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Las viudas del ‘narco’, las olvidadas del gobierno; hay 2,500 sólo en Apatzingán

Redacción / @Michoacan3_0

Morelia, Michoacán.-La guerra contra el narcotráfico que inició el panista Felipe Calderón Hinojosa, y posteriormente retomada por el priista Enrique Peña Nieto ha dejado miles de viudas y huérfanos en el país. En Michoacán, sólo en Apatzingán hay 4 mil 800 huérfanos y dos mil 500 viudas, según informó el párroco del municipio, Gregorio López.

La mayoría de las mujeres no ha recibido apoyo del gobierno, ni del estatal ni del federal, como pueden han salido adelante, algunas venden comida, son trabajadoras domésticas, laboran en el campo y sus hijos han dejado de estudiar para trabajar en el campo y apoyar a sus madres económicamente.

Unas lloran a sus muertos, otras lloran a sus desaparecidos, y reclaman que en los diarios y en los medios de comunicación no se diga nada, señalan que las muertes y las desapariciones continúan, mientras el gobierno trata de ocultar todo lo que realmente pasa.

En un reportaje de la periodista Sanjuana Martínez y publicado por el diario La Jornada en su edición del domingo, revela que el ‘Padre Goyo’ se ha hecho cargo de los huérfanos y las viudas, ha creado un grupo de terapias para sanar su dolor y ha implementado alternativas económicas para apoyar a las familias, como la creación de tres cooperativas deshidratadoras de fruta.

Cada sábado se reúnen a las 19:00 horas, en las puertas del palacio municipal para rezar el Rosario. Después realizan una terapia en grupo e individual, las mujeres señalan que esto les ha ayudado a expresar su dolor y sanarlo poco a poco, aunque nunca olvidarán.

Sanjuana Martínez entrevista a las víctimas, una de ellas, tiene 46 años y manifiesta que perdió a 12 miembros de su familia, primero vivió el dolor de la desaparición de su familia, y ahora el duelo por la muerte. El pasado 26 de agosto, trabajaban en una huerta de limón en El Pitayo, en La Huacana, cuando un comando armado llegó por el cobro de piso y asesinó a 15 personas.

Entre ellos estaba su hija de 18 años, nietos y sobrinos de 12 y siete años, un bebé de un año y medio y otro de cuatro meses. El pasado marzo todos fueron encontrados en una fosa clandestina. Una de las jóvenes mamás tenía a su bebé en brazos, en señal de protección. Desde entonces, María Luisa acude a las terapias: Yo me quería morir, dice llorando, frente a sus compañeras.

Otra de ellas, es María Candelaria Flores. Tiene cuatro hijos. Su marido, Miguel Bermúdez, 36 años, trabajaba como taxista y desapareció cuando ella estaba embarazada. La última vez que lo vio fue el 25 de junio. “Salió a trabajar y ya no volvió. Sus compañeros me dijeron que los federales se lo habían llevado. Denuncié en Derechos Humanos, pero nunca se supo nada; hasta ahorita no se he sabido nada de él”.

Ahora es trabajadora doméstica y gana sólo 600 pesos a la semana. Su hijo mayor, de 18 años, dejó de estudiar para trabajar. Ahora es campesino y se emplea en la cosecha de limón: “Gana 70 pesos al día, pero con los camiones y la comida me llega con 30 pesos nomás. A veces nos quedamos sin comer, a veces sólo comemos una vez al día. Hay días que me regalan comida echada a perder y ni modo. Solamente Dios sabe cómo la paso y salgo adelante, dice.

Como ellas, existen miles de mujeres en la misma situación, actualmente existen tres cooperativas deshidratadoras de fruta en Apatzingán, pero tienen la esperanza de que pronto serán seis y en ellas trabajarán 60 viudas y jefas de familia.

Foto Sanjuana Martínez

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