HomeDerechos HumanosLa “cacería de brujas” de la Policía Federal en Apatzingán

La “cacería de brujas” de la Policía Federal en Apatzingán

La “cacería de brujas” de la Policía Federal en Apatzingán

Rodrigo Caballero/ @RodCaballero

Apatzingán, Michoacán. Lo que le siguió a la matanza del 6 de enero en Apatzingán es descrito como una “cacería de brujas” por los sobrevivientes de las dos embestidas de la Policía Federal y el Ejército Mexicano.

Los desplazamientos, las amenazas telefónicas, los levantones y los asesinatos en supuestos enfrentamientos tras lo ocurrido son parte de esa cacería emprendida por la Policía Federal a fin de eliminar a algunos testigos de lo ocurrido y callar a otros.

En su denuncia ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), Alejandro –nombre que se fabricó un afectado para evitar que lo reconocieran- relató que participó en el plantón del Palacio de Gobierno porque pertenecía al G-250 y estaba inconforme porque Servando Gómez Martínez alias ‘La Tuta’ seguía libre.

El ataque de la Policía Federal de la madrugada del Día de Reyes lo tomó por sorpresa, Alejandro asegura que no le pasó nada porque en ese momento no estaba en el plantón pero sí en Apatzingán. Al recibir la noticia del ataque acudió al lugar y se unió a un contingente de personas que iba a darle alcance a los policías federales.

“Nos dijeron que había detenidos y heridos en las camionetas que nos quitaron los (policías) federales por eso fuimos para que nos los entregaran” asegura Alejandro.

Sin embargo, al momento de que se encontraron el convoy de la Policía Federal sobre la Avenida Constitución de 1814, los policías se parapetaron en las camionetas y comenzaron a disparar.

A Alejandro lo alcanzaron seis balas escupidas por los rifles AR-15 de los policías federales y cayó inconsciente a media avenida, los policías debieron haberlo dado por muerto ya que los heridos fueron ejecutados en el lugar según testimonios de 39 personas recopilados por la periodista Laura Castellanos.

Cuando los federales se enteraron que había sobrevivido fueron al Hospital Ramón Ponce para tratar de rematarlo, según los familiares de Alejandro primero intentaron sobornar a un médico para que le inyectara una sustancia que le provocaría la muerte.

Cuando el doctor se negó, los oficiales lo acusaron de haber disparado en contra de ellos pero una prueba pericial los desmintió. De hecho, la Policía Federal nunca ha presentado datos que comprueben que los civiles estuvieran armados y mucho menos que hayan disparado.

En la investigación conjunta de Aristegui Noticias, Univisión y el semanario Proceso todos los testigos que hablaron con Laura Castellanos niegan que los civiles tuvieran armas.

La “cacería de brujas” y las secuelas

No obstante, la peor parte para Alejandro y su familia vino cuando dejaron el hospital ya que tuvieron que acudir a una clínica privada para evitar el hostigamiento de la Policía Federal sumado al de los policías ministeriales de la Procuraduría General de Justicia del Estado de Michoacán.

Los impactos de bala le dieron en ambos pies, el hombro izquierdo, otros dos en la pierna derecha, uno en la pantorrilla derecha así como esquirlas en el vientre y el brazo y ojo izquierdo.

En la clínica fue estabilizado pero los familiares de Alejandro no pudieron pagar el tratamiento y los hospitales públicos le negaron auxilio sin antes recibir autorización de la delegación en Michoacán de la Procuraduría General de República (PGR).

A causa de esto, Alejandro perdió la movilidad del hombro izquierdo y la visión de su ojo en ese mismo lado. Apenas salió del hospital, aún convaleciente, comenzó a recibir amenazas de muerte si hablaba de lo ocurrido.

Tras salir de Apatzingán fue hacia Jalisco y después se escondió en varios municipios de Michoacán pero siempre era localizado. “Ya sabemos dónde estás” le decían por teléfono antes de exigirle que se entregara o iban a hacer “pedazos a su familia”.

En los siguientes meses su hermano mayor fue secuestrado dos veces para amedrentarlo. Las dos ocasiones su hermano regresaba con el mismo mensaje “entrégate” de lo contrario iban a matar al primer miembro de su familia que se encontraran.

Ahora Alejandro es uno de los desplazados de Alfredo Castillo, como los catalogó Laura Castellanos en la tercera entrega de su reportaje. Vive con miedo a pesar que su caso ya fue documentado por la CIDH.

De hecho, la Comisión Interamericana ya emitió un exhorto al Gobierno Mexicano para que otorgue medidas cautelares en este caso y éstas tendrán que ser “las necesarias para preservar la vida y la integridad personal del Señor Alejandro y sus familiares”. Sin que hasta el momento Alejandro pueda gozar de las mismas.

Sin comentarios

Tu opinión nos importa, deja tu comentario: