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Hasta las fuentes derraman miel

Hasta las fuentes derraman miel

Sin importar la edad, la orientación sexual o el estado civil, miles de parejas celebran el 14 de febrero, Día del Amor y la Amistad, como es conocido en algunos países de Centroamérica.

Es una fecha donde todos aprovechan para reafirmar el amor del uno hacia el otro, a través de algún obsequio y/o acción que lo demuestre, por lo que es frecuente observar en cualquier lugar a mujeres u hombres a la espera de la pareja o a parejas enamoradas con algún objeto con relación a esta fecha.

Desde peluches, globos y flores, hasta botargas, candados de “amarre” o serenatas en la calle, se pueden observar por las calles del primer cuadro del Centro Histórico de Morelia.

En un breve recorrido por esta zona, encontré cuadros muy particulares de las muestras de amor que las parejas se dan.

El Callejón del Romance es un lugar emblemático de los enamorados, sobre todo de aquellos que desean perpetuar su amor en vida con la colocación de candados de “amarre” en la herrería de la transitada callejuela.

Las leyendas con distintas muestras de amor son escritas en los candados. Uno en particular sobresale porque su costo de 55 pesos aún se muestra, aunque hay otro candado de mayor seguridad por si el amarre del primero se viera vulnerado.

Por la avenida principal de la ciudad, con dirección al poniente, cruzo con personas y parejas que llevan sus obsequios, tal vez apenas a entregar o ya los recibieron. Globos y flores es lo que mayormente llevan.

Doblo en una esquina para atravesar la plaza que lleva por nombre el primero que tuvo esta ciudad, Valladolid.
Los olores a comida de los puestos instalados por comerciantes en la explanada se respiran inmediatamente; los colores y texturas de los artículos en venta, pero principalmente de los globos, atraen a todos.

Prosigo mi caminata, todo es comercio justificado por el santoral del día; flores, adornos de mesa, ofertas de ropa y zapatos, arcos de amor, más flores… Llego a la Plaza de Armas y me ubico en una banca al sur poniente, pareciera que la miel brota de alguna de las fuentes que la adornan.

Parejas pasan apresuradas, otras se demuestran su amor por medio del contacto físico, con algún obsequio y hasta con una serenata en medio de uno de los jardines. Todos se ven alegres y muy enamorados, a algunos otros se les nota cierta ansiedad.

Una llamada de mi pareja hace que enfile el regreso, pues es hora de la comida.

A mi regreso, al llegar a una esquina observo a un joven con un tigre de felpa en mano y con celular en la otra, se ve ansioso, a su lado hay una botarga de oso de peluche que saluda y envía besos a los transeúntes.

De inmediato me cruzo la calle y me quedo esperando a ver qué sucede; el muchacho observa constantemente el celular y mira la calle, esperando a que llegue alguien.

Al pasar los minutos la ansiedad se va incrementando en el joven, así como el calor dentro de la botarga, pues están bajo los rayos inclementes del sol.

El muchacho llama a alguien, pero parece que sin éxito. Enseguida llegan dos jovencitas, una viste uniforme escolar y otra ropa ordinaria; la primera lleva una caja de regalo, mientras la otra lleva un globo. Por un momento pienso que la joven sin uniforme es a la que espera el muchacho para entregarle el obsequio, me apresuro a tomar la foto.

No es así, veo los movimientos de las jóvenes, el muchacho y la botarga; el joven se separa de ellos e ingresa a la tienda de artículos deportivos que se encuentra en esa esquina, regresa y les hace la seña que avancen hacia él.

De la tienda sale un joven empleado que al ver a la botarga no puede con la sorpresa; la chica sin uniforme se aproxima a él diciéndole que lo ama y le entrega los obsequios, él agradece y la abraza cariñosamente.

Me apresuro pues en la espera ya pasaron casi 30 minutos, debo llegar al punto de encuentro para comer con mi pareja.

Finalmente, después de comer, caminamos por el Callejón del Romance, una carta de amor pegada a la pared junto con unas flechas hechas de cartulina rosa fosforescente llaman mi atención; son cuatro flechas de tamaño considerable con una leyenda en cada una: te quiero, te amo, te extraño y te deseo.

Casi al final de la estrecha calle se encuentra una manta en la que se lee un Te Amo Evelin, ahí la pareja, a un lado de la fuente, se reitera su amor a perpetuidad con su candado de “amarre”.

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