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“¡O ella, o nosotros!”, a Marisela la silenciaron a pedradas

Morelia, Michoacán.- A Marisela la silenciaron a pedradas la madrugada de un sábado, cuando aún faltaba un puñado de horas para amanecer; -¡o ella, o nosotros!- fue la sentencia de “El Dimas”, ejecutada sin miramientos por cuatro decididos verdugos.

En la Zona Poniente de Morelia, en una brecha que conecta la unidad habitacional Arko San José con El Parián, el 14 de marzo del 2020 –cuando recién amanecía- fue encontrado el cuerpo de una joven mujer semidesnuda, sin identificación y con la cabeza destrozada. Se trataba de Marisela.

San Lorenzo Itzícuaro, San Pascual, San Juanito Itzícuaro, San Isidro, Tinijaro, El Parián y Tzindurio, entre otros, eran asentamientos rurales o suburbanos que daban vida a la parte poniente de la capital michoacana a finales del siglo XX.

Ahora el crecimiento de la mancha urbana transformó no sólo el paisaje, sino también las dinámicas con que se relacionan y desarrollan quienes habitan esa zona.

San Juanito Itzícuaro, está catalogada por la Secretaría de Igualdad Sustantiva y Desarrollo de las Mujeres del Estado, una de las cuatro colonias morelianas más peligrosas para las mujeres.

El 13 de marzo poco antes de las 20:00 horas un grupo de amigos llegó a el bar El Sinaloense, ubicado en la avenida Madero Poniente de Morelia, le tocó esperar un rato porque el lugar aún no estaba abierto. Todos eran del rumbo de San Juanito Itzícuaro, según identificaron días después en sus declaraciones, empleados del bar.

Historias de familias rotas, de domicilios que son utilizados como casas de seguridad en los fraccionamientos fincados en la zona, de violencia familiar, de tiradores de droga, de submundos delincuenciales que se vuelven la única posibilidad de futuro para cientos de personas. Así son las historias que se cuentan en voz baja en el poniente de Morelia, donde el señorío de ciudad colonial que tanto engalana los promocionales turísticos, no encuentra asidero en el día a día de quienes ahí habitan.

Quizá Marisela fue antaño de aquellas adolescentes que, a bordo del camión suburbano rumbo a San Juanito, ven en el chofer al capitán del barco que desafiando toda inclemencia natural y humana, las rescatará para sacarlas de la pesadilla diaria y edificar el sueño rosa, mientras los corridos, narcocorridos y el reggaeton para “el perreo” y el “neoperreo” atrofian a todo volumen los sentidos de los pasajeros.

Piel de manzana –aludiendo a Serrat- seguramente fue Marisela de adolescente, delgada, tez morena, y con su pelo castaño y ondulado. En eso del caminar de tiempo y vida, tuvo cuatro hijos –dos con Eduardo y dos con Erik- y una dependencia al alcohol que dejó rastros en su frío cuerpo, cuando al mediodía del sábado 14 el médico forense le realizó la necropsia de ley.

La historia se cuenta en declaraciones, testimonios y actuaciones de las autoridades contenidas en la carpeta de investigación. La causa penal 1150/20 por el feminicidio de Marisela ya tiene dos vinculados a proceso: “El Chiquilín” y “El Uber”.

Acomodado en uno de los lugares de las mesas centrales de El Sinaloense, Omar “El Chiquilin”, texteaba por whatsapp la noche del 13 de marzo, sus acompañantes le preguntaron con quién hablaba y él les respondió que con una chava que quería invitar ahí con ellos.

Estaban en la mesa que normalmente utilizaba “El Dimas” como cliente VIP del lugar. Para los empleados era bien conocido porque era frecuente verlo ahí junto con “El Uber”, a quien consideraban su chofer porque era el que le manejaba su Vento Rojo marca Volkswagen del 2018, incluso se lo prestaba para que lo usara como Uber, de ahí su sobrenombre; algunos más ubicaban a “El Dimas” y sus amigos de San Juanito Itzícuaro, porque siempre los veían en el autolavado de ese lugar.

Ese viernes 13 Marisela salió con Eduardo, el padre de dos de sus hijos y compraron unos tacos para cenar. Llegaron a las once y media de la noche a su casa y él se despidió. Fue la última vez que la vería con vida.

Marisela tenía dos teléfonos celulares, en ambos aparecía el contacto de Omar, los hermanos de ella reconocían a “El Chiquilín” como su actual pareja. Esa noche él, vía mensajes le insistía a Marisela que fuera a El Sinalonense, que estaba con unos “compas” y que quería estar con ella; Marisela se negó de inicio porque estaba cansada, pero finalmente accedió.

Su hijo de 14 años pensó que su mamá no se iba a tardar porque se salió sin llevarse los celulares. Iba vestida de violeta y con huaraches negros, y observó que Omar pasó a recogerla con otra persona.

Poco antes de la una de la mañana Marisela llegó a El Sinaloense con “El Chiquilín” y “El Uber” que habían ido a recogerla en el auto de “El Dimas”. En la mesa además de ellos tres, había dos hombres a los que les apodan por igual, “El Güero”, uno de ellos empleado de la Secretaría de Seguridad Pública del Estado. También estaba otro apodado “El Niño”, y posteriormente se incorporó una muchacha que era clienta frecuente del lugar, de nombre Belinda.

A un lado el “El Chiquilín” Maricela permaneció sentada, los empleados no la conocían a ella y aseguraron que estuvo tranquila, sólo levantándose para ir al baño, y que incluso hubo un momento en el que “El Chiquilín” se quedó dormido sobre las piernas de ella.

Cuando el Bar cerró, todos abordaron el auto de “El Dimas” quien ocupó el espacio del conductor, llevaron a “El Güero” a su casa y en el trayecto de regreso Marisela reaccionó: “Ya me acordé de ti”, le dijo a “El Dimas”, “ya sé quién eres, vendes drogas ahí en San Juanito, te voy a echar a mis hermanos que son de la NG”.

El auto se paró para dejar a Marisela en el camino, desde donde ella insistía gritando: “¡Dimas ya sé quién eres!, ¡mis hermanos te van a chingar!”.

Fue entonces que vino la sentencia de “El Dimas”, -¡o ella, o nosotros!-, por lo que retornaron para subir al auto a Marisela, trasladándose hasta la brecha que conecta la unidad habitacional Arko San José con El Parián.

Lo ocurrido entonces es narrado por Armando, quien se convertiría en el testigo que ha permitido la detención y vinculación a proceso de dos de los implicados, mientras que “El Dimas” y la joven Belinda permanecen prófugos.
A Marisela la bajaron del auto entre “El Chiquilín” y Armando, ahí es el novio de ella quien la detiene y el resto la empiezan a golpear, -¿y ahora tus hermanos dónde están?- le gritaban.

Armando pensó que con “la calentada” todo había acabado, por lo que se fue a orinar. Cuando regresó vio como “El Uber” y “El Chiquilín” sujetaban a Marisela mientras “El Dimas” agarraba una piedra que apenas podía cargar por lo pesada –de siete kilos y medio revelaron los peritajes-, “te dije que no dijeras nada”, le dijo “El Chiquilín” a Marisela mientras el trozo de concreto caía sobre su cabeza.

Luego “El Uber” hizo lo propio con una roca de siete kilos, el resto apedreaba a Marisela con las rocas que encontraban a la mano. Armando asegura que se quedó paralizado por el miedo, en shock de ver a gente que conocía hacer algo así.

Lapidarla no fue el único acto contra Marisela, su cuerpo fue encontrado semidesnudo, con las piernas abiertas y las pantaletas a medio muslo, mientras sus pechos asomaban de la blusa y el brasier abiertos. Estos elementos fueron considerados para que el delito encuadrara como feminicidio y acusar por ello a los responsables.

Ocho meses después del feminicidio de Marisela, “El Uber” fue detenido y vinculado a proceso; lo mismo ocurrió con “El Chiquilín” meses antes. De los dos implicados más sigue sin conocerse su paradero.

El feminicidio de Marisela no conllevó movilizaciones, su caso es de los entretelones poco épicos para la consigna, además coincidió en días con la declaración de la crisis sanitaria por el Covid-19 en México, cuando las miradas voltearon hacia la pandemia y no al feminicidio de la joven madre de cuatro hijos.

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