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Mujeres representan el 70% de la población en situación de pobreza

Mujeres representan el 70% de la población en situación de pobreza

Revolución 3.0

Érika Paz/ @paz3_0

Los despidos generalizados e incluso masivos, como la precarización de los derechos laborales, los despojos de campos de cultivo y de los recursos naturales, el incremento a los costos de la canasta básica y los servicios públicos básicos, son algunos componentes que delinean el escenario que se vive actualmente.

Por un lado, se defienden y se reafirman los “ajustes estructurales y las reformas promovidas por el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI)”, los cuales promoverán el empleo y por tanto incidirá en el mejoramiento de las condiciones de vida de las personas alrededor en América Latina. Y, por otro, se sigue denunciando una problemática histórica de desigualdad, discriminación por raza, etnia, género, clase social, escolaridad, en la región.

Desde la década de 1990 existen datos oficiales que confirman que existe una distribución inequitativa de los recursos en América Latina y la concentración de la riqueza se encuentra en a penas 20 por ciento de la población total del territorio por lo que los niveles de desigualdad social son una de las principales problemáticas de los países latinoamericanos. No todas las personas tienen acceso a la satisfacción de las necesidades y el acceso a los servicios básicos como lo son el agua, la vivienda, la alimentación, la salud así como la educación, el trabajo, la educación.

Por lo que los “derechos básicos universales” siguen siendo privilegio de tan solo un grupo reducido, actualmente vemos que el desprecio y las violaciones a los derechos y a la dignidad humana se han generalizado en América Latina. Señala Aline Rivera Maldonado, investigadora e integrante del Colegio de Estudios Críticos en Derecho (RADAR), México, que, de acuerdo con El Informe sobre el desarrollo humano. Género y Desarrollo, de las Naciones Unidas de 1995, “el 70 por ciento de las personas que viven en situación de pobreza son mujeres”.

“Son ellas quienes sufren de menos acceso a la tierra y a la educación, quienes mueren más por enfermedades curables, quienes tienen menor representación en los gobiernos y parlamentos, quienes ganan menos por efectuar el mismo trabajo que los hombres, quienes ocupan los trabajos más precarios, quienes tienen restringido el acceso a la vivienda y a la seguridad social, quienes realizan dobles jornadas de trabajo, la mayoría de veces sin remuneración ni reconocimiento social; quienes sufren de mayor violencia y en general de mayor discriminación para hacer efectivos sus derechos”, registra Aline en su artículo “El papel del Derecho en el proceso de empobrecimiento de las mujeres; las paradojas de los derechos humanos”.

En el marco del Seminario Internacional “Democracia y pueblos: Debates desde el republicanismo democrático y el pluralismo jurídico”, que desde el día de ayer y hasta mañana se lleva a cabo en el Instituto de Investigaciones Jurídicas (IIJ-UNAM), Rivera Maldonado ofreció una crítica a “la noción imperante de la pobreza que se define por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional en términos económicos y monetarios” que define a “la pobreza cuando una persona tiene menos de un dólar o dos dólares para vivir”, pero “no se toman en cuenta sobre todo de las necesidades específicas que cada quien tienen para vivir dignamente, la pobreza es más un impedimento de acceso igualitario a los medios de subsistencia y a la satisfacción de las necesidades”.

Que en “términos jurídicos, sería al acceso de los derechos, porque para mí los derechos humanos son la protección de cada una de las necesidades básicas para vivir, en condiciones de igualdad y de dignidad”. La pobreza desde la perspectiva de Rivera es “el no acceso igualitario a los derechos a los derechos porque hablamos en términos jurídicos pero cuando hablo de empobrecimiento es en parte a un acceso igualitario a los derechos”.

El feminismo como herramienta para transformar dicho panorama es importante “porque no solamente pude visualizar las condiciones de desigualdad de las mujeres y otros fenómenos de marginación y desigualdad de otros grupos que han sido excluidos históricamente”. Pero también “hay que tener en cuenta que hay diferentes tipos de feminismo, como en todas las teorías, y se han hecho una crítica fuerte a los feminismos dominantes sobretodo en la academia que abre la discusión sobre su papel transformador”.

Porque hay una corriente feminista que se centra “en el debate de la diferencia, de si las mujeres somos iguales o diferentes y nos deben tratar igual o de forma diferente, y el debate de la exclusión sistémica y la desigualdad estructural, y la forma en que está configurado el sistema, y la forma en que a quién beneficia queda fuera del debate. Hay otras críticas que son más poscoloniales y marxistas que juzgan que este feminismo no cumpla con la transformación por lo que si hablamos de reconfigurar los derechos a través del feminismo, creo que hay que especificar desde qué corriente del feminismo”.

Como ejemplo ofreció el caso de Valentina Rosendo Cantú, indígena de la sierra de Guerrero, quien en 2002 fue violada por elementos del Ejército. En 2010 la Corte Interamericana de Derechos Humanos juzgó y halló culpable al Estado Mexicano. Los cuatro militares recibieron sentencia condenatoria, y se evidenció la discriminación que sufrió Rosendo Cantú, “desde el acceso a la justicia por etnia, por sexo y por situación económica, es interesante develar ese tipo de fenómenos y que se diga que existen, que sea público, pero esta sentencia no puede cambiar la situación y la vivencia de la chica, pero tampoco es transformativa de la sociedad”.

Por lo que “la pregunta es ¿hasta dónde este tipo de denuncias o integrando toda la especificidad de discriminaciones puede permitir una transformación estructural del patriarcado? La denuncia en mi documento es que muchas veces el capitalismo ha permitido que las mujeres luchen en contra de la pobreza y se luche por acceder a los medios de subsistencia, pero el sistema patriarcal e incluso las mismas mujeres son las que lo terminan reproduciendo las problemáticas, que es lo que yo llamo la paradoja de la diferencia”.

Porque por un lado se “dice que las mujeres están reivindicándose como diferentes, pero como madres de familia que tienen que cumplir con un deber femenino y que marca la lucha por los derechos y que son sobre todo los derechos del espacio privado. En donde están los derechos al agua o a la vivienda o que los hijos tengan qué comer. Las demandas de las mujeres siempre son sobre la subsistencia de la familia, porque no logran emanciparse de esta condición, lo que llamo la paradoja de la diferencia”, explicó Ramírez.

“Entonces resulta interesante ver los dos lados del Derecho, por un lado la sentencia de la Corte, que en los últimos meses se pudo castigar a los culpables. Pero por otro, esos temas se van a seguir repitiendo. Las violaciones y los feminicidios siguen siendo un hecho cotidiano en nuestro país y en América Latina, por lo que esta sentencia no fue transformativa para las mujeres”, por lo que en la materia cabe la pregunta de “¿Cómo podríamos utilizar esa sentencia para transformar las relacione”, y una de las respuestas es que “la movilización no puede dejarse de lado”.

Porque por si el Derecho colonial legitimó los procesos de despojo y privatización de la tierra y respaldó la división sexual y jerarquizada del trabajo a partir de la función reproductiva de hombres y mujeres, actualmente estamos ante un panorama en el que se perpetúan estas condicionantes de la vida diaria. Dado que a pesar de existir un mayor acceso de las mujeres a la educación, los puestos de jerarquía, en su gran mayoría, son ostentados por hombres. Así como los salarios no son equiparables y está demostrado que las mujeres perciben menos ingresos económicos por realizar el mismo trabajo.

Por lo que a millones de mujeres estos factores, entre otros, les impiden satisfacer las necesidades básicas, como indica Julio Boltvinik, se sigue marginando a las mujeres a través de la dependencia económica masculina. El desconocimiento de los derechos humanos y, por ende, de los derechos de las mujeres sigue siendo uno de las principales obstáculos de las sociedades democráticas.

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