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Lo que nos emputó fue que nos trataran como animales: desalojados #Video #Crónica #Fotogalería

Lo que nos emputó fue que nos trataran como animales: desalojados #Video #Crónica #Fotogalería


César Vázquez / @LetraMia

Morelia, Michoacán.-A la 01:00 de la mañana comenzó todo, una capilla de hermanos feligreses fue el punto de referencia, hasta el sitio comenzó a llegar la Fuerza Ciudadana, la calle aledaña era la indicada para estacionar la maquinaria pesada e ingresar al desalojo.

Jesús López Osorio, uno de los que serían desalojados, caminaba enfurecido porque ya se había acabado la última botella de alcohol que se compartieron entre cinco amigos. Llegó hasta la misma calle donde estaban reuniéndose los policías, de inmediato fue detenido, pero se valió del aliento alcohólico y dijo que iba a su casa, más arriba.

«A la chingada entonces, lárgate antes de que te agarremos”, fue la amenaza que le hizo uno de los elementos de la Fuerza Ciudadana, que comenzaban a invadir las calles aledañas a la loma, que ellos ya habían bautizado como La Nueva Florida.

Jesús disimuló que seguiría camino más arriba, pero lo único que intentaba era llegar a su choza, como pudo se trepó entre la cerca de ramas con espinas que colocaron los nuevos colonos. Alertó a sus vecinos, pero como sabían que siempre llegaba borracho nadie le prestó demasiada atención.

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Ante el desaire de sus vecinos, y viendo que era un grupo pequeño de policías, se dejó dominar por los efectos de la botella de aguardiente Uruapan que acababa de ingerir. Fue hasta las 5:00 de la mañana cuando el ruido de hélices de helicóptero lo despertó de nuevo.

“Cuando desperté, ‘Canas’, ya toda la gente andaba corriendo, llevándose sus cobijas o las sillas que tenían; yo corrí hasta donde me acordé que había dejado un paso entre los huizaches, pero ya estaban allí los policías, y cuando miré pa’abajo, había sirenas de patrullas por todos lados, allí reaccioné y empecé a escuchar las pisadas de caballos, era la policía montada que andaba sacando a la gente”, narra el vecino de un promedio de 40 años de edad.

Se ocuparon casi 500 policías de la Fuerza ciudadana y de la Policía Estatal, algunos aún con la leyenda de la Policía Municipal, para hacer un cerco por completo a las casi 500 viviendas que habían invadido desde hace un par de semanas la falda del Cerro del Punhuato.

“La gente salía corriendo como podía, porque la pinche policía andaba feo, sacando a la gente y viendo a ver que se podían chingar”.

El helicóptero servía como aspiradora, a una altura promedio de 20 metros pasaba cerca de las casas que cedían a los ventarrones, láminas, cartón, plásticos y lonas salían volando.

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A las 06:00 de la mañana los policías y el ventilador aéreo ya habían conseguido lo que querían, no había ningún alma en el terreno otrora utilizado para sembrar maíz. Fue el momento indicado para que entraran las retroexcavadoras a terminar de hacer la limpieza.

Con sus feroces palas y en la ladera empinada, la máquina levantaba las chozas de cartón sin el más mínimo esfuerzo, pronto comenzó a peinar la zona para dejar sólo la marca de neumáticos donde antes dormía la gente en casas de cartón.

“Y la pinche ‘Güera’ diciendo que ya había un pacto con ‘Chon’ (Orihuela), que no nos iban a desalojar, hasta nos llevó a la feria, nos dijo que iba a ir la Banda Limón, y que allí nos iban a pasar lista para regularizar los terrenos, por eso fuimos”, explica Jesús, al hacer referencia al evento del domingo pasado donde el PRI reunió a la gente con engaños para respaldar a su candidato a la gubernatura.

Pero nadie peló a Crescencia María Edith López alias la ‘Güera’, dirigente de los colonos y quien aseguraba era la portavoz de Ascensión Orihuela, ella les dijo que a cambio del apoyo tendrían un terreno, “júntense todos, ahorita vamos a ir a hacer un plantón a Casa de Gobierno, pa’que nos salen con chingaderas”, decía.

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Pero ya nadie le hizo caso, en lugar de ir al plantón la gente intentaba rescatar algo de sus chozas, las sillas, las camas, los colchones, la madera y hasta las láminas, hubo quien sí lo consiguió, pero a otros los policías los trababan como escoria.

“Eso es lo que más nos emputó ‘Canas’, que nos trataran como pinches animales, por eso nos les fuimos encima a esos perros policías”, continúa narrando Jesús.

Fue en la principal calles que daba al nuevo paraje de habitantes, allí se hizo un cerco policiaco para impedir que la gente siguiera sacando sus cosas, porque la máquina podría pasar por encima de ellos.

La trifulca la prendió doña Carmela, que con una muleta bajo un brazo se acercó hasta el cerco de policías, en la diestra sosteniendo un martillo, pedía que la dejaran pasar por su madera.

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De pronto la señora reconoció a un comandante: “ya te vi, hijo de tu chingada madre, tú secuestraste a mi marido,  cabrón; ven acá pa’ romperte tu madre, a ver si es lo mismo que con los cinco policías que traías, vente ahorita cabrón, vamos a arreglarnos».

El aludido dio un paso atrás, y pronto los escuderos le taparon el rostro para que las cámaras no lo grabaran; “pa’ qué te escondes cabrón, aquí estoy, no decías que también ibas a venir por mí. Véanlo, ese hijo de perra es el que se llevó a mi marido”.

Y cuando doña Carmela lo señalaba con el martillo, como en una escena de ciencia ficción, del azul celeste cayó la primer piedra, luego otra y otra, la gente comenzó a apedrear a los de la Fuerza Ciudadana.

Los policías no se hicieron esperar y rápidamente descargaron sus armas con bolas de gas pimienta; pero la gente de abajo no se amedrenta tan fácil, por cada bala que arrojaban las pistolas, había una piedra que iba a dar al escudo de los granaderos.

El encuentro era en una calle pavimentada, las piedras se acabaron pronto. Un comandante miró el momento de la tregua y pidió también más balas pimienta.

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Es fácil accionar un arma automática, pronto los policías dispersaron a la muchedumbre compuesta por jóvenes y señoras.

Pero la gente se reagrupo nuevamente, a las 12:00 del día seguían los enfrentamientos, la gente con coraje arrojaba piedras y botellas a los representantes del gobierno. Pronto se incendiaron llantas para definir el terreno, hasta allí no llegan los policías.

No hay heridos de gravedad, salvo algunos daños materiales y cinco detenidos, los paracaidistas finalmente fueron desalojados.

“Yo sí les aventé piedras ‘Canas’, pa’ que te digo que no; pero son unos hijos de la chingada, ve no’más como nos tratan, como estaban golpeando a la señora allá abajo”, confiesa Jesús, cuando ve al reportero mientras disimuladamente garabatea la narración.

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