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Madres generan actividades recreativas para sus hijos sin clases

Visitas a museos y centros recreativos, son las actividades que a iniciativa de madres de familia se han generado para los niños que se quedan sin clases los últimos viernes de cada mes, por suspensión de actividades de la Secretaría de Educación en el Estado (SEE).

Ana María Aguerrebere, quien fuera promotora cultural varios años en la SEE, junto con otras madres de familia, “sensibles y juguetonas”, habla de una iniciativa surgida “a puerta de escuela”, como dice, para que sus hijos y otros niños no se quedaran “sin hacer nada”.

“La SEE dice los últimos viernes del mes no vamos a trabajar, entonces nosotros sí trabajamos”, señala. “Nosotros usamos la suspensión para aprender”.

A esta iniciativa, surgida desde el año 2018, se han sumado niños que provienen de escuelas diversas, al integrarse otras madres invitadas por el grupo original. Se trata de reunir, “amigos que no se pelean, entre ellos se buscan como niños que son y las mamás les seguimos el paso, si aguantan en un Museo vamos a otro y si aguantan, vamos a otro”, dice entre risas.

Por escrito, antes de los viernes últimos de cada mes, las madres solicitan los espacios en los museos, especifican cuántos menores son y plantean la actividad como una visita-taller: “si queremos una visita guiada, de cuántos minutos, si queremos un taller o si queremos un taller desde nosotros mismos, entonces pedimos ayuda y que no nos saquen a patadas (…) La visita es un goce estético también en conjunto, la plática; el taller es el producto que es individual, pero también es en grupo”, señala sobre las dinámicas en los lugares que visitan. “Algún día iremos a Palacio de Gobierno y haremos un mural portátil”, dice optimista.

“Siempre te dicen, qué bueno que hacen esto, ojalá que vengan más mamás con niños, con grupo. Por ejemplo en el Museo del Reciclaje, de sólidos, que depende del Ayuntamiento, nos sentimos encantados, porque casi nos peleaban en su grupo”, refiere acerca de la experiencias, donde “no falta a quien le duela la panza o quiera beber algo, pero se aguantan porque es un proceso de aprendizaje sobre el uso de los desechos en el jardín, sobre los cuidados del agua…”.

La madre, “agente educativo”

El dónde ir es una planeación conjunta entre las madres y los niños. Aguerrebere destaca el papel de las madres como “agente educativo”, al destacar que son “las que tienen el valor de hacer lo imposible” porque los hijos se entretengan, no sin dejar de señalar que no en todas permea este ánimo; “defendemos y estamos en nuestra comodidad”, reconoce.

De los lugares que han recorrido, destaca al Museo de Arte Contemporáneo Alfredo Zalce”, ubicado en el Bosque Cuauhtémoc –“sacamos a los murciélagos y entramos nosotros, no queremos competencia”, dice entre carcajadas-, el Museo del Reciclaje, del Ayuntamiento de Morelia –“nuestro favorito”-, y el Centro Cultural Clavijero.

-¿Qué representa para usted esta actividad, como persona, que ya es abuela…?

“Es un dar lo que recibí en realidad. Yo tuve un abuelo muy buena onda que me jalaba el domingo al museo y yo feliz. Visité el Centro de la Ciudad de México con él y con mi hermano, con motivo de los 15, los 16 años, nos llevaba y eso era para mí conocer personas, cada persona es un mundo, y los niños quieren conocer, cuando están encerrados en sus casas se vuelven muy violentos, yo digo que no se vale, deben de salir las mamás, armarse de valor, porque son más que su mitad, los hijos, y culturalmente ya sabes, ´para eso está la señora, para que cuide a los niños´… Si hay esa posibilidad, de que por algún motivo la mamá tiene esa capacidad de ser sensible y juguetona, entonces pues que salga y visite estos museos, porque realmente no es para sufrir sino para alegrarse, para mí un museo es un mercado, puede ser una calle, todo lo que te permita observar algo diferente, aunque no tenga marca registrada, nombre de espacio público que se vuelve privado, porque de repente los espacios ya no son tan públicos”, dice Aguerrebere, originaria del País Vasco.

Ante la generalidad de que la atención de los niños está absorbida por las pantallas de celulares o de tablets, dice: “No todos, con niños estuve hasta el 2015 como promotora cultural, ya luego nada más como promotora de lectura y escritura”, donde narra como experiencia con escolares de Jesús del Monte, el ejercicio de llevarlos a la oficina de Correos en Santa María, donde surgió la idea de que escribieran cartas a otros amigos y éstos las contestaban. “Es importante que conozcan el entorno”, dice, y advierte que los menores del área rural, de las Tenencias de Morelia, se ven obligados a salir de su comunidad por el abandono docente de las aulas y buscan inscribirse en el área urbana.

“Es triste ir a perseguir la educación”, señala.

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