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Los “golpes blandos” o golpes de estado

Los “golpes blandos” o golpes de estado

Por: José Guadalupe Bermúdez Olivares

En la vida muchas cosas nos llegan a parecer “increíbles” de que así sucedan, nos sorprende y cuesta trabajo entenderlo, como fue el caso de Heidegger, pensador alemán que influyó en las ciencias a través de la fenomenología moderna y sin embargo sirviera, en franca contradicción, al nazismo.

Los que vivimos el “golpe blando” conocido como “el desafuero” que los poderes fáticos impulsaron contra Andrés Manuel López Obrador en el 2004-2005, con el argumento “legal” de que el gobierno de Andrés Manuel expropió un predio que daría acceso a un hospital violando el derecho particular de la propiedad, entendimos que los magnates de los medios de comunicación en alianza con jueces corruptos podían vender sus posibilidades de maniobra de la opinión pública en contra de un adversario político, con el argumento de violación a la Ley. El golpe fue orquestado por la derecha, al frente Fox y los priístas, con el nefasto Diego Fernández de Ceballos moviendo los hilos de la legalidad. Increíble nos parecía la judicialización de la política, la guerra jurídica o guerra judicial orquestada para tratar de someter y eliminar a un adversario a la presidencia de la república.

La pregunta es una búsqueda, por lo tanto, elaborar la pregunta por el ser, significa que un ente, el que pregunta, se vuelva transparente, explicaría Heidegger ante la pregunta por el sentido de ser. Esto cobra sentido cuando ante un fenómeno social o simple hecho, tratamos de ser nosotros mismos, al preguntarnos para escarbar y llegar a la verdad, un proceso de pensamiento que provoca ser en sí, y no ser de los demás, o dicho en otras palabras, tomar conciencia de lo que sucede y no dejarse llevar por lo que otros dicen. En el caso del desafuero al que hago referencia, millones logramos entender que aquél “golpe blando” tenía intenciones y era una guerra, por eso la movilización logró desactivar el desafuero, por cierto ya aprobado por los diputados panistas y priístas.

Recientemente vivenciamos otro “golpe blando” en el país vecino del Perú, contra Pedro Castillo, maestro rural, dirigente sindical de izquierda enfrentado a las fuerzas de Fujimore, que logró ganarle a la derecha y llegar a ser el presidente, al igual que en México se orquestó una guerra jurídica para cubrir el golpe de estado y hacer caer al gobierno de izquierda. Similar sucedió con Evo Morales y su gabinete en Bolivia en 2019, golpe de estado que no duró mucho porque el pueblo boliviano supo reponerse.

Esta misma estrategia ha sido aplicada contra Dilma Rousseff y Lula da Silva en Brasil, Cristina Fernández de Kirchner en Argentina, Rafael Correa en Ecuador, Fernando Lugo en Paraguay, Thelma Aldana en Guatemala, que junto con las experiencias en Perú, Bolivia y México, son parte de una persecución judicial, también llamada Lawfare, un tipo de golpe de estado con la utilización de los medios de comunicación para maniobrar a la opinión pública y usarlas a favor del golpismo; se trata de utilizar un argumento jurídico para provocar repudio popular contra un oponente, esto permite lograr resultados contra los adversarios políticos a través de provocar el repudio de la población.

Lawfare, llamada así esta “guerra blanda” ha sido utilizada para cuestionar el quehacer de diversos gobiernos en el mundo y justificar la utilización de la fuerza armada contra esas naciones supuestamente para defender los derechos humanos, cuando en realidad lo que se ha buscado es hacer caer gobiernos para poner a títeres que permitan el saqueo de sus recursos naturales. Para intervenir a otro país, casi siempre desde los Estados Unidos de Norteamérica, se usa las fuerzas armadas, pero cuando aparentemente es un problema interno, se utiliza al poder político con los medios de comunicación sin necesidad de utilizar las fuerzas militares, manipulando las divisiones internas y las redes sociales.

Esta “guerra mediática” y “guerra jurídica” se ha intentado en México en los tiempos recientes, como lo fue con aquella consigna de “El INE no se toca”, donde se forzó a miles de trabajadores a marchar para no perder su trabajo, tratando de detener las acciones que pondrían un alto a los abusos del Instituto Nacional Electoral, que de no haber respondido Morena con otra manifestación, la estrategía habría continuado hasta convertirse en un “golpe blando”. Para evitar que crezca la “guerra mediática”, la mañanera es el mejor antídoto a intenciones golpistas, la visión de Andrés Manuel López Obrador fue atinada para detener el impacto de los voceros de los poderes fáticos.

¿Lawfare se usa solamente contra gobiernos?, la respuesta es no, se usa contra líderes políticos fuertes que son un riesgo para los conservadores. Claudia Sheinbaum Pardo, es la aspirante fuerte para suceder a Andrés Manuel López Obrador, es la que garantiza la continuidad de la Cuarta Transformación, por lo tanto es la visible para que intenten darle un “golpe blando” y no necesariamente desde dentro de Morena, sino los mismos poderes fáticos y tener un candidato que podría dar marcha atrás a algunas medidas anticorrupción emprendidas por el presidente. Los seguidores de Sheinbaum nos obligamos a estar alertas para responder a un intento de los conservadores.

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