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A Lupita Vargas con Aprecio, aunque sin Presea

Graciela Carmina Andrade García Peláez

Acostumbrada a nadar en el río, en calzoncillos y sin morbos, reía junto a sus hermanitas y los chiquillos del pueblo, convocados a pescar con la mano, así vivía Lupita cuando la muerte de su madre la obligó a la madurez, cambió risas y corretizas por meneos canturreados para dormir al más pequeño, se hizo docta en la cocina con la leña y el fogón, menuda, bella y güerita, de escasa estatura se hizo grande lavando, barriendo, sacudiendo, torteando y como podía, corriendo a la escuela.

Llegó a vivir en hoyos cavados entre las montañas para no ser devorada por animales, en los malos días sin suerte, en los que su padre apostaba hasta la casa, -ahora al cerro, ahora en casa, ahora con la tía, ahora en un cuarto- así se fueron acumulando soles y lunas entre sus pestañas.

A los doce huyó con su maestra de primaria, se la trajo a Morelia, maestra que se compadeció del temblor de piernas y la taquicardia que Guadalupe sufría al ver al viejo ricachón con el que su padre la tenía “comprometida”. De noche, en silencio, con apenas su vestido, una muda y sus zapatos, salió de su casa para venirse al mundo de la capital.

Luego de la primaria, entró a trabajar en el comercio, era buena para hacer cuentas y ordenar las cosas, viva para aprenderse nombres y lugares, imitaba la imagen de su maestra, y de poco en poco, llegó el momento de hacer posible la secundaria, para eso tendría que aprender a caminar y sobrevivir las noches, -se inscribió en la nocturna-. Por los años sesentas quedó dibujada su silueta caminando en la lluvia y con las lágrimas acompasando el frío y la desesperación de sentirse sola. Corría en las calles oscuras, venciendo acosos, miedos, pobrezas y abandonos.

La casa de estudiantes a la que ingresó, le supo como a milagro, por ésta pudo estudiar la prepa y con unos ovariotes, se fue a inscribir a la Facultad de Ingeniería Eléctrica, ya llevaba muchos años de entrenamiento adrenalínico, así que fue la primera o de las primeras matriculadas en tan rarísima carrera “para mujeres” en ese entonces.

Lupita Vargas, se volvió de la Michoacana, y junto con ello, mujer de lucha y de convicciones revolucionarias. Estando en la prepa fue comisionada para llevar un saludo a los del movimiento del 68, eran las épocas de la concientización de clases, de la Central Nacional de Estudiantes Democráticos y del ejército entrando a reprimir estudiantes en el Colegio de San Nicolás, y ella moldeando su vida con círculos de estudio, hilvanando amores extraños por Marx, Engels, Lenin y todo los que presentará una esperanza para el proletariado.

Las matemáticas la seducían más que sus acompañantes, pero al fin se casó, y tuvo dos hijos, aunque poco a poco retomó su maternidad amplia con el cuidado de sus hermanas. Se hizo docente de asignaturas duras como Física, Matemáticas y Metodología de las Ciencias, en la Prepa 4, donde siempre impulsó de sus alumnas, y promovió la participación consciente de todos, para terminar con la explotación del ser humano por el ser humano.

Como docente se caracterizó por participar con ponencias, debates y propuestas para la reforma del Bachillerato Nicolaita, con la finalidad de promover la investigación y el pensamiento crítico desde el nivel medio superior. Promovió la apropiación del método científico por los estudiantes del bachillerato. Participó en foros y congresos sobre la enseñanza de las matemáticas y de la física en el nivel medio superior.

Se distinguió por no encerrar su labor en el aula y promover la participación crítica y consciente del estudiantado nicolaita, siempre defendiendo la autonomía y la dignidad universitaria, por ello se le extraña y se le reconoce.

Fue miembra fundadora del Sindicato Único de Profesores de la Universidad Michoacana (SPUM) y promotora de la defensa de los derechos de la mujer, impulsó los temas de equidad de género y promovió ampliamente la organización y participación de la sociedad en apoyo a la población más vulnerable, participó en movimientos de colonos por el derecho a la vivienda y formó círculos de estudio con obreros, amas de casa e intelectuales orgánicos.

En 1988 se sumó a la ola y el entusiasmo michoacano por democratizar al país y  de manera fuerte y optimista impulsó la campaña del Ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, que concluyó, luego del fraude, en la fundación del Partido de la Revolución Democrática.

En ese instituto político, cuando la coherencia y la dignidad lo caracterizaban, ocupó  carteras importantes en los periodos dirigidos por Cristóbal Arias, Antonio Soto y Raúl Morón, como responsable de prensa, secretaria de derechos humanos y de la mujer, respectivamente.

Fue tres veces consejera nacional, delegada nacional y en diversos periodos ocupó carteras y representaciones en los Consejos Municpales de Morelia. Su voz crítica y su compromiso con los más necesitados acompañaron su trayectoria de militancia perredista, hasta el año 2016 en el que decidió sumarse al Movimiento de Regeneración Nacional y apoyar fehacientemente la candidatura de Andrés Manuel López Obrador, como lo hizo en los años 2006 y 2012 desde el PRD.

Siempre se distinguió por ser pionera en actividades de género: desde hace 35 años comenzó a impartir, organizar y participar en talleres de mujeres emprendedoras; en la creación de políticas sociales para las mujeres, participando en las Conferencias y Congreso Nacional de las Mujeres del PRD, donde se propusieron cambios sustanciales a las leyes que no sólo crearon los institutos nacionales y estatales de las mujeres sino que promovieron en todos los ámbitos de la vida de la mujeres,  la paridad de género como bandera de lucha para fomentar la participación política de las mujeres por méritos propios.

Participó en la organización y promoción de mujeres en la mayoría de los municipios del estado y se distinguió por organizar a las mujeres de las colonias más pobres de Morelia, que hasta la fecha y, aún con su debilidad física, continúa organizando e impulsando. A Guadalupe se le reconoce, respeta y se le quiere en todas las colonias populares y marginadas del Municipio de Morelia.

Fue funcionaria pública en diversas administraciones de distintos colores partidistas, en el Ayuntamiento de Huetamo como Jefa de Comunicaciones Eléctricas; en el Gobierno del Estado, como Oficial Administrativo, Auxiliar Contable y responsable de la Casa Natal de Morelos en los periodos de Agustín Arriaga Rivera y del Ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, así como Subdirectora y Directora de las delegaciones territoriales de la zona centro en la Secretaría de Desarrollo Social del gobierno de Lázaro Cárdenas Batel, donde constituyó 67 Comités de Desarrollo Comunitario en Morelia, en las colonias más populares y marginadas que hasta ahora siguen trabajando autogestivamente para darse y agenciarse la medicina natural y todo lo que necesitan para cubrir sus necesidades y tener una vida digna.

En la administración de Godoy,  se encargó de la Dirección de Atención a Familias en Estado Vulnerable y Enlace Municipal del DIF Estatal, donde más de 12, 600 escuelas primarias fueron atendidas con desayunos escolares además de apoyar a organizaciones sociales de niños de la calle, alcohólicos anónimos, asilos de ancianos, casas de asistencia social en los 113 Municipios, a través de los programas de asistencia social y alimentaria del DIF nacional, estatal y municipal. Trabajo enorme por el que debilitó fuertemente su salud y afectó permanentemente sus riñones.

Impregnó de compromiso y sencillés la función pública y jamás ha abandonado la militancia, con Doña Amalia Solórzano participó en la organización y gestión del Primer Congreso de las Mujeres en la Participación Política, celebrado en San Lázaro en el año de 1988, donde decidió y para siempre caminar junto, por y para las mujeres de Michoacán y del país.

Acompañada por una eterna sonrisa, un carácter implacable para organizar y defender a quienes más lo necesitan, apegada a la ciencia y al método científico, Guadalupe Vargas Alvarado  fue propuesta por 16 organizaciones sociales a la Convocatoria a la Presea Amalia Solórzano Bravo, viuda del General Lázaro Cárdenas del Río expedida por la Secretaría de la Mujer del Ayuntamiento de Morelia.

El cabildo moreliano le negó a esta mujer de 70 años, de férreo compromiso y de incansable espíritu, dicho galardón. Desconozco las causas y el mérito de quien lo vaya a recibir, pero segura estoy que las 16 organizaciones y el pueblo que la conocemos y la propusimos estamos más que dispuestos a galardonarla con una y más preseas en un acto simbólico y popular, en el que habremos de recordar que las élites no siempre son justas, y que la finura y la delicadeza de Doña Amalia Solórzano, hubiese sonreido picaramente en cada una de las travesuras políticas y decisiones de vida de Guadalupe Vargas Alvarado, mejor conocida como Lupita Vargas, entrañable y querida mujer de lucha a quien a través de este medio, le grito con el corazón, que la Aprecio, y la Preseo.

 

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