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Los guerrilleros, ¿valientes, terroristas o locos?; una breve historia de la discusión

 

Gerardo Baltazar

El pasado 17 de septiembre se cumplieron 46 años del asesinato de Eugenio Garza Sada. Como es sabido, aquel día de 1973 un comando armado de la organización guerrillera Liga Comunista 23 de Septiembre intentó secuestrar al empresario regiomontano. En el acto se desató una balacera que dejó como saldo la muerte de Garza Sada, de su chofer, un escolta y un par de guerrilleros.

La reciente polémica que se ha generado por lo escrito por el -hasta el momento de redacción de este artículo- director del INEHRM Pedro Salmerón, ha mostrado que el periodo conocido como Guerra Sucia en México es un proceso que sigue abierto. La significación actual que se asigna a los actores involucrados continúa siendo un espacio en pugna, genera debates no sólo en la academia sino en diversos sectores de la sociedad.

El tema ha sido discutido en diversas columnas. Dicho sea de paso, no es para nada casual que los ojos de la opinión pública se dirijan a las guerrillas en una fecha como esta. Desde su periodo de aparición el tema de las guerrillas mexicanas era foco de atención de la prensa únicamente cuando realizaban operaciones armadas, como el antes mencionado intento de secuestro de Garza Sada.

Considerando que el motivo de la indignación ha sido el adjetivo empleando por Pedro Salmerón para referirse a los integrantes de la LC23S: “jóvenes valientes”, me parece necesario incluir en la discusión el modo en que históricamente han sido adjetivadas las agrupaciones guerrilleras mexicanas.

Evidentemente, la prensa del periodo denostó sistemáticamente a los guerrilleros, desde su momento de aparición, en 1965 y sobre todo en las coyunturas marcadas por sus operativos armados. A continuación, transcribo, como botón de muestra, algunos fragmentos de textos y discursos de Octavio Paz, Roberto Blanco Moheno, Luis Echeverría Álvarez y columnistas que escribían con seudónimos en el periódico La prensa (usted juzgue lo valeroso o pusilánime de tal acto) en los que abordaron el tema de estas agrupaciones.

El entonces gobernador de Chihuahua Práxedes Giner Durán declaró luego del intento de asalto al cuartel militar en Ciudad Madera el 23 de septiembre de 1965, que los guerrilleros eran “una bola de locos mal aconsejados”. Luego de una operación armada en la que participó la Asociación Cívica Guerrerense, encabezada por Genaro Vázquez, en la columna del periódico La prensa, “Política en Rocas”, firmada con un seudónimo se asentó que

“Genaro Vázquez va puliendo su personalidad congénita de desadaptado social y de paranoico en la que se conjugan de manera oscilante dos elementos, el odio y el afán enfermizo de poder. (…) cuyas ideas, no tienen otra motivación que un odio primario”.[1]

Días después del asesinato de Garza Sada, en el mismo periódico La prensa, se dio un detallado análisis de los guerrilleros:

“El hampón [o sea el guerrillero], víctima- a juzgar por los análisis de laboratorios- de un hogar mal constituido, del hambre y de una serie de factores internos y externos, resultó una especie de sujeto acorralado por todos nosotros. Por usted, que me lee; por la policía, que lo reprime; por el juez, que lo condena; por la esposa, que no lo entiende; por los padres, que fueron indiferentes a su desarrollo mental y anímico (…) víctima de extraños complejos, según los estudios de tipo freudiano y de su discípulo Adler- no encontró una válvula de escape a sus angustias, a sus desdichas y al sufrimiento que le proporcionaba la vida y se echó un fusil al hombro y salió a matar gente. (…) Para ello se disfrazó de guerrillero, se cubrió con la capa de extremista y buscó la forma de obtener dinero para sus ‘camaradas de lucha’ y para él mismo, por supuesto.”[2]

No sólo desde la comodidad del libelo y el periodismo oficialista se adjetivó a los guerrilleros, el propio Octavio Paz escribió en las páginas de la revista Plural, que

“Los extremistas pertenecen a la clase media y en sus actos e ideologías son determinantes, como lo fueron en los de los jóvenes fachistas de la década anterior a la segunda guerra, la desesperación, la inseguridad psicológica y las tendencias inconscientes al suicidio.”  [3]

El escritor veracruzano y colaborador de la Revista Siempre! Roberto Blanco Moheno encabezaba sus artículos del periodo refiriéndose a los guerrilleros con los títulos “Como les gusta hablar de marxismo a estos tarados” “Ellos se dicen marxistas pero dan lástima, no saben con qué se come eso” “Marx, el hombre y el profeta. Su amargura produjo discípulos amargados”. [4]

Por si esto fuera poco, el propio presidente de la República, Luis Echeverría Álvarez en su tercer informe de gobierno se refirió a los guerrilleros como provenientes

“de hogares generalmente en proceso de disolución, creados en un ambiente de irresponsabilidad familiar, víctimas de la falta de coordinación entre padres y maestros, mayoritariamente niños que fueron de lento aprendizaje; adolescentes con un mayor grado de inadaptación en la generalidad, con inclinación precoz al uso de estupefacientes en sus grupos con una notable propensión a la promiscuidad sexual y con un alto grado de homosexualidad masculina y femenina” [5]

A los miembros del Consejo Coordinador Empresarial les indignó que se refirieran a los guerrilleros como “jóvenes valientes”. Se sumaron a la condena el conocido pacifista Felipe Calderón Hinojosa, la senadora Lilly Téllez, entre otros personajes. Probablemente estarían más conformes con cualquiera de las anteriores alocuciones.

Si la discusión es pues, sobre cómo significar desde el presente a los actores históricos del pasado reciente parece necesario considerar las anteriores denominaciones para poder visualizar si hemos superado o seguimos inmersos en la retórica que acompañó la confrontación entre el Estado mexicano y los grupos guerrilleros y que, finalmente, justificó su exterminio violento. No hay que olvidar que tras este discurso estigmatizante hubo muerte, torturas, desapariciones y encarcelamientos injustos.

Algunos empresarios discuten el término “valientes” para aludir a los guerrilleros, sin embargo, ellos recurren a un discurso rancio y para nada conciliador para debatir la cuestión. El presidente nacional de la Confederación Patronal de la República Mexicana (COPARMEX), Gustavo de Hoyos, publicó en su cuenta Twitter “Don Eugenio Garza Sada fue abatido por asesinos inspirados en el odio social que hoy se pretende revivir. Es inaceptable que desde el @INEHRM del @GobiernoMX, su director @HistoriaPedro llame ‘valientes’ a los homicidas. El presidente @LopezObrador_ debe deslindarse y removerlo”.  Como vimos, el Movimiento Armado Socialista fue etiquetado por la prensa nacional de irracional, iracundo, oportunista, extranjerizante, loco, terrorista, etc. A décadas de distancia valdría la pena analizar y discutir críticamente este discurso que, como muestra lo escrito por Gustavo de Hoyos, sigue permeando en la esfera pública.

No se trata de reclamar una historia acrítica o apologista del Movimiento Armado Socialista. Tampoco la contraparte ya exhibida por Enrique Krauze. He optado por transcribir los textos con la finalidad de que cada quien saque sus conclusiones en la polémica de estos días. Personalmente suscribo lo que ya ha sido señalado por otros: la resignificación de los que han luchado contra el autoritarismo y la opresión en el pasado reciente es algo que ciertos grupos no pueden permitirse y una asignatura pendiente para el Estado mexicano. Las batallas por el pasado son siempre batallas por el futuro.

 

[1] En Jacinto Rodríguez Munguía, La otra guerra secreta, México, Ed. Grijalbo, 2013, p 167.

[2] Sansón Radical, “Reflexiones políticas”, La prensa, 1 de octubre de 1973, pp. 9, 33.

[3]Octavio Paz, “Los centuriones de Santiago”, Revista Plural, No. 25, octubre de 1973, pp. 49-50.

[4] Roberto Blanco Moheno, “Ellos se dicen marxistas pero dan lástima”, Revista Siempre!, Núm 1074, 23 de Enero 1974, p. 14; “Como les gusta hablar de marxismo a estos tarados: la generación idiotizada”, Revista Siempre!, Núm. 1064, 14 de noviembre 1973, p. 18; “Marx, el hombre y el profeta. Su amargura produjo discípulos amargados”, Revista Siempre!, Núm. 1075, 30 de Enero 1974, p. 24-25.

[5] En Laura Castellanos, México armado 1943-1981, México, Era, 2007, p. 225.

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