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Las ruinas de Pichilinguillo, el paraíso abandonado

Las ruinas de Pichilinguillo, el paraíso abandonado

Una bahía escondida; pequeña, en calma y un mar azul diferente es lo que convirtió a Pichilinguillo en la zona con un gran futuro turístico en Aquila, en la Costa Michoacana; hoy, el lugar está abandonado y los turistas dejaron de ir; Lucina Pulido Lombera es desplazada de ahí por la violencia, ahora busca regresar para que el sitio “florezca” de nuevo.

Lucina, llegó de niña junto a su familia a esa playa la cual era virgen sin ningún acceso por tierra, solo por mar. Ahí su padre comenzó a ser pescador y fundaron la comunidad junto a más familiares: “Crecí en este lugar; cuando llegue era un lugar virgen, un paraíso; aquí crecimos desde el 16 de enero de 1976; mi padre nos “sembró” en este espacio, desgraciadamente desde e 2019 se ha derrumbado”.

Esta playa, se considera “la joya” de la costa michoacana, un lugar visitado por turistas locales, nacionales e internaciones; y aunque el tamaño de su playa es pequeño, su fama es grande en el rubro. Ahí, habitaban 10 familias aproximadamente, en la zona de la bahía y su principal fuente económica eran los restaurantes y la pesca.

En el 2019, Zenaida Pulido, hermana de Lucina fue asesinada en la carretera costera dentro de su carro, la familia se lo atribuye al crimen organizado; ella era parte de colectivos de búsqueda de personas desaparecidas, ya que su primer esposo había desaparecido sin dejar rastro; sobre el tema, Lucina, desde una mesa de su restaurante, platica: “Yo vivía aquí, mi familia y yo trabajábamos pero nuestro delito contra el crimen organizado era trabajar, dar un servicio al turismo; íbamos floreciendo”, Ella respira y mira hacía el mar, contextualiza que en el 2014 tras el levantamiento de los grupos de autodefensa, ella y su familia recibieron a los comunitarios (Autodefensas) en en lugar y de alguna manera los apoyaban; prosigue la platica sobre Zenaida: “A raíz que entró al grupo de desaparecidos y el apoyo a los Comunitarios en el 2014 nacieron las riñas, el crimen organizado fue agarrando fuerza y se vino contra nosotros. Era activista, y eso fue lo que nos llevó a todo este problema y desgracia, toda la familia tuvimos que salir, perdiendo el trabajo de años; mi padres son de aquí y perdieron todo, no tuvimos la oportunidad de llevarnos ni un cambio de ropa”.

Lucina y su familia, ahora viven en Coahuayana, como desplazados por la violencia; a su padre le robaron más de 100 cabezas de ganado de un rancho cercano a Huahua, pero donde están ahora se sienten seguros; “Aquí hay mucha seguridad y no hay “maña” (crimen organizado)” comenta mientras se sube a un carro para regresar a Pichilinguillo que se encuentra a dos horas de donde ahora vive; “Solo vengo los fines de semana a abrir el negocio”; en el camino platica su vida pero calla y se pone alerta cuando mira algún camioneta desconocida.

La costa Michoacana ha sido un lugar donde violencia ha sido una constante, el cartel de Los Caballeros Templarios mantenían un control de toda la franja hasta el 2014 que se levantaron los grupos de autodefensas en Coahuayana, Aquila y Chinicuila; en algún momento el levantamiento llegó hasta Caleta de Campos en el municipio de Lázaro Cárdenas, sin embargo, se fueron perdiendo territorios y el crimen organizado avanzó de nuevo; Pichilinguillo es la frontera de la disputa.

Sobre la carretera hay un filtro de seguridad de la Policia Comunitaria de Aquila, ese lugar ha tenido ataques constantes de drones con explosivos; algunas casas tienen huellas de las explosiones en los techos y en las laminas: “Mire, ese hoyo lo hizo una bomba en un dron el otro día, nos atacaron de esa forma”.

Al entrar a la playa, se miran las casas abandonadas y los restaurantes solos y con huellas de deterioro, no hay ni un solo turista; Lucina entra a su cocina y prepara un coctel de camarín para las visitas y prosigue la platica: “Hemos seguidos siendo amenazados por ellos, no nos han dejado en paz, aún no podemos venir con toda la tranquilidad, pero, aquí está mi fuente de trabajo; es mi pueblo y tiene un precio muy alto sentimentalmente”.

Sobre el cómo se siente de vivir donde vive ahora, comenta: “Coahayuana es un pueblo seguro y nos recibieron con los brazos abiertos y nos dan seguridad, se está convirtiendo en un albergue, quizá de todo el pais hay personas, hay de muchos estados”.

“Ahí vivía mi hermana”, Lucina señala y avanza a una construcción en la orilla de la playa, con arcos grandes y una zona para mesas del restaurante; sin embargo, todo tiene polvo y está guardado. Igualmente dos enramadas contiguas, el clima empieza afectar y el abandono es notorio. Desde el aire, con vista de la cámara de un dron, la bahía es hermosa, pero abajo, ya no hay movimiento ni lanchas ancladas; solo una embarcación de un pescador, que paradójicamente se llama La última lucha.

Al preguntarle a Lucina sobre Pichilinguillo y esta “ultima lucha”, ella responde: “Para recuperar Pichilinguillo, es cuestión que nos eche la mano el gobierno, que les dé fuente de trabajo a esos niños y jovenes que andan en la violencia, lo mío nunca lo voy a dejar y voy a luchar por la tranquilidad de todos los que vivimos aquí ya que era una fuente de trabajo para muchas personas y comunidades y es triste que se haya acabado todo lo avanzado en muchos años; yo, en mi corazón, tengo en mi me mente que vuelva a renacer el paraíso que era antes, que vuelva todo a la normalidad y que volvamos a disfrutar, no será lo mismo porque hemos perdido familia”.

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