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Minoría silenciosa, los maestros que sí dan clase en la UM

Se mueven como una minoría silenciosa, al margen de las decisiones del Sindicato de Profesores de la Universidad Michoacana (SPUM), sin otro afán que atender a sus alumnos, ya sea en las aulas de las facultades, en sitios alternos o incluso en sus propias oficinas.

Están sujetos a la presión por desacatar el mandato del Consejo General de Representantes, máximo órgano de gobierno del gremio de académicos, que ha dispuesto a los sindicalizados que se presenten a sus lugares de trabajo, pero que no laboren hasta que no les cubran los pagos de manera regular y de los que se les adeuda el aguinaldo y prestaciones sindicales de fin de año.

Algunos de ellos aducen que tienen ya la advertencia de los delegados sindicales de sus planteles de que serán sancionados, incluso expulsados del SPUM. Pero la afrontan, dicen estar dispuestos a lo que se decida a través de un proceso interno a cargo de la comisión de Vigilancia.

Hablan a condición de permanecer en el anonimato, incluso no permiten que se graben las conversaciones. Consideran que más allá del reclamo de los derechos laborales, hay un compromiso con alumnos que ven el riesgo de perder su semestre. Saben también que son pocos, quizá menos del 10 por ciento de docentes sindicalizados que Gaudencio Anaya, líder del SPUM, reconoce no acatan a plenitud las disposiciones mandatadas por la mayoría de los 3 mil 5000 agremiados.

Este martes, en propia voz de los líderes gremiales, se dio a conocer la renuncia del doctor Luis Valero Elizondo a las filas del SPUM, a quien ya se había iniciado un procedimiento interno por desacato a no dar clases en la Facultad de Ciencias Físico Matemáticas. Como él, algunos de los consultados señalan que están dispuestos a renunciar por voluntad propia, puesto que, dicen, hay alternativas viables de mantener la actividad académica, sin dejar de manifestarse.

Es el “paro activo” que han propuesto varios docentes en dependencias como Economía, Historia, Biología y Derecho, entre otras, pero que no ha logrado el consenso en el Consejo General, el cual ha impuesto prácticamente una “ley mordaza” entre sus integrantes, a quienes prohíbe hacer declaraciones a los medios.

Defender la Universidad desde el aula

Habla un maestro investigador. Señala que si el sindicato realmente quiere defender la Universidad pública ante la carencia presupuestal de la federación y del estado, la mejor manera de hacerlo es dando clases, no abandonar a los grupos a su cargo. Una parte importante de maestros, asegura, estarían dispuesto a dar clases y manifestarse de manera alternada o en los horarios que no las entorpezcan para participar en las actividades de presión. Argumenta que además se ha perdido el contacto con los estudiantes y con ello la oportunidad de influir a través de la información sobre lo que pasa en la centenaria institución.

Pero, señala, hay concepciones diversas que más que generar unidad, provocan división y la apatía de mentores que no están de acuerdo con la directriz del SPUM, cuyo accionar no tiene tampoco todo el consenso al existir una dirigencia ligada con la falta de transparencia y de rectitud en su actuar, no hay informes financieros sobre el manejo de las arcas sindicales y sobre todo, hay cuestionamientos graves a partir del XXXV Congreso General desarrollado en octubre, donde se inició una averiguación sobre la presunta falsificación de acuerdos del Consejo General por parte de Anaya, al igual que la presunta malversación de fondos al haberse otorgado préstamos sin que se cubran los requisitos internos.

¿Reforma en la Universidad Michoacana?

Habla un docente. Opina que la Universidad Michoacana efectivamente requiere de una reforma, una reforma que aleje las inercias y vicios en principio sobre la concepción de la Universidad y su función, la de impartir educación de calidad, realizar investigación científica y difundir la cultura, punto en el que refiere que la UM mantiene estos parámetros pese a las resistencias de quienes políticamente han visto en la institución solamente un botín para su beneficio personal y de los grupos a los que pertenecen.

Esta actitud, reitera, es la que más riesgo le ha generado a la institución, ya que son estas presiones y canonjías las que se reflejan en docentes faltistas, carentes de ética y la preparación adecuada o que incluso han usado recursos para especializarse fuera del país, sin siquiera haberlo comprobado. La Michoacana, dice, tiene calidad y prestigio pese a todo, lo peor será dar marcha atrás; es una referencia a nivel regional sin la cual muchos alumnos simplemente no tendrían acceso a la educación superior.

En este punto, señala que la debilidad institucional tampoco abona en mucho a superar el quebranto financiero que vive la UM con un déficit superior a los mil millones de pesos anuales. Desde hace tiempo y no de ahora, indica, el rector debió haber iniciado una defensa de los parámetros de calidad logrados para demandar de la federación un trato “de primera y no de tercera” a sus alumnos, ya que si la UNAM, el Politécnico Nacional cada estudiante tiene un apoyo de más de 100 mil pesos anuales por estudiante de parte de la federación, en la máxima casa de estudios de la entidad hay una “asignación insultante” que no llega ni siquiera a los 40 mil pesos.

Por ello, sí, debe de haber reforma en la Universidad Michoacana, pero ésta debe ser integral no sólo centrada en ajustar ingresos, aplicar una carga impositiva a los salarios o en buscar cambiar el actual régimen de pensiones y jubilaciones, aspecto éste último en el que el entrevistado señala estar de acuerdo, de lo contrario, aduce, no se liberarán cargas financieras a la institución que seguirán teniendo una repercusión de todos conocida.

 “Todos somos responsables”

Otro docente investigador, alude a que entre los mismos sindicalizados existe división respecto a quienes tienen mayores ingresos que otros, haciendo a un lado que son integrantes del Sistema Nacional de Investigadores del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología y que sus grados de maestría y doctorado, además de los proyectos que desarrollan les posibilita alcanzar altas percepciones, “pero no somos unos privilegiados, nos formamos para la Universidad y a ella le debemos dar nuestro conocimiento y compromiso, ya que se gastaron recursos públicos en nuestra formación y lo que nos obliga a asumir una responsabilidad mayor”.

Esta misma situación como responsable de un proyecto o de varios alumnos de posgrado, es lo que les impide abandonar las aulas, ya que tienen que cumplir con los parámetros y seguimiento que les impone el Conacyt.

Sindicalizado, señala que desde hace varios años existen inercias que condenan, victimizan a quienes las emprenden, como el cubrir plenamente sus actividades docentes y de asesoría, e incluso fuera de las aulas de la Universidad Michoacana trabajar en otras instituciones o aportar hacia grupos sociales organizados sus experiencias, sin que ello implique que se busquen ingresos extras o cobro alguno.

“A mí llegaban y me decían los delegados sindicales, oiga, está poniendo el mal ejemplo, cuando me extendía con mis alumnos en tareas más allá de lo que marcaba mi asignación horaria, cuando la función del maestro así lo requería, y bueno, en las asambleas de la delegación, uno era puesto en el banquillo del acusado”.

Otro maestro aduce sobre estas prácticas que “todos somos responsables” de lo que ocurre en la Universidad, responsabilidades que desde hace años fueron reemplazadas por exigencias, presiones a la autoridad y que no tuvo la capacidad de “frenarlas”.

Hoy, la actual crisis que vive la Casa de Hidalgo, señala, es una oportunidad para que la Universidad se piense a sí misma, reflexione no sólo la Rectoría, sino todos los sectores que componen a la institución, docentes, alumnos, investigadores y trabajadores, en un proyecto viable, acorde a las expectativas de lo que la sociedad espera.

El más grave daño, dice en referencia al momento actual, con una parálisis que viene desde noviembre del 2017, es seguir divididos y más aún, amenazados por decisiones que si bien son mayoritarias, deberían respetarse porque no se está perjudicando a la Universidad. Pero si estas amenazas se cumplen, dice en su caso, “adelante, más allá de ser expulsado, me queda la satisfacción de que mi función es ser maestro universitario, esa será mi contribución”.

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