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¡Que vivan las familias!

Lucero Ibarra Rojas / Colectivo Emancipaciones

“La familia natural”… increíble la defensa de algo que se desmiente a nivel mundial y a lo largo de la historia.

Mientras que me parece fantástico que se reivindique el uso de las calles para hacer política, es una tristeza que se haga con la finalidad de negar los derechos de las y los otros. Mientras que se aplica paciencia a los límites al uso del espacio impuestos cuando las expresiones religiosas usan las calles (como se debería aplicar al uso político del espacio público), me parece profundamente decepcionante que se haga desde la intolerancia y que se dejen de lado las cosas más buenas de la religiosidad: el amor y el respeto al resto de la humanidad. ¿Qué no se dan cuenta cuántos lazos afectivos menosprecian?

Pero aunque hay una gran cantidad de argumentos a favor del matrimonio igualitario, y mucho se debe discutir sobre el matrimonio en sí, quisiera poner atención al argumento de la familia heterosexual y nuclear como base de una familia que es “natural” y es un “derecho”. Dado que es argumento tomado recientemente para sostener que “familia es papá y mamá”.

Porque hay que tener una cosa clara: en términos jurídicos el matrimonio igualitario está avalado, es legal, y cualquier obstáculo o término diferenciador en cualquier legislación es efectivamente limitante de derechos y una discriminación.

Y es ante esta realidad que la negación lleva al derecho natural. Este argumento aparece también en las aulas de derecho cuando se habla de los cambios en el modelo de familia. Porque las respuestas del derecho como base estática son insuficientes al conservadurismo cuando se destaca que las leyes decían una cosa ayer, como que el matrimonio es la unión de hombre y mujer, pero puede decir otra cosa mañana, como que el matrimonio es la unión de dos personas (por si les interesa, las raíces etimológicas de familia y matrimonio no indican nada de hombre y mujer).

Entonces, el argumento conservador se reduce a que la familia heterosexual es un modelo de derecho natural, inherente a la humanidad.

Y en ese argumento se les olvida que la familia nuclear de mamá y papá jamás ha sido una característica de la humanidad ni de la naturaleza, y que la familia va más allá de la procreación o incluso de la crianza. Ignoran incluso que nadie se vuelve ni papá ni mamá casándose, ni se vuelven familia procreando mientras no se asuman como tal. Quienes creemos en las familias como lazos de amor, también podemos creer que las familias existen aún cuando no hay niñxs, cuando no hay papá y mamá. Existen familias de abuelxs y nietxs; hay familias de tíxs y sobrinxs; hay familias que son hermanxs y que no dejan de serlo cuando los padres no están; otras familias son parejas, incluyen a dos personas que son suficientes y que se cuidan mutuamente… hay muchas familias.

Las familias históricamente han sido de muchas maneras, pero incluso si nos avocamos a las familias que se conforman en función del cuidado de los niños y niñas, como organismo de crianza, resulta que ahí tampoco ha dominado históricamente la familia nuclear heterosexual. A un sector de la población le causa molestia que las parejas homosexuales se conformen como una parte abierta y legítima del mosaico de lo que consideramos una familia pero, valga la redundancia, ese ya era precisamente un mosaico. Siempre ha habido muchos tipos de familias, ahí no hay nada a que acostumbrarse. Por ejemplo, las religiones que promulgan la monogamia no han existido siempre, y tampoco han sido nunca enteramente dominantes en el mundo, donde la poligamia no es una rareza. Claro, entender esto les implicaría a muchos aceptar el mosaico religioso también.

La hipocresía de la familia “natural” continúa en el hecho de que las familias tradicionales heterosexuales y nucleares tampoco han sostenido históricamente una crianza compartida entre hombres y mujeres. En las familias tradicionales se necesita mamá, que esté en la casa y se encargue de la crianza, y padezca por tanto la culpa si no lo hace. En condiciones de explotación laboral se necesita a la abuela, para que el resto se dediquen a ser mano de obra. Y esto no es cuestionado siempre que se pueda hablar de un papá y una mamá que, aunque no están presentes, se sostienen como modelos imprescindibles de femineidad y masculinidad. Y tampoco se cuestionan los sistemas de precariedad que hacen esto necesario mucho más que voluntario.

En cambio, quizá lo más común entre una variedad de culturas es la noción de que se necesita una comunidad entera para el cuidado de niños y niñas. Hermanxs mayores y abuelxs son innegables participantes en la crianza, también las tías y tíos. Pero también tenemos vecinas que se apoyan en la crianza, y tenemos los lazos de tíos y tías putativas que en muchos casos fueron centrales en nuestras vidas, y a veces los padrinos y madrinas que no siempre son familiares consanguíneos. De hecho, es sorprendente que esto escape a quienes se adscriben a una fe, dado que las religiones suelen venir acompañadas de fuertes dinámicas de formación social en comunidad para quienes crecen en ellas. El reto es comprender que esto no es una disfunción, que es lo más común (por no decir normal) en la historia de la humanidad y un medio que socializa a lxs infantes en su sociedad como personas relevantes para la misma. Ojalá todos los niños y niñas tuvieran una comunidad que los pudiera cuidar y ojalá nadie encontrara soledad o estigmatización en su labor de crianza.

¿Quieren proteger a los niños y niñas? Por favor dejen de decirles que sus familias están mal cuando incluyen variedad heterogénea de personas que no solamente están ahí, sino que quieren estar ahí. Dejemos de llamarles disfuncionales a familias que se conforman desde el afecto y la voluntad por serlo, y de asumir como buena la construcción desde la obligación o, mucho peor, la condena. Que tenga hijos quién los quiera y los cuide, y que los valores de las familias se construyan desde el cariño.

¡Y que vivan las familias, todas las familias: de papá y mamá, de una mamá, de dos mamás, de un papá, de dos papás, entre hermanos, hermanas, abuelas, abuelos, nietos, nietas, sobrinas, sobrinos, padrinos, madrinas, ahijados, ahijadas, primos, primas, las familias que se constituyen por una pareja, y otras familias también!

Lucero Ibarra Rojas es integrante del Colectivo Emancipaciones. También es profesora de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y Doctora en Derecho y Sociedad por el Programa Internacional “Renato Treves” de la Universidad de Milán.

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