.

Ninguna de esas cosas ocurrió, sencillamente porque ni una cosa ni la otra dependieron en realidad del poder legislativo de Michoacán, sino de la presidencia de la república y quizás del comisionado Castillo. En ese sentido es correcto el señalamiento que algunas diputadas hacen en torno a que Michoacán es un Estado intervenido.

No obstante, lo más grave para la ciudadanía no es eso, sino el casi inexistente vínculo democrático con los gobernante de Michoacán que se expresan claramente en tres síntomas: primero, el Congreso del Estado de Michoacán ha vuelto a su roll “segundón” (como lo fue antaño en el régimen priísta) que de ninguna manera garantiza a los michoacanos y michoacanas un contrapeso real al poder arbitrario y cada vez más centralizado en la presidencia de la república.

Segundo, y más grave que el anterior, a los michoacanos y michoacanas nos gobernará (por lo menos de manera formal) durante casi un año una persona que no elegimos nosotros y que por el sentido de su mensaje pareciera que tampoco el

Congreso del Estado. Tercero, y casi como fatalidad, los destinos de Michoacán y sus habitantes estarán en manos de una dupla completamente antidemocrática: un comisionado que opera con un gran poder completamente discrecional y carente de fundamento legal, y un gobernador que no fue electo por el pueblo michoacano y que está dispuesto a consentir el poder arbitrario del comisionado.

En la fotografía referida del palacio legislativo el día de la toma de protesta del gobernador sustituto fue evidente una ausencia, la del pueblo. Si bien la clase política hacía de las suyas atrincherada con la policía ¿dónde estaba la ciudadanía michoacana? ¿qué hemos hecho o dejado de hacer para llegar hasta esta situación tan lamentable?

Quizás las respuestas a estas preguntas sean significativas, pero sin duda son más importantes las que les podamos dar en el futuro. Como bien se dice, no se puede cambiar el pasado, pero es urgente convencernos de que podemos construir otro futuro para Michoacán.

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