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La de Jessica González no fue una muerte instantánea

Seis metros separan a Verónica de Diego al momento en que el perito forense describe cada una de las lesiones que detectó en el cuerpo de Jessica González Villaseñor al realizarle la necropsia el 25 de septiembre de 2020, cuatro días después de ser asesinada.

Apenas un susurro son las frases que se escapan de los labios de Verónica al escuchar los detalles de las 31 lesiones en el cuerpo de su hija, frases que aunque quedas, parecieran dar énfasis al recuento del perito Giovanni O.

-Hundimiento ocular, la bóveda craneal no presenta fractura, la nariz sí…

Faltan tres horas para que concluya el martes y la Sala de Oralidad 10 del Poder Judicial michoacano se encuentra abarrotada: familiares de Jessica, conocidos y reporteros atestiguan la audiencia para el desahogo de pruebas anticipadas porque juicio oral aún no inicia, ese sigue a la espera de la resolución de los amparos promovidos por la defensa de Diego.

-En la cabeza dos colgajos, hemorragia en el cerebro y presencia de líquido…

Aferrado al piso de concreto, el pie de Verónica Villaseñor mantiene un movimiento constante que hace temblar su pierna enfundada en unos pantalones negros. A su izquierda la asesora victimal y las fiscales, más allá Diego con tres de sus abogados, mientras, el perito detalla, enlista, responde cuestionamientos.

-Marcas en el cuello, equimosis y escoriaciones en los párpados superiores, en el ojo derecho, en las mejillas, en el maxilar inferior, en el labio superior, clavículas, antebrazo izquierdo, muslos y nalgas…

El perito da cuenta con la descripción de las lesiones, de la brutalidad sufrida por la profesora de 21 años previo a su muerte, poco antes de que su cuerpo fuera arrojado semidesnudo a 500 metros de la barda perimetral del Fraccionamiento Monarca, en Morelia, en donde vivía Diego.

-Presencia de una contusión como causa de la equimosis detectada cerca del conducto urinario durante la exploración de genitales…

Diego ya no mira las palmas de sus manos como hasta antes de iniciada la audiencia, ahora su mirada permanece fija hacia el frente, impávido su rostro. Lleva un grueso suéter blanco de cuello de tortuga, de esos tejidos que abrigan bien.

Las miradas de Verónica y Diego no se cruzan, él evita voltear hacia donde ella se encuentra, y cuando ella hace uso de la voz, él procura hablar con sus abogados para no escucharla.

A pregunta de la fiscal, el perito señala que las lesiones en el cuerpo de Jessica fueron producto de un trato cruel, que no le produjeron la muerte súbita. Pese a las objeciones de la defensa de Diego que considera “subjetivas” las preguntas de la Fiscalía, el testimonio deja en claro para familia y audiencia, que la agonía de Jessica no fue breve.

 

El juez de control Fernando Hernández Hernández, ordena en dos momentos el desalojo de la audiencia para preservar el derecho a la dignidad de la víctima, esto previo a la proyección de imágenes de la necropsia.

La defensa busca desacreditar el dictamen pericial, argumentando que el forense no tomó las fotos que aparecen en éste. El alegato es desestimado por el juez, ya que las imágenes fueron tomadas por un tercero por indicación y bajo supervisión de Giovanni O.

Los abogados de Diego, cuestionan incluso el tipo y origen de larvas detectadas en el cuerpo de Jessica, esto para establecer la duda sobre la fecha del feminicidio de la profesora.

Al final, el juez consulta a Diego y Verónica si tienen algo que decir, él se abstiene. Mirando de reojo hacia Diego ella refiere: “me queda bien claro la manera de la muerte de mi hija y la forma tan cruel en que fue”.

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