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Para autoridades, violencia a mujeres sólo es grave si te matan: víctima

Para autoridades, violencia a mujeres sólo es grave si te matan: víctima

Para las autoridades, la violencia a las mujeres en Michoacán “sólo es grave si te matan”, la experiencia así se lo evidencia a Nayeeli Ocampo –víctima de violencia feminicida-, quien navega contra corriente para que su caso pueda ser llevado a juicio.

Los antecedentes legales en su historia, la reincidencia, los mensajes intimidatorios, y el desacato a mandatos judiciales, no han resultado elementos suficientes para que la Fiscalía General del Estado o la asesora victimal -que le asignó la Comisión Ejecutiva Estatal de Atención a Víctimas-, atiendan su petición de solicitar la reconfiguración del delito por el que está acusado su agresor.

Nayeeli buscó denunciar a Rafael –padre de tres de sus hijos- por violencia familiar en 2018, sin embargo las puertas del Centro de Justicia Integral para las Mujeres (CJIM) de la Fiscalía le fueron cerradas. El argumento fue que su caso debía ser atendido en el área de Delitos Cibernéticos, pues los mensajes amenazantes que había recibido fueron vía whatsapp, pese a existir indicios de violencia familiar.

Ella se había separado de Rafael años antes, luego que éste, enojado con las calificaciones de su hijo menor habría intentado golpearlo, interponiéndose ella para evitar la agresión.

En 2018 empezaron los mensajes amenazándola: “Lo vas a pagar”, “mil veces te maldigo”, “no usaré toda mi sucia inteligencia para desfogar ya no mi amor, sino mi odio, contra ti y contra todo lo que esté contigo, sin importarme nuestros hijos, ni las leyes, ni nada”, “devolverte todo el dolor que me estás causando será mi maldito y sucio objetivo”.

Pese a las amenazas, la Fiscalía optó por la vía de la conciliación, sin embargo Rafael no se presentó a las reuniones programadas para ello.

“En la Fiscalía no ven el contexto, el primer filtro te rechaza y desalienta tu intención de denunciar, no toman en cuenta que a una mujer le toma al menos siete intentos el decidir separarse. Luego vinieron nuevas amenazas ejerciendo violencia patrimonial”.

La denuncia de 2018 finalizó en 2019 al arribar a un acuerdo de pensión alimenticia, en donde Nayeeli se quedó con la tutela de sus hijos. Sin embargo ella sostiene que Rafael nunca ha cumplido con tal acuerdo, tampoco se ha presentado a las sesiones en las que tenía que recibir tratamiento psicológico.

En marzo de 2020 recibió nuevos mensajes de amenaza por parte de Rafael, hecho que coincidió con el inicio de la crisis sanitaria por la Covid-19 y las restricciones por el confinamiento, por lo que su querella tuvo que esperar a ser presentada en mayo.

“Una pared con púas atravesará los rosados labios de tu sexo, atravesará tu vientre y tu garganta, y yo, llegaré para mirar tu última mirada, y te seguiré con amor a tu camino hacia el averno”; “se habla de un sacrificio al sol que cure las heridas y el dolor, se habla que el viento arrojará una lluvia de metales filosos, metales que derramarán un río de sangre para equilibrar el odio y la angustia de mi humillado ego, tan destruido y tan atormentado”.

En la audiencia en que se le vinculó a proceso meses después, al reconocer como propios los mensajes, Rafael aseguró ante el juez que no eran amenazas sino “poemas”.

Tras recibir los nuevos mensajes, Nayeeli acudió nuevamente al Centro de Justicia Integral para las Mujeres, en donde la respuesta fue una nueva negativa a recibir su denuncia, por lo que ella les advirtió que no se movería de ese lugar hasta que se la tomaran.

Finalmente la trasladaron a la Fiscalía Regional en Morelia para que ahí presentara la querella por amenazas, con la advertencia del Ministerio Público de que este tipo de delitos nunca se judicializan, es decir, no llegan a tribunales.

“Ahí está el punto más débil de mi denuncia, que en la Fiscalía me hicieron ponerla por amenazas; si juntamos todo el contexto vemos que no es sólo eso, sino que esto se trata de un asunto de violencia familiar que ha ido escalando y que es ya un tema de violencia feminicida”.

Pasaron 17 meses desde que Nayeeli presentó su denuncia, para que el 25 de octubre de 2021 se celebrara la audiencia de vinculación a proceso de Rafael.

En enero pasado, nuevos mensajes con amenazas fueron recibidos por Nayeeli pese a que contaba con medidas de protección y Rafael estaba ya vinculado a proceso.

“Me enteré que ya te cambiaste de casa, te he estado vigilando y ya sé dónde vives. No te sientas tan segura, ni las leyes, ni ningún tipo de juez, ni nadie impedirá que yo acabe contigo violentamente. Y yo estaré ahí para mirar y deleitarme con tu último aliento”, “Seré cruel contigo. Observa bien a tu alrededor, estaré listo para apretar tu cuello y entregarte yo mismo a los brazos de la muerte”.

Nayeeli notificó a la Fiscalía sobre los mensajes, por lo que se levantó un acta circunstanciada que derivó en una audiencia solicitada por el Ministerio Público para que se revisaran las medidas cautelares contra Rafael. La intención era que se autorizara su prisión preventiva.

Sin embargo, debido a que la Fiscalía no preparó debidamente la petición con las pruebas periciales correspondientes, el juez determinó reagendar la audiencia para el primero de febrero.

Ahí ya con las pruebas debidamente integradas, el juez condedió la prisión preventiva contra Rafael, a quien se le ordenó entregarse en un plazo de 24 horas.

“La Fiscalía lo fue a buscar primero en un domicilio incorrecto, luego ya en el suyo, pero como no les abrió la puerta no lo detienen. Me dicen que para poder entrar necesitaban una orden de cateo que jamás se emitió”.

Nayeeli acudió nuevamente a la Fiscalía para que realizaran la geolocalización de Rafael a partir de sus números telefónicos, pero se topó con que los encargados del área buscaron extorsionarla con dos mil pesos para hacer el procedimiento bajo el argumento de que dicho rastreo era muy caro y su caso era de un delito que no lo ameritaba.

“Pasó el tiempo y el agresor aprovechó para promover un recurso de apelación que fue aceptado y se turnó al magistrado de alzada Rafael Ortiz Govea, quien ordena que se realice una nueva audiencia para la revisión de medidas cautelares”.

Dicha audiencia se programó para el 17 de marzo, pero Rafael no acudió bajo el argumento de que tenía síntomas de Covid. Los trabajos se reprogramaron para el 30 de marzo y nuevamente el imputado se ausentó, sin que su abogada pudiera justificar ante el juez el por qué.

Para el cinco de abril logra celebrase una nueva audiencia, se había ordenado a la Fiscalía usar la fuerza pública para llevar a Rafael, situación que no ocurrió debido a que el Ministerio público “no lo encontró”. Finalmente el imputado arribó por su propio pie y con retraso al lugar.

Ahí el juez determinó dar marcha atrás con la orden de aprehensión, refiriendo que los argumentos de la Fiscalía y la asesora victimal eran inoperantes ya que no había actos justificados plenamente y que la investigación era insuficiente.

Paralelamente Nayeeli había solicitado a la Fiscalía y a su asesora victimal buscar reencauzar el delito. El ministerio público le indicó que eso lo tratara con su asesora quien, no atendió la petición de su representada para solicitar al juez se le diera el uso de la palabra y exponer su planteamiento.

De acuerdo con Nayeeli, la asesora victimal ha sido omisa en representar sus intereses y busca un procedimiento abreviado para desatenderse del asunto y no ir a juicio como ella lo ha exigido.

“En mi caso hay un contexto generalizado de violencia que encuadra en lo que establece la Ley por una Vida Libre de Violencia para las mujeres en su artículo 9 y 17, yo no soy abogada pero me he puesto a revisar y leer. Aquí hay violencia de género y violencia feminicida, pero no ha habido la voluntad desde un inicio por parte de las autoridades para abordarlo así”.

La situación que vive, para Nayeeli es muestra de que el combate a la violencia familiar, de género y feminicida es sólo discurso para las autoridades, mismas que desalientan la decisión de las mujeres para denunciar.

Recuerda que en casos de feminicidio es común que las víctimas han acudido a presentar denuncias por violencia de género y que esto no ha servido para que salven su vida. “Desgraciadamente yo ahora vivo así, en la zozobra, con temor por lo que pueda ocurrirme a mí o mis hijas”.

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