HomeOpinión 3.0¿Fibras E?, Sí E, ¿E de qué, de Enrique, de Enriquecimiento, de Estúpidos…?.

¿Fibras E?, Sí E, ¿E de qué, de Enrique, de Enriquecimiento, de Estúpidos…?.

¿Fibras E?, Sí E, ¿E de qué, de Enrique, de Enriquecimiento, de Estúpidos…?.

Gracias al cuestionamiento testarudo de Andrés Manuel López Obrador sobre el nuevo aeropuerto que Peña Nieto propuso como la madre de sus obras de gobierno, -aun cuando el 95 por ciento de la población no lo utilizará, y sólo responde a la necesidad de un selecto grupo de pobladores, esos que quitan y ponen presidentes y los hacen socios y familia-, se puso al descubierto una serie de aspectos que por demás desaniman hasta a la juventud más entusiasta, por el cochinero y el entramado que empantana todo lo que se hace en el país, será por ello que les gustó ese lugar para sus pistas de aterrizaje.

Poco a poco comenzamos a descubrir detallitos que hacen del Aeropuerto un nido de irregularidades: en seis años lleva el 20% de avance en la obra; el 19 de septiembre pasado se hundió de un plumazo 5 centímetros la estructura inicial de soporte; el presupuesto original ya lo replantearon al doble y ni siquiera han avanzado lo programado; y extrañamente la barda se la encargaron a la SEDENA, si a la Secretaría de la Defensa, no a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, o de Obra Pública, sino a la SEDENA quien la transfirió a compañías fantasmas, además de proveer de aviones y helicópteros al exdirector de PEMEX, Javier Lozano.

Sin embargo, no ahondaré en lo que otros ya lo han hecho, me quiero referir al asunto que ha causado tanto revuelo, las Fibras E anunciadas por el presidente Enrique Peña Nieto quien públicamente comentó, que no se podía poner a discusión la obra del Aeropuerto, pues se habían emitido bonos a través de un instrumento llamado Fibras E, para captar inversionistas y con ello recursos líquidos, por lo que detener el proceso significaría altas pérdidas para todos, pues “todos los mexicanos, los trabajadores, habíamos invertido ahí parte de nuestros fondos para el retiro”.  Y así se detuvo el debate técnico comprometido entre el Consejo Coordinador Empresarial y Andrés Manuel López Obrador.

Zaz, el golpe de realidad nos cayó 21 años después de la primera privatización de nuestros fondos para el retiro, y con ello lo que está en cuestión, el despojo de nuestros recursos para financiar a la iniciativa privada, y décadas de aprobaciones en lo oscurito, en Congresos amañados que han creado uno de los modelos más corruptos y voraces en el mundo entero: el modelo mexicano de desarrollo neoliberal.

El argumento para privatizar todo lo público ha sido el mismo, se necesita dinero para invertir productivamente, hacer crecer al Producto Interno Bruto y luego repartir, (muy luego). Comenzó Salinas su proyecto de modernización y privatización de las telecomunicaciones, las empresas acereras, de fertilizantes y otras, luego Zedillo con ferrocarriles nacionales en un renovado entusiasmo, hasta lograr en 1997 eliminar el sistema solidario e intergeneracional de los fondos de pensiones del Seguro Social. Se dijo entonces que el recurso de las pensiones permitiría a los individuos decidir dónde y cómo invertir sus fondos de pensiones, ahorrar de manera individual y lograr por esta vía millonarias pensiones… nada más alejado de la realidad, los jubilados chilenos, primeros en experimentar la privatización, hoy marchan por las calles mostrando la miseria que significó la individualización y privatización de sus cuentas.

Así se aprobaron las modificaciones en 1997 a la Ley del Seguro Social y posteriormente en diciembre de 2015 a la Ley del ISSSTE, ya con Elba Esther en la cárcel. Las Fibras E, son bonos emitidos en fideicomisos de inversión en energía e infraestructura, financiadas, con el dinero de nuestras pensiones, y con otros fondos públicos, como el FAIS, para construir escuelas.

Aquí comienza el detalle, las AFORES sólo administran nuestras cuentas individuales, y las SIFORES, sociedades de inversión son las que determinan el uso “productivo de nuestros recursos”, es decir, sin la presencia y determinación de los trabajadores, las Sociedades determinan en qué proyectos colocarán el recurso de las pensiones para obtener ganancias, sin que el derechohabiente sepa qué porcentaje obtendrá del beneficio, sin que pueda incidir para decir si está de acuerdo o no, sin que sepa cuánto y cuándo obtendrá de ganancia o pérdidas, si se retira antes de que comiencen a ser productivas, o si por desgracia se muere antes de las jugosas ganancias, y peor aún, sin que pueda sugerir o indicar en qué le interesaría que se invirtieran sus pensiones, cómo sucedía antes de la reforma, que autofinanciaban al sistema de seguridad social, para los seguros médicos, infraestructura hospitalaria y demás necesidades del sector salud.

Con las Fibras E, descubrimos que estamos despojados del usufructo de nuestros ahorros, pero también de los derechos humanos y del derecho universal, pues se han aprobado leyes que constituyen “el derecho al despojo”, “su derecho” que se vuelve un instrumento en contra de la población, a favor de los grandes consorcios, concertado en el Congreso de la Unión, donde se dirime y aprueba el ordenamiento legal que ha de volverse en nuestra contra a través de un Estado que se torna legislador, juez y gendarme en la aplicación de éste.[1] Ojalá este 2018 la población entienda que no vota por caras bonitas, sino que vota su futuro y el de su prole y que las Fibras E, al igual que muchos otros instrumentos cocinados en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, deben ser  sancionados para eliminar de una vez y por todas el uso particular de los recursos públicos y los contratos a modo de empresas favorecidas por la corrupción, hoy los derechohabientes queremos ser sujetos a determinaciones conscientes y razonadas de los, para evitar el uso irracional, faccioso y corrupto de los recursos. ¿No que el neoliberalismo necesita individuos informados y tomando decisiones? Empecemos por enterarnos.

[1] Ver, Solís de Alba Alicia y Ortega Max, (2015). Neoliberalismo y contrarreforma de la legislación laboral (1982-2013). México: ITACA.

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