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El silencio del otro “oro verde”

El silencio del otro “oro verde”

La producción de limón en la tierra caliente de Michoacán no ha parado; el precio alto ha bajado mucho y con la intervención de las fuerzas federales en el municipio de Aguililla, se ha ido reactivando la zona. En el tianguis limonero de Apatzingán, ese “clúster” para vender y comprar el cítrico todo se “ve tranquilo”, según un productor que llega casi al final del segundo día de venta a la semana, ya que solo dos o “veces 3” días se puede vender y “antes de las 12”.

Los empaques trabajan duro, metiendo limón sacando cajas etiquetadas y catalogadas; sobre la carretera se alcanzan a ver los últimos “doble rodados” que traen fruta.

Si se sigue la carretera rumbo a Aguililla, la producción, corte y transporte se mira por todo Apatzingán y Buenavista; camiones llenos de cortadores, camionetas afuera de las huertas, gente subiendo cajas a la carga y negocios del rubro abiertos.

Pasando la comunidad de División del Norte, la situación cambia.

El paisaje de huertas verdes con “bolitas” acomodadas de forma lineal y extensa, desaparece—Los árboles de limón se siembran en líneas rectas y estos crecen de tal forma que se miran como arboles redondos—es Aguililla ya y la principal zona de huertas es el Aguaje.

Este lugar fue azotado por dos años por una guerra sin control entre Cárteles Unidos y El Cártel Jalisco Nueva Generación, apoderándose de las carreteras, comunidades, actividades y claramente de la producción de limón.

Los de “un lado” no podían atravesar al otro, barricadas y gente armada lo impedían. Muchos productores perdieron el producto, “lo dejaban podrirse”, incluso dentro de los mismos camiones que no podían pasar sin pagar una cuota alta; se comenzaron a abandonar las huertas.

De un paisaje “verde-limón” pasó a uno sin color, lleno de arboles secos llenos de maleza con suelos quemados; huertas con puertas abiertas, hoyos como trincheras en la entrada y empaques abandonados; comunidades fantasmas, como “El limoncito”, con casas y negocios solos, llenos de paredes baleadas, con hoyos grandes e interiores tirados y baños como trincheras.

Nadie habla sobre el limón, todo anónimo y a cuentagotas: “Sí, ya se puede cortar” …

Algunos afirman que los dueños han comenzado a regresar a sus huertas y otros afirman que no lo harán nunca: “no sabemos que va a pasar, muchos de ellos ya ni viven aquí, están en Apatzingán o Morelia”.

Las pocas personas que hablan del asunto lo hacen desde el anonimato y solo como “platica mientras se come”. Les da desconfianza todo, desde el crimen organizado hasta los retenes militares que hay en la carretera.

En este lugar el arribo de fuerzas federales obligó a los carteles a replegarse o irse del lugar, durante dos años fueron “dueños” de la zona.

Rumbo a la frontera con Tepalcatepec, el camino por las huertas es por brechas; lugares por los que hay que andar con cuidado ya que se llenaron de minas-antipersona durante el conflicto. “por eso nadie regresa a esa zona, por las minas” comenta un señor mientras camina.

Los empaques que trabajan a marchas forzadas en Apatzingán se contrastan con los abandonados en El Aguaje; con techos “como estrellas” por los hoyos de las balas.

Michoacán es el principal productor de limón en el país, en todo el valle de Apatzingán hay aproximadamente 30 mil hectáreas y en Aguililla se concentran 5mil.

Nadie sabe que va a pasar ahí, nadie sabe nada… solo pláticas en un lugar donde el silencio ya es un uso y la desconfianza una costumbre.

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