HomeOpinión 3.0La Expropiación Petrolera, pasado o futuro…Que el pueblo decida

La Expropiación Petrolera, pasado o futuro…Que el pueblo decida

La Expropiación Petrolera, pasado o futuro…Que el pueblo decida

Al cumplirse 80 años de la promulgación del decreto expropiatorio del petróleo, el presidente Enrique Peña Nieto y sus voceros presidenciables, Antonio Meade y Ricardo Anaya, insisten en que mirar la gesta expropiatoria es mirar al pasado, -circunstancia que cada día se antoja más-, vivir las certezas de futuro que teníamos antes de los neoliberales es algo apetecible, sin embargo, es preciso mirar bien y muy bien al presente, y con ello ver qué hacer para garantizar nuestro futuro, tal vez no sea volver expropiar a las empresas que llegaron, pero si saber ponerlas en orden, y obtener para México lo que realmente nos corresponde, en ese sentido propongo las siguientes líneas…

La decisión histórica del General Lázaro Cárdenas del Río al expropiar y asumir el control de los hidrocarburos tuvo dos vertientes importantes a destacar: a) la decisión de ejercer el poder soberano del país, sobre las empresas extranjeras que no acataron los resolutivos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación de pagar y tratar igual a los trabajadores mexicanos respecto a los extranjeros; y b) generar una vertiente nacional de desarrollo a través de una empresa paraestatal que impulsara la industria energética, y aportara directa e indirectamente al crecimiento económico e industrial del país.

En diciembre del año 2013, pretextando la necesidad de captar mayor inversión extranjera, de ampliar la capacidad productiva de hidrocarburos y energías limpias, de “modernizar” las empresas paraestatales, y la reducción del costo de los energéticos, se reformó el Artículo 27 constitucional que permitió, entre otras cosas: proyectos públicos privados de inversión, concesionar la exploración, explotación y distribución de petróleo, creación de gasolineras, incremento en la producción privada de energía eléctrica por diversos medios, y extraer gas y petróleo con métodos como el fracking, o fracturación hidráulica que supone el uso de 9 a 29 millones de litros de agua por pozo, para extraer gas y petróleo que se encuentra entre los 3 y 5 mil metros de profundidad .

Vale la pena comentar que, de los 10 objetivos planteados por el Ejecutivo para la reforma energética, existía la aceptación explicita de la corrupción en el sector energético, transcribo el objetivo número ocho editado por la Secretaría de Energía del Gobierno Federal: “8. Combatir de manera efectiva la corrupción en el sector energético”, y como bien sabemos, y para burla de todos los mexicanos, planteaban como beneficios derivados de la reforma, la reducción de costos en los recibos de luz, gas y en el precio de las gasolinas, así como la creación de medio millón de empleos con las nuevas empresas inversoras.

Veamos ahora, esto de las nuevas empresas que entraron al sector energético para desplazar casi de manera definitiva a PEMEX, y que resultan altamente sospechosas pues la mayoría se reportan como MEXICANAS. Hasta ahora se han llevado a cabo licitaciones en tres rondas que abarcan áreas de exploración y extracción en aguas profundas y someras, así como en áreas terrestres, en las cuales han participado 22 países con 109 empresas, de las cuales 55 son mexicanas, y del total de empresas postulantes, 69 obtuvieron contratos y se adjudicaron 72 de los 97 bloques ofertados, ver la Tabla 1.

Las gran mayoría de empresas concursaron para obtener licencias de producción a particulares sin asociación con PEMEX, sólo cuatro transnacionales buscaron contratos de utilidad y/o producción asociadas con la paraestatal, que ganó tres de ocho postulaciones, las restantes 65 adjudicaciones fueron contratos y licencias de utilidad y producción para empresas particulares solas, sin la otrora paraestatal encargada de explorar, perforar, extraer, distribuir, procesar, refinar, vender y exportar el petróleo mexicano.


El Gobierno Federal y la Comisión Nacional de Hidrocarburos dijeron que, al abrir el sector energético a la iniciativa privada, se obtendría una inversión por poco más de 61 mil millones de dólares cada año por los próximos 25 años; se lograría una producción de 500 mil empleos, entre el 2014 al 2018; y de 2.5 millones de empleos en los siguientes 20 años. Es decir, se esperaban (y esperan) cuantiosos ingresos que en general significarían el 40 por ciento de ingreso para el país y el 60 por ciento para la empresa ganadora en cada adjudicación, también se esperaba, argumentaron, se redujera el costo de las gasolinas, el gas y la energía eléctrica.

Hasta ahora nada de lo esperado ha sucedido y sí en cambio nuestra realidad nos dice, que hoy la tasa de informalidad de la Población Económicamente Activa, es del 56.8%, que significan 30 millones de trabajadores. (CNH 2017, Estadísticas; e INEGI, Reporte Trimestral 2017).

El contraste entre lo que obtendrán las empresas y lo que pueden obtener los pobladores de México por la explotación de hidrocarburos, se definirá en las próximas elecciones, para ejemplo sirve un botón: la licitación que se llevó a cabo en el bloque Trión de aguas profundas es de producción compartida entre PEMEX y la empresa BHP Elliot de Australia, tiene reservas probables y probadas por 485 millones de barriles de petróleo, lo que presupone una producción promedio diaria de más de 66 mil barriles de petróleo, vendido cada barril al precio actual de 52 dólares, tenemos una venta anual de 1 mil millones, 243 millones 726 mil 27 dólares al año, lo que significa que los 624 millones de dólares que postuló la empresa para la licitación los recuperará en 6.2 meses, de explotación del pozo, y ésta es sólo una de las 69 adjudicaciones concedidas. (Tapia P., 2017 y Posada G., 2016).

Estos números nos permiten ver que son miles de millones de dólares los que se obtendrán de la explotación de nuestros recursos, y que las utilidades para las empresas serán mayúsculas, empresas ganadoras que tienen dueños y personas físicas detrás de cada marca empresarial, para todos es sabido que José Antonio González Anaya, el actual secretario de Hacienda y Crédito Público y ex director de PEMEX es concuño de Salinas, y primo hermano de Ricardo Anaya, actual candidato a la presidencia de la República por la Coalición PAN-PRD-MC, y que éste entre otros funcionarios que han sido colocados en la Secretaría de Hacienda, PEMEX y Relaciones Exteriores forman parte del Grupo Salinas-Aspe-Videgaray, cuyos intereses siempre han estado ligados a los procesos de privatización de las grandes empresas nacionales, de las que son accionistas y parte de sus consejos de dirección.

Vale la pena recordar a Ernesto Zedillo Ponce de León, quien siendo presidente de México privatizó Ferrocarriles Mexicanos para, al terminar su mandato, convertirse en parte del Consejo de dirección de la Kansas City, beneficiaria de la privatización. (Cruz V. 2017 y Rodríguez G. 2015)

No haríamos mal en suponer que detrás de las empresas mexicanas que ganaron más adjudicaciones como Jaguar Exploración y Producción de Hidrocarburos, Sierra Oil and Gas, Citla Energy, entre sus accionistas y miembros de sus consejos de dirección estén parientes de funcionarios, diputados y senadores que dieron su voto aprobatorio a la Reforma Energética y que incluso hoy, uno de ellos se postula como candidato a la presidencia de la República, como ya lo mencioné.

Luego entonces podemos darnos cuenta, que esta misma circunstancia se repite en las concesiones que existen detrás de la minería, la energía eléctrica y eólica, el agua y otros recursos naturales, que están a punto de privatizar, y más allá de cualquier nacionalismo trasnochado, o una alabanza retórica a la gesta del General Lázaro Cárdenas del Río, darnos cuenta del daño y el retroceso que hemos tenido con la reforma energética, no sólo estriba en la pérdida de soberanía y control de nuestros recursos energéticos, sino fundamentalmente en el saqueo, la corrupción y la manipulación mediática y política de la élite, para perpetuarse en el poder, para seguir lucrando con la venta de nuestros bienes, que bien podría generar beneficios a las mayorías, pero que sólo quieren acapararlas las minorías, de ahí el miedo a Andrés Manuel López Obrador, de ahí su clásico, haremos todo para que no llegue… que en verdad se debe leer, “haremos todo para que los ingresos por las concesiones de recursos naturales, no le lleguen al pueblo: para todos nada, todo para la élite”… luego entonces que el pueblo decida.

[1] Para ahondar en el método del fracking ver aquí

[2] Ver resumen ejecutivo de la Reforma Energética editado por la Secretaría de Energía del Gobierno Federal ver aquí

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