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Guerra en Ucrania y fantasma del comunismo

Guerra en Ucrania y fantasma del comunismo

David Pavón-Cuéllar

La guerra ya comenzó e ignoramos hasta dónde nos llevará. Sólo sabemos que Rusia terminó atacando a Ucrania. Estamos así ante uno de los conflictos bélicos más peligrosos de los últimos tiempos.

Conocemos la imagen mediática de una indefensa Ucrania que es acosada por el imperialismo ruso. Podemos aceptar esta imagen, pero a condición de ver lo que oculta: por un lado, Rusia bajo el acoso del imperialismo europeo-estadounidense de la OTAN; por otro lado, la población de Lugansk y Donetsk acosada por el ejército ucraniano, incluyendo el Regimiento Azov y otros agrupamientos neonazis que roban, torturan, violan y asesinan con total impunidad. Hay que decir que los ultraderechistas, abiertamente supremacistas y antisemitas, están cada vez más presentes en un ejército ucraniano que no sólo está cada vez mejor armado con el apoyo de la OTAN, sino que ya es el tercero mayor de Europa, con un millón de efectivos incluyendo reservistas.

Quizás debiéramos creer al menos un poco en Vladímir Putin cuando anuncia una intervención militar para “desmilitarizar y desnazificar” a Ucrania. Este país está convirtiéndose en una potencia militar con una preocupante orientación política. Ucrania ya es considerada un epicentro de la ultraderecha en el mundo, con innumerables organizaciones extremistas, campos de entrenamiento para neonazis de varios países y agresiones habituales contra la comunidad LGBT, contra gitanos, contra activistas de derechos humanos y contra presuntos comunistas.

El anticomunismo se ha convertido en el rasgo de identidad nacional de Ucrania. El gobierno ucraniano ha disuelto el Partido Comunista, está persiguiendo judicialmente a sus miembros y ha prohibido cualquier propaganda u opinión favorable al comunismo. Es un simple fantasma, pero parece aterrar, como si hubiera mala conciencia y como si de algún modo se presintiera que sólo él puede cambiar las cosas y hacer justicia.

El justiciero no es ni será Putin con su invasión a Ucrania. Como en cualquier guerra, los más afectados serán los inocentes, mientras que los culpables podrían salir fortalecidos. El único signo positivo de esta invasión a Ucrania es que sea condenada por los gobiernos y medios oficiales de Israel, Estados Unidos y la Unión Europea. Si estos poderes condenan la invasión, es porque tal vez algo bueno podría salir de ella para la humanidad.

Quizás estemos pasando al fin del mundo unipolar, el dominado por el polo del Atlántico Norte, a uno multipolar o al menos bipolar en el que China, Rusia y otras naciones pongan límites a la arrogancia europea y estadounidense. Puede ser que el combate entre diferentes poderes, tan infames unos como otros, los resquebraje y abra hendiduras donde los pueblos puedan respirar y hacerse escuchar. Tal vez ahí, al final, veamos reaparecer el comunismo, pero como realidad y no como fantasmagoría.

En 2015, mientras el fantasma comunista se prohibía y perseguía en Ucrania, el actual presidente ucraniano Volodímir Zelenski actuaba en una serie televisiva satírica, Servidor del Pueblo, en la que interpretaba a una persona común que llegaba a ser presidente de su país. La ficción terminó convirtiéndose en realidad. ¿Cómo no abrigar la esperanza de que ocurra lo mismo con el comunismo?

 

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