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Ni perdón, ni olvido

Andrea Janet Serna Hernández /  Colectivo Emancipaciones

“Chenalhó, Ayotzinapa, Tlatlaya, Petaquillas… ¡Qué pena, sí, qué vergüenza que sólo aprendamos su nombre cuando pasan a nuestra historia como pueblos bañados por la tragedia!” -Fernando del Paso al recibir el Premio José Emilio Pacheco a la Excelencia Literaria.

Han pasado casi 6 meses desde que desaparecieron los 43 alumnos de la Escuela Normal “Isidro Burgos”. Como en la mayoría de las desapariciones forzadas en México, el caso no ha sido esclarecido ni se avizora que eso suceda. La respuesta por parte del Estado ha resultado insuficiente e incluso ofensiva cuando el Estado sólo nos ofrece el “ya me cansé”, “supérenlo” y la “verdad histórica”, y ante esas expresiones sólo nos quedan más preguntas.

La desaparición de los 43 estudiantes y además la muerte de las seis personas los trágicos 26 y 27 de septiembre de 2014 representan un crimen de Estado. Incluso aceptando que hubo participación del crimen organizado se debe tener siempre presente que en este “operativo” hubo una clara participación de la policía municipal, elementos del ejército y de la marina. Ante ello se han pretendido silenciar las protestas crecientes en el país, así como las muestras de solidaridad en todos los continentes con la detención del presidente municipal de Iguala y de su esposa y con algunas muestras insignificantes de “hacer justicia” como la destitución de Ángel Aguirre.

Por fortuna, los alumnos de la Escuela Normal de Ayotzinapa y los padres de familia de los desaparecidos han emprendido una lucha incansable y tenaz. Ellos han tocado todas las puertas y arriesgan su propia vida al exigir la aparición de sus hijos, al enfrentarse en varias manifestaciones a la policía e incluso cuando trataron de ingresar a los cuarteles fueron recibidos con represión.

Ayotzinapa ha sacado a flote lo peor que tiene este país; violencia, tortura, corrupción, impunidad, una clase política incapaz de gobernar y un sistema estatal que constantemente atropella nuestros derechos. Como hemos podido experimentar a raíz de estos trágicos sucesos, el terrorismo y la violencia son recursos que utilizan los Estados cuando no tienen otra forma de legitimación y que además son una característica de los estados dictatoriales.

En México existen claros ejemplos de lo anterior: Acteal, los muertos de la guerra contra el narcotráfico de Felipe Calderón, la represión contra la APPO en Oaxaca, la Masacre de Villas de Salvárcar, Atenco, Tlatlaya, Aguas Blancas y en 2012 Ayotzinapa.

Los actos brutales contra los normalistas y su desaparición han visibilizado los casos de desaparecidos en todo el país, la lista es interminable y todos los días se siguen sumando más. Ante la notable estrategia institucional del gobierno de no hablar más del tema, como sociedad qué debemos hacer a casi 6 meses del trágico suceso. ¿Olvidarlos? No, porque con esa apuesta nos encontramos en la línea del Estado que apela al olvido. En cambio, ese crimen debe convertirse en un motor de cambio sustancial, bajo el cual no se permitan más las violaciones a nuestros derechos.

La sociedad civil en sus diferentes expresiones como colectivos y universidades, puede revertir los daños que el Estado ha causado no olvidando. No olvidar sus rostros, documentar las historias y hacernos parte de la recolección de esa memoria. Sin embargo, no basta con el simple recuerdo, se necesita una colectividad organizada que luche y que exija justicia, que es lo que siempre falta en este país, que se castigue a los culpables, que haya reparación integral del daño, pues de otra manera serán heridas que en nuestro país nunca cicatrizarán.

Sumado a eso, necesitamos una acción unificada y firme contra el sistema actual de gobierno pues estamos viviendo el terror y lo más grave es que nos estamos acostumbrando a él. Los padres de los familiares de los desaparecidos nos han trazado un camino que hasta ahora, parece el mejor, contra el sistema de partidos y por la creación de un nuevo constituyente. Ante esto, nos hacemos la pregunta ¿qué democracia es posible cuando un Estado ejerce violencia de manera indiscriminada sobre las personas?

No dejemos pues que la apatía nos gane, no olvidemos que ellos eran 43 futuros profesores. Sigamos buscándolos y a los otros 22,300 desaparecidos, sigamos gritando y exigiendo justicia. Se los debemos.

Andrea Janet Serna Hernández es integrante del Colectivo Emancipaciones. Egresada de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales. Asesora jurídica de la comunidad de Cherán.

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