HomeOpinión 3.0Pueblo Bonito Emerald Bay, ¿El eterno blindaje de los poderosos?

Pueblo Bonito Emerald Bay, ¿El eterno blindaje de los poderosos?

Pueblo Bonito Emerald Bay, ¿El eterno blindaje de los poderosos?

[…] una sociedad sin relaciones de poder
sólo es una abstracción […]
decir que no puede haber una sociedad sin relaciones de poder
no es decir que las que están establecidas sean necesarias,
o que el poder constituye
una fatalidad para las sociedades,
que no puede superarse.
Yo diría que el análisis, la elaboración
y cuestionamiento de las relaciones de poder […]
es una tarea política permanente para toda existencia social.

Michel Foucault, The suject and Power.

Es tan inimaginable como insoportable que en este país, por donde quiera que hay maltrato animal o exterminio de especies, invariablemente se topa con “el Poder”, con mayúsculas, lo que significa los grandes negocios hoteleros, como Pueblo Bonito, Emerald Bay, Mazatlán, con aves cautivas, en espacios mínimos y hasta un museo de trofeos de caza mayor en el bar Kelly’s (cabezas de borrego cimarrón, antílopes, tigres y hasta un par de colmillos de elefante), además de vitrinas que exhiben, como si de lucir la ignorancia o la crueldad se tratara, aves tristes de las que un número nada despreciable de sus huéspedes opinan que “es lo único que no les gusta de este paraíso”.

Pueblo Bonito, Emerald Bay, resort and spa, en las afueras de Mazatlán, intercambia la belleza natural con la arquitectura “posmoderna”, por sus esculturas griegas o romanas sin nombre, rodeando los vastos jardines, acompañados de la coexistencia de muros recién envejecidos con villas y departamentos modernos, además paredes de la recepción tapizadas de vitrinas con aves deprimidas, como pavos reales que no pueden lucir su abanico o penacho imperial, mucho menos cantar; gansos extrañados en espacios impensables para personas con procesos reflexivos y palomas blancas amontonadas sin poder aletear. Todo para decorar un   contradictorio negocio, más porque se ofrece en tiempos de cambio climático y exterminio de especies, además de una reluciente y actualizada Ley de Bienestar Animal del Estado de Sinaloa, que prohíbe el maltrato animal so pena de cárcel. Pero, ¿para quién?

Y falta la cereza del pastel: al interior del maravilloso Pueblo Bonito, Emerald Bay, se ofrece como parte de las actividades deportivas, con increíbles permisos por todo el año (season open), la cacería de patos con el lema “Take the challenge” (“toma el riesgo”, con la provocativa foto de los cazadores con por lo menos un centenar de patos a sus pies, como prueba inequívoca de su extrema cobardía y/o sus profundos deseos de matar, pero por cierto que no patos, como muestran con claridad meridiana quienes dan el paso al acto por la débil línea de la cacería al homicidio.  Lo único que faltaría es saber si ¿Pueblo Bonito, Emerald Bay, goza del blindaje familiar de Quirino Ordaz Coppel, el actual gobernador priista de Sinaloa?

Por cierto que la trama de Pueblo Bonito, Emerald Bay, va acompañada de la Fundación Lety Coppel, la esposa de Ernesto Coppel Kelly, el dueño de la cadena de hoteles Pueblo Bonito a lo largo de México, pues ahí mismo un canal especial de televisión difunde todo el día la entrega altruista de esta mujer a un sin fin de tareas, como el apoyo a mujeres con cáncer, niñ@s, mujeres y hombres con capacidades diferentes, desastres “naturales”, operaciones y prótesis, y un etcétera de ayudas humanitarias a las personas y comunidades pobres. Un proyecto para el que se pide, voluntariamente, ayuda a todos los huéspedes que pasan por ahí.

El poder de la familia Coppel en el Puerto de Mazatlán, tiene su origen con la llagada de Polonia del israelita Isaac Koppel Kolcheski (1973), llamado Papá Polón, quien se casó por tres veces  y enviudó dos, y tuvo una nutrida descendencia. Enrique Coppel Tamayo, uno de sus bisnietos, retoño de su primera esposa, fundó en el Puerto la tienda El Regalo en 1939, antecedente de las actuales tiendas Coppel. Y otro de sus bisnietos, heredero de su tercera esposa, Ernesto Coppel Kelly, instauró la cadena hotelera Pueblo Bonito en 1987, construyendo su primer hotel en el puerto, mientras su esposa, Leticia de Coppel, abre con su Fundación el Museo Casa Machado en 1999.

Toda una historia de esfuerzo, en el mejor de los casos y con todos los beneficios de la duda, pero una historia de poder económico que trae necesariamente poder político (Michel Foucault), pero que no justifica el penoso estado en que tienen a estas aves vivas en unas infames vitrinas y mucho menos el exterminio al que entregan a los violentos cazadores, a cientos tal vez miles de patos al año, a quienes no les conceden ni siquiera la veda para su reproducción, condenándolas al exterminio, ¿al filo de la agonía y muerte del planeta?

Ahora que el proyecto Pueblo Bonito se encuentra en la mayor cadena expansiva de estos hoteles por todo México, es en verdad deseable y justo que tanto el dueño como sus gerentes reconsideren, en memoria de valores humanos tal vez heredados por sus familiares, no sólo liberar a las aves de Pueblo Bonito Emerald Bay de Mazatlán, sino de no repetir el mismo modelito en sus otros hoteles y cancelar la depredadora cacería, que ya no es para estos agónicos tiempos. No sé si puedan leer o escuchar que si a un número nada despreciable de la vieja generación no le gusta el maltrato animal y el exterminio, menos a las nuevas generaciones que por fortuna desde hace décadas ya saben lo que les espera con la agonía y muerte del planeta Tierra, y por eso much@s, tal vez por intuición, o por sabiduría inconsciente, se volvieron vegetarian@s y hasta vegan@s, por lo que ni el encierro de aves ni su exterminio es sustentable a largo plazo.    

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