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Morelia, paisajes urbanos en su cumpleaños

La mancha urbana se expande y para algunos el territorio se acaba, otros piensan que hay mucho. La ciudad, rodeada de cerros ofrece distintas vistas dependiendo la coordenada que se vea. Desde la alineación colorida de sus fraccionamientos antaños, hasta las “subidas y bajadas” de la Obrera; aunque ahora el crecimiento poblacional ha creado otras “obreras” en los círculos periféricos. Arriba, en lo que le llaman la “nueva Morelia”, los jinetes rondan por el Durazno; practican su monta y recorren las avenidas. Cerca de ahí, las torres de los departamentos de lujo los “miran de reojo” mientras estos transitan. En la zona alta también hay una mancha en crecimiento, sus paisajes urbanos se describen visualmente como edificios blancos y con cristales grandes o, casas de tabique apiladas sin algún orden que no sea el del barrio.

La tenencia de Atecuaro se acerca cada vez mas a la ciudad o ¿al revés?, desde el punto alto cercano a esa comunidad, los grupos de casas se notan cada vez más cercanas y contrastan con el paisaje semiárido, o un poco boscoso en algunas partes.
El “monstruo” urbano de Villas del Pedregal se mira desde lejos, muy lejos. Es parte del paisaje de Morelia ya, pero no de la turística, solamente de la que los propios morelianos conocen, esa que solo muestra pilas de plástico apiladas para su reciclaje, o la ya muy conocida papelera humeante y para muchos, contaminante.

Desde el Quinceo, su coloso, el Estadio ya se ve dentro de la ciudad y las colonias que lo rodean, antes era algo lejos y fuera de la ciudad. En las alturas de ese cerro, el desarrollo ha llenado de casas y edificio, en uno de ellos un buda en una silla invita a ver todo lo que hay hacía Morelia.

Son 479 años de la fundación de la capital Michoacana, su paisaje ha cambiado mucho y lo seguirá haciendo. Según las estimaciones del Instituto Nacional de estadística y geografía (INEGI) casi un millón y medio de personas viven en lo que en épocas del siglo XIX se le denominó por el Generalísimo Morelos, como el Jardín de la Nueva España. Ahora, este jardín es grande, más no gigante.

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