HomeOpinión 3.0“Lo doctor no quita lo…” o la academia en la política
Con un click puedes recibir noticias gratis a tu WhatsApp

“Lo doctor no quita lo…” o la academia en la política

Orlando Aragón Andrade 

Al leer noticias, escuchar opiniones y pláticas es cada vez más común encontrase con el lamento y malestar de muchos michoacanos por la gestión del actual gobernador. El reproche que comúnmente se hace es que no se trata de un “político ordinario”, sino de una persona que proviene de un sector diferente como el académico y que supondría un comportamiento completamente distinto al que hemos presenciado en los últimos meses.

Para muchos michoacanos fue decepcionante que un ex-rector de la Universidad Michoacana mostrara conductas tan lamentables como su servilismo con personajes como el ex-comisionado Castillo, realizara un dispendio de recursos económicos como el que ha hecho en su breve gestión, expresara burdamente su apoyo al PRI y su desprecio e indiferencia por los ciudadanos que protestaban por la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa o por aquellos que denunciaban los feminicidios en Michoacán.

Más allá de lo anecdótico del personaje del actual gobernador de Michoacán, el cual por cierto fue vitoreado en su ungimiento justamente por su calidad de académico,  me parece relevante reflexionar sobre la percepción apolítica, neutral y pura  que la mayoría de la ciudadanía tiene en relación a la  academia.  A mi entender sólo bajo esta idea de un espacio más allá de lo político, de la mezquindad y del oportunismo vulgar es que se puede comprenderla profunda decepción social, popularizada en expresiones como “lo doctor no quita lo…”, como la ocasionada por individuos como el actual gobernador de Michoacán.

Esta percepción, sin embargo, no exclusiva de un amplio sector de la ciudadanía, sino compartida o usada por muchos de los actores de la política “institucional” (gobiernos, partidos políticos, etc.). De hecho, la letanía repetida por prácticamente todos los gobiernos y partidos políticos frente a un problema o un asunto público relevante de “¡no politicen este problema!”, es un ejemplo claro de que se considera que la mayoría de los asuntos y necesidades sociales son problemas técnicos y apolíticos sobre los que sólo los expertos pueden opinar válidamente y resolver de forma acertada.

De ahí que no pocos actores oportunistas provenientes de la academia aprovechen las dos condiciones que posibilitan su potencial “éxito” en esta dimensión “institucional” de la política, por un lado, el enorme analfabetismo de conocimiento científico de la mayoría de la clase política en México, y por el otro la gigantesca distancia que ésta también tiene con la sociedad, con sus problemas y con el propio sentido común de la gente que también es una forma de conocimiento.

La idealización de la academia y de las personas que en ella participan, no obstante, tiene otra expresión igualmente nociva en ámbitos políticos mucho más amplios que los institucionales. Ésta se manifiesta en las posiciones que, decepcionadas de la percepción casi inmaculada de la academia o de la arrogancia con que muchos de académicos actúan en campo, consideran de antemano negativa cualquier intervención de la academia en la esfera política “institucional” y “suprainstitucional” (movimientos, problemas y necesidades sociales, activismo político, etc).

Queda claro que estas dos expresiones de la referida idea de la academia dejan de lado que ésta se desarrolla en espacios ambiguos y en permanente tensión que distan mucho de su imagen idealizada. Basta pensar en las funciones básicas que tienen las Universidades en nuestros contextos para verificar esta afirmación. Es cierto que las Universidades son espacios de producción conocimiento que puede contribuir a la construcción de sociedades más justas y democráticas, pero también es cierto que al mismo tiempo son espacios que contribuyen decisivamente a la reproducción de las desigualdades sociales y del orden jerárquico imperante.

Por esta razón, de la academia pueden salir personajes mezquinos que velando únicamente por sus propios intereses apoyen, legitimen o encubran acciones ilegales o en contra de los intereses de la mayoría de la sociedad; así como personas que intervengan positivamente en un cargo público, en un partido político, en el trabajo comunitario, en los movimientos sociales o incluso que replanteen positivamente la escena política de todo un país como ha ocurrido recientemente en Grecia con SYRIZA y con PODEMOS en España.

La intervención de la academia en la política “institucional” y “suprainstitucional” es sin duda necesaria, ella misma se desarrolla en un campo de disputa por las ideas y por el conocimiento científico. Sin embargo, esta intervención es necesaria no en su formulación oportunista y mezquina. Tampoco bajo la típica actitud arrogante del científico salvador de la masa ignorante o analfabeta. Se le precisa, en cambio, de forma comprometida, solidaria y dispuesta a aprender del sentido común y del conocimiento de la gente. Sólo bajo esta articulación es que cobra sentido progresista la intervención de la academia en la política.

cropped-emancipaciones4

Tu opinión es importante:

comentarios

Comparte en: