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Los desarraigados de Morena

Las encuestas continúan fluyendo en cascada, algunas irrisorias como las de Massive Caller y otras respaldadas por firmas prestigiadas como Mitofsky. En ellas hay datos que por reiterados cobran mayor credibilidad; por ejemplo, que levantar la aprobación del Gobierno del Estado es una tarea cuesta arriba, y que Morena lidera las preferencias del voto con una considerable ventaja de 2 a 1 sobre su más cercano adversario, el PRI.

 

A pesar de que la oposición ataca a su gobierno de manera sistemática, AMLO mantiene una buena valoración entre los ciudadanos, lo que impacta de manera positiva en la marca Morena. En este contexto se mueven los desarraigados; es decir, aquellos que llegaron a un cargo público o representación popular impulsados por el partido guinda sin ser militantes, y los que vienen de otros partidos con la intención de sumarse a sus filas.

 

Paradójicamente, son los desarraigados de Morena los que han asumido un rol más protagónico en la lucha por las candidaturas de cara al 2021, y esperan que el partido los abandere tal como ocurrió en el pasado; es decir, sentarse a la mesa cuando el banquete ya está servido, y sin tener que involucrarse en la complicada vida partidista.

 

En la encuesta que Mitofsky dio a conocer este lunes, figuran como posibles candidatos del partido guinda a gobernador: el senador Cristóbal Arias Solís, el diputado federal Carlos Torres Piña, el alcalde de Morelia Raúl Morón Orozco, y el legislador local Alfredo Ramírez Bedolla, quien es el único que milita en Morena desde antes de su registro como partido político.

 

Entre los fundadores y militantes del partido permea la impresión de que la cuarta transformación aún no les ha hecho justicia, y que en el pasado proceso electoral otros llegaron a cosechar lo que ellos sembraron. Para muchos, el 2021 es el momento de saldar esa deuda.

 

El Consejo Estatal de Morena, máximo órgano de dirección partidista, salió a flote el sentir de los fundadores y militantes del partido guinda, quienes exhortaron a Cristóbal Arias y a Raúl Morón, a que dejen de ostentarse como candidatos de esta fuerza política; al parecer, el extrañamiento no es fortuito, porque hasta los morenistas ha llegado la versión de que el senador, quien fuera perredista de viejo cuño, en sus giras por el interior del estado ya se presume gobernador.

 

Al interior del partido guinda en Michoacán se percibe cierto desdén de los desarraigados; no necesitaron militar en el partido para llegar al cargo que ahora ostentan y en los hechos demuestran que no les interesa participar en la vida partidista ni generar un sentido de pertenencia a la fuerza política que lidera Andrés Manuel López Obrador.

 

Incluso, Cristóbal Arias fue más allá: aseguró en un acto público que él tiene una mejor estructura que Morena; al desdén que ha mostrado, se suma el desprecio manifiesto a la capacidad organizativa del partido.

 

El senador es correspondido por los militantes morenistas que lo mantienen bajo sospecha por dos razones: la suspicacia que género el que no se adhiriera al posicionamiento de los senadores michoacanos en contra de que Silvano Aureoles contrate más deuda pública, y el origen del financiamiento de las 60 casas de enlace que ha abierto en el estado.

Las diferencias entre los fundadores de Morena y los desarraigados que hoy ostentan los cargos públicos y de representación popular es evidente; sin embargo, el partido liderado por AMLO debe encontrar la forma de llegar en unidad al 2021, porque una división de los candidatos respecto a las bases partidistas puede generar la grieta que rompa el dominio que hoy mantiene en las tendencias del voto.

 

Es legítimo que quienes ayudaron a construir el partido, y militaron en él desde los tiempos de vacas flacas, quieran ser tomados en cuenta e incluidos en la propuesta electoral de Morena en el 2021; sin embargo, desde ya tienen que comenzar a cerrar filas en torno a un candidato a la gubernatura que les sea afín, y emplearse a fondo para construir su liderazgo no sólo partidista, sino también de identificación social. Hay buen tiempo para iniciar, pero no para aplazar más esta tarea, si no, nuevamente tendrán que dar un paso al costado y dejar que otros se sienten a la mesa.

 

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