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Nadie debería vivir con miedo, que la muerte de Jessica no sea en vano: familia

“Nadie debería vivir con miedo”, señala Cristo González Villaseñor, joven de 25 años quien, con su madre Verónica de frente, hace latente la intención familiar de luchar para que se dé una pena ejemplar contra el feminicida de su hermana Jessica, “si nosotros, siguiendo el caso de Jessi vamos a contribuir para que las chicas allá afuera salgan sin miedo, lo vamos a hacer”.

En el comedor de la casa familiar está Jessica presente, dos fotos ampliadas con su imagen son acompañadas por un gran Cristo, flores de noche buena y unas veladoras prendidas. Antes no tenía lugar fijo en la mesa, cada quien escogía la silla que deseaba cuando se sentaban juntos a comer, ahora su sitio es la cabecera.
Jessica cruzó la reja negra al salir su casa el 21 de septiembre de 2020 al filo de las cinco de la tarde, fue la última vez que lo hizo, cuatro horas después había sido asesinada.

El próximo martes, dos de febrero, se realizará la Audiencia en la que la Fiscalía General de Justicia del Estado solicitará al juez, la ampliación del plazo para continuar con sus investigaciones, allegando a la carpeta de investigación las pruebas pertinentes dentro de la Causa Penal 1404/2020 que se sigue en contra de Diego U. vinculado a proceso como responsable del feminicidio de Jessica.

La posibilidad de un procedimiento abreviado, para reducir la pena de Diego U. a cambio una reparación de daño inmediata, está totalmente descartada por la familia, la cual, exige una pena ejemplar y que las autoridades realicen debidamente su trabajo para que esto sea posible.

 

“Para la muerte de mi hija no va a haber ninguna pena que sea justa, porque ella murió, simplemente lo que habrá es un castigo para la persona que cometió el delito, no hay nada que yo pueda decir que es justo por la muerte de mi hija. Este muchacho nada más va a tener un castigo y tiene que ser un castigo ejemplar por lo que hizo”, subraya su madre Verónica.

 

Jessica tenía 21 años y le gustaba cantar, no era buena para hacerlo pero si le imprimía mucho sentimiento. Como un hecho inexplicable para su familia, tenía gusto por la música de banda, “Cristo le decía, apaga tu música, le preguntaba ¿por qué te gusta eso?, todas las de banda le gustaban, era de las que cantaban a todo pulmón, el año pasado el Día de Reyes le compramos una bocina que jalaba a todos lados, me decía Cristo, has creado un monstruo mamá, porque no la podías callar, ella con su música y su música”.

Pero la mayor pasión de Jessica era la enseñanza a los niños, su vocación de inicio resultó una sorpresa para su madre porque inicialmente se inclinaba por la psicología. “Desde el primer día que fuimos a la escuela, con la plática que dio la directora, le vi sus ojos a Jessi, dije, esto es lo que le va a gustar, y ya, ahí se fue apasionando, apasionando. Son cuatro años de carrera, y empieza con su niños, ahí entendí que si estaba hecha para eso”.

A mediados de 2020 Jessica acabó la carrera y concursó por una plaza que finalmente ganó; fue asignada como maestra en una primaria de Salvatierra en Guanajuato, en donde la pandemia le impidió tener clases directas con sus alumnos de tercer grado. El último video que hay de ella, es uno en donde aparece presentándose a los niños y anunciándoles la mecánica del trabajo escolar.

 

“Era cariñosa con todos, por eso se nos ha hecho difícil; abríamos la puerta y lo primero que escuchábamos era su ¿cómo estás?, sus hermanos le decían Ofelia, ¿cómo estás Ofelia?, ¿dónde estás Ofelia?, era mi niña, el llegar y oír, mami ¿cómo estás?, era mi niña”.

 

En marzo de 2020 Jessica salió a marchar como miles de mujeres en el país, se sumó en Morelia a las movilizaciones que condenan los feminicidios, la violencia contra las mujeres, y sumó su voz a las exigencias de justicia.

 

“Hubo muchas pláticas que tuvimos ella y yo que me dejaron muy marcada. El Día de la Mujer que se va a participar a la marcha, luego platicando en el cafecito yo le decía, ¡ay mami!, ¿por qué hacen eso?, ¿porqué pintan?, ese día me agarró de la mano y me dijo, mira mami, una cantera es simplemente una piedra, ¿qué no te das cuenta?, el día que algo me pase a mí ¿va a valer más una piedra que mi vida?, y dije, ¿sabes qué?, tienes toda la razón, el día que algo te pase a ti quemo todo Morelia”.

 

No bien pasaron seis meses de la charla entre Jessica y su madre, cuando la puerta de Palacio de Gobierno en el centro de Morelia, ardía en llamas, la indignación de miles de mujeres por el feminicidio de Jessica -cinco días antes- inundó con una multitudinaria marcha el corazón de la ciudad.

 

 

“Este niño no sólo mató a mi hija, este niño terminó con toda una familia, con todos nuestros pensamientos. ¿Ahora cómo le digo a mi hijo haz tu maestría, supérate?, si sabes que en cualquier momento los puedes perder, ya no sabes, ya no sé cómo educarlos, qué decirles, ¿cómo ayudo a Cristo y a Adrián si yo misma ni siquiera quiero vivir esto?”.

 

La desaparición de Jessica fue reportada el 22 de septiembre en la Alerta Alba, su familia realizaba ya acciones llamando a la sociedad para que les ayudara a dar con su paradero. La presión pública sobre este caso derivó en que el 25 de septiembre la Fiscalía General de Justicia del Estado informara que el cuerpo había sido localizado.

 

“Ese día tomamos la decisión los cuatro sobre quién iba ir a reconocer el cuerpo”, recuerda Cristo, “le dije a mi mamá, yo voy, no quiero que te quedes con esa última imagen de tu hija, yo voy, al final de cuentas es un cuerpo, aunque era el de mi hermana ese no es el recuerdo con el que tú te quedas, además era parte del proceso que se tenía que seguir para que nos la pudieran entregar. Obviamente es un momento difícil, te das cuenta de muchas cosas al ver el cuerpo y además era importante para nosotros verla y tener más información de todo esto”.

 

Fueron 31 golpes los que Diego U. le habría propinado a Jessica, la necropsia reveló diversas lesiones exteriores en la frente, mejillas, ojo derecho, boca, labios, cuello, hombros, tórax, fosa iliaca, abdomen, muslos, región lumbar, antebrazo y piernas. Además están las lesiones interiores en la vagina y el edema cerebral que le provocó la muerte. Tal información se conoció el primero de octubre de 2020, cuando se efectuó la audiencia de vinculación a proceso a Diego U.

En un festival de música que se hace en Altozano, zona pudiente de Morelia, Jessica conoció a Diego hace cuatro años pero no tuvieron mayor contacto hasta febrero de 2020 cuando él la empezó a buscar. Salieron sólo en cinco ocasiones, Verónica imagina que quizá por eso su hija no comentó nada a su familia.

 

“En alguna ocasión algo dijo, cuando le pregunté ¿a poco no hay nadie que te invite?, y ya fue que ella comentó que hacía cuatro años había conocido a este niño y que a lo mejor algún día salía con él, y yo le decía, está bien mami, pero ella me decía, no, es que él tiene 18 años, y yo le comenté, pues no es mucha la diferencia, entonces imagínate, cuando ella lo conoció ¿cuántos años tenía él?, por eso ella de inicio no lo consideró”.

 

De acuerdo con las pesquisas oficiales, Diego U. pasó a recoger a Jessica la tarde del 21 de septiembre, fueron a la casa de él que se ubica en el fraccionamiento Bosque Monarca en la zona sur de la ciudad. La Fiscalía apunta que ella fue violada y asesinada en la barda perimetral del fraccionamiento.

Tras el homicidio, Diego U. pidió ayuda a sus amigos Hanna, José Jair y Diego S., con los dos últimos fue a comer tacos en “El Infierno” mientras el cuerpo de Jessica permanecía en la cajuela de su automóvil. Finalmente abandonó el cuerpo en las inmediaciones del fraccionamiento. En compañía de Hanna se deshizo de las pertenencias de Jessica y a la mañana siguiente llevaron a lavar su automóvil. Horas después regresó al autolavado acompañado de su padrastro, para verificar que hubieran limpiado bien la cajuela.

La familia de Jessica ha optado por hacer marcaje personal a la Fiscalía, saben que de la correcta integración de la carpeta de investigación dependerá el desarrollo del juicio contra Diego U. y la sentencia que en su momento emita el juez de la causa.

 

“Lo que no está en mis manos es que me regresen a mi hija, pero todo lo que esté en mis manos lo voy a hacer. Las autoridades deben hacer su trabajo, yo no les estoy pidiendo absolutamente nada, estoy exigiendo que hagan su trabajo, eso lo que tenemos que hacer todos, todos hacemos nuestro trabajo, y ese, el de hacer cumplir la Ley, ellos son los encargados de hacerlo. Me decían, todo va a estar en manos del juez, no, ahorita está en las manos de la Fiscalía, al juez le vamos a presentar una carpeta perfecta para que haga su trabajo, lo único que les estoy exigiendo es que hagan su trabajo”, recalca Verónica.

 

Cristo, secunda a su madre: “seguir adelante es una decisión que nosotros tomamos, no porque eso nos vaya a devolver a Jessi o a darnos paz, tranquilidad o quitarnos el dolor; lo que queremos es que la muerte de Jessica no sea en vano, si seguimos luchando en el proceso legal es para solicitar una pena ejemplar y que así más chavos que están afuera y que creen que es fácil quitarle la vida a una mujer por lo menos tengan miedo”.

 

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