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El fin del gobierno de Silvano Aureoles

Por: Samuel Ignacio Magaña Fuentes
Bajos índices de aprobación, corrupción, desvío de presupuesto público, desempleo, inseguridad y, ahora, la verdadera cara del despotismo: locura y ambición de poder. Durante 6 años, solo tomando en cuenta el período de gobierno del actual gobernador, los michoacanos nos hemos enfrentado a diversas crisis sin precedentes en nuestro Estado. Hemos sido víctimas del despojo y la incertidumbre de un futuro mejor.
En abril del presente año, la prestigiosa encuestadora, Mitofsky, evaluó, con base a un censo ciudadano, a los 32 gobernadores del país, ranqueando a Silvano Aureoles entre el 44 % y 30 % de aprobación. Esto lo coloca en el lugar número 22, con números a la baja. Nuestro Estado cuenta con poco más de 4 millones y medio de habitantes, de los cuales menos de la mitad se encuentran satisfechos con el desempeño del gobernador tras los 70 meses que lleva ostentando el cargo.
Fue durante el mes de abril de este año que, a la par que se realizaba la encuesta de aprobación, Silvano Aureoles había acudido al pueblo de Aguililla, el cual, cabe recordar, vive una cruenta situación derivada de la guerra entre carteles. Fue ahí que, bajo una protesta pacífica, algunos pobladores, entre ellos profesionistas, decidieron mostrar su descontento ante la mala administración del gobernador.
Varios de ellos escribieron mensajes en cartulinas, los cuales, además del abucheo de otros manifestantes, hicieron enojar a Silvano, quien, demostrando su despotismo, bajó de un vehículo militar para empujar a uno de los manifestantes. “Señor gober… viaje por tierra para que veas la realidad en que vivimos”; “Quiero vivir libre en mi pueblo de Aguililla”, eran algunos de los mensajes que se leían en las cartulinas.
Los comentarios no se hicieron esperar, puesto que no es la primera ocasión en la que Silvano muestra el desprecio con el que ve y trata a los michoacanos. Si no fuera poco, la visita a Aguililla tenía por objetivo la construcción de la paz y la seguridad en la región, dado a que se reunió con el “Grupo de Inteligencia Operativa de la Mesa de Coordinación para la Construcción de la Paz y la Seguridad”, donde estuvieron mandos de seguridad estatal, de la Fiscalía General de la República, de la Secretaría de la Defensa Nacional, la Guardia Nacional y la Marina.
¿Qué paz trasmite el gobernador a ser él mismo artífice de las agresiones contra su pueblo? 71.6 y 61.8 % fueron los mejores rankins del top 5 de los gobernadores mejor puntuados. Ahora, ¿cabría preguntarse qué números al alza tendrá un gobernador que, no solo amedrenta a su pueblo, sino también a la democracia?
Por si no fuera poco, salieron a la luz, no se hace mucho, una serie de mensajes que recibió Alfredo Ramírez Bedolla, actual gobernador electo de Michoacán, a quien se amenazó su integridad. “Traidor”, “malagradecido”, “delincuente”, además de denuestos homofóbicos, fueron algunas de las palabras y amenazas con las cuales está acostumbrado Silvano a gobernar. Esto nos habla de alguien que abusa de su poder y de su posición para amedrentar.
Para él, todo aquel que no simpatice en su proyecto de corrupción y miedo es un “delincuente”, un “halcón”, un “malviviente”. Reprime y olvida a todo aquel que lucha y exige dignidad y respeto a sus derechos constitucionales y humanos, de ello hablarán los estudiantes, los maestros, los jornaleros. 42 mil docentes no regresaron a impartir sus clases el pasado 31 de agosto por falta de pagos y prestaciones.
¿Acaso la falta de este recurso no fue una “buena” estrategia del gobierno estatal para desviar o robar dichos fondos ante la ya inminente salida y/o entrega de gobierno a los morenistas? ¿Qué pasará con los pagos, con ese dinero faltante?
Los michoacanos hemos visto y vivido a lo largo de seis años la represión y la censura como estrategias políticas de un gobierno que no se ha dedicado más que ha saquear y sangrar al de Michoacán. Es por ello que nuestra sociedad desea un verdadero cambio que acabe los vicios del pasado.

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