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Las madres de los desaparecidos; entre la lucha, lo impune y su dolor

Las madres de los desaparecidos; entre la lucha, lo impune y su dolor

Edgar es carpintero y lleva 11 años desaparecido; Alan Omar tiene 17 años, es músico y tocó en el AIFA; sus madres los buscan

 

Morelia, Michoacán.- Martha Elba Ceja Jiménez tiene 67 años, los últimos 11 los ha dedicado a buscar a su hijo, Edgar Rafael González Ceja, desaparecido el 24 de enero de 2011 en la ciudad de Morelia.

En esa fecha, la mujer integrante del Comité de Familias de Personas Detenidas Desaparecidas de México (COFADDEM), se percató de que su hijo, de 34 años y oficio carpintero, no había llegado a su casa y su teléfono móvil estaba apagado.

Martha presentó denuncia por desaparición en la entonces Procuraduría General de Justicia del Estado, -hoy Fiscalía General del Estado-. Al volver a casa, una patrulla policial circulaba por su calle en busca de un domicilio, inmediatamente recibió una llamada de su hijo, quien le pedía retirar la denuncia o de lo contrario, lo matarían.

Edgar colgó la llamada, “apagan su celular y nunca más volvió a marcar, jamás volvimos a saber de él”.

Desde entonces hasta ahora, Martha ha vivido de cerca la ineficiencia de las instituciones y la falta de empatía hacia las víctimas. “Tuve apoyo de parte del gobierno del estado -debido a que labora en una dependencia estatal- y sin embargo, tengo los mismos resultados que las que ni denuncia pusieron”, lamenta.

Tras la desaparición de su hijo, la vida de Martha dio un giro radical: “Duré meses encerrada, lloraba a gritos, enloquecida, yo creo que había gente que pensaba que me iba a suicidar, y yo lo que quería era dormirme y no despertar. Esto ha sido muy doloroso, muy largo, de verdad no sé ni cómo estoy caminando”.

En su andar, la mujer ha visto cerca de 300 cuerpos con la esperanza de que alguno, fuera el de su hijo, pues con toda la honestidad y resignación afirma que él ya no está con vida.

“Yo sé que él no está vivo, si estuviera vivo no me tendría en este dolor. Si me dijeran, `ahí está´, yo voy por él y yo sacaba sus restos y lo abrazaría, sabría dónde ponerlo, descansaría y volvería a vivir”, comparte Marthita, como le llaman sus amigas.

Esta madre buscadora promete que, si encuentra los restos de su hijo, no abandonará la lucha de las mujeres que buscan a sus seres queridos; con su experiencia afirma que el 98 por ciento de las personas que buscan a un familiar desaparecido son mujeres, y se pregunta “¿Los hombres son más cobardes que nosotras o qué pasa?, ¿Acaso no les duelen a sus hijos?”.

 

”Tengo que encontrarlo, tengo que hacerlo yo, porque si no, ¿quién lo va a buscar?”

Una historia similar es la que vive la señora Gloria Onofre Rivera, de 49 años, originaria de Tzurumutaro, municipio de Pátzcuaro, quien desde la noche del 24 de marzo de 2022, busca a su hijo Alan Omar Talavera Onofre, de 17 años, estudiante, músico y trabajador.

Debido a la pandemia, el joven decidió abandonar las clases de Nivel Media Superior para trabajar en la elaboración de bloques para la construcción y continuar con sus estudios de música.

El día de los hechos, Alan regresaba de entregar un cargamento junto a su compañero de trabajo y se detuvieron en un establecimiento comercial. Al regresar al vehículo, un grupo armado llegó, fue directo hacia un hombre adulto y los dos jóvenes que únicamente habían bajado para comprar refrescos; hoy, las tres personas se encuentran desaparecidas.

“Desde ahí para acá no hemos tenido ninguna justicia, no tenemos señal de que esté con vida. Damos vueltas en la Fiscalía, nos traen para acá y para allá y no avanza nada. No tenemos ni una señal de dónde esté. Es muy triste que todo sea tan lento para buscar a mi hijo”, dice, decepcionada, la señora Gloria.
Tres días antes de su desaparición, Alan, quien toca la tuba desde los nueve años, amenizó junto a la Orquesta Sinfónica Infantil y Juvenil de Pátzcuaro, la inauguración del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, en la Ciudad de México.

Su madre lo describe como un joven dedicado con muchos sueños y metas que lamentablemente, se quedarán atrás si no aparece pronto.

“Me da coraje que se lo hayan llevado, me da tristeza porque es una persona dedicada, no es cualquier chico que ande haciendo cosas malas. Creciendo en un ambiente sano me da mucho miedo por él, porque no sabemos si se pueda defender, porque al llevárselo unos hombres armados pues no es gente buena”, dice con lágrimas la madre de Alan.

Han sido semanas eternas, dice Gloria, y a pesar de la lentitud en los trabajos de investigación para encontrar al menor, ella tiene la esperanza de encontrarlo.

“Tengo que encontrarlo, tengo que hacerlo yo, porque si no lo hago yo ¿quién lo va a buscar? Solo su papá y yo. Me dicen (en la FGE) ‘¿qué más hacemos?, ya no sabemos qué hacer’, cómo es posible que me pregunten a mí, si ellos son los especialistas”, reclama.

De enero a abril de 2022, en Michoacán han desaparecido 764 personas, de las cuales, 326 se encontraron con vida y 26 sin vida; el resto no han sido localizadas. Para los colectivos de búsqueda no solo son 412 desaparecidos, también son 412 madres, hijas, esposas y hermanas que sostienen con dolor, una lucha contra un sistema que ondea la bandera de la impunidad.

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