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Rodrigo Vallejo o la trampa de Peña Nieto

Rodrigo Vallejo o la trampa de Peña Nieto

Antonio Aguilera / @gaaelico

En ajedrez existe una jugada que se llama enroque, mediante la cual es posible tirar dos piezas con un solo movimiento, pero con la particularidad de que es el rey el que se tiene que mover para que lo siga el caballo. Muchas han sido las partidas que se han ganado con ésta jugada, pero también son muchos los fracasos estrepitosos.

El sábado pasado, con el módico pago de siete mil pesos de fianza, salió bajo caución Rodrigo Vallejo Mora de la prisión en donde lo refundió Alfredo Castillo. A Vallejo Mora se le recluyó por sus reuniones que sostuvo con Servando Gómez Martínez, La Tuta, – capturado en enero pasado-, pero el entramado jurídico-penal de Castillo Cervantes no logró comprobar la presunta relación con el crimen organizado que tenía el hijo menor del ex gobernador Fausto Vallejo.

En las reuniones del afamado Geber con La Tuta –de acuerdo con su abogado- no se puede corroborar que Vallejo Mora haya formado parte de la estructura de Los Caballeros Templarios, o que haya comprometido recursos del gobierno de su padre. Sin embargo, aparece en franca camaradería con el ex jefe de dicho cártel. Se trata –como a lo sumo no lo deja entrever el Poder Judicial- de una simple pero peligrosa amistad.

Pero más allá de que si Rodrigo Vallejo debe continuar su proceso penal en libertad, lo cierto es que su liberación en pleno arranque de la campaña electoral es una bomba que no tarda en explotar.

Del optimismo inicial de los priistas para “ahora sí” ver como se sumaba Fausto Vallejo a la campaña de “su correligionario, mas no su amigo” -Chon Orihuela dixit- lo cierto es que el regalo que le otorgó Enrique Peña Nieto a “su candidato” huele más a veneno que a respaldo.

Por ello, colmilludo como suelen ser los priístas, inmediatamente Chon Orihuela salió a negar el “muertito” político, y antes de que se le arrimara el fuego a los aparejos, dijo que ni le beneficiaba ni el perjudicaba la liberación del Gerber.

Por ello, la gota de veneno que soltó Peña Nieto en la contienda de Michoacán todavía no recibe labios que la quieran beber, porque más allá de que si Fausto Vallejo apoyará a su “correligionario” o no, lo cierto es que Rodrigo Vallejo conlleva la marca del PRI, aunque no milite.

Ese fantasma viene a desestructurar la campaña del candidato del PRI, que pregona que no habrá borrón y cuenta nueva, porque en los hechos el primer priísta del país ya mandó esa señal: ya hubo borrón y cuenta nueva.

Resulta evidente que ni a Silvano Aureoles se le pueden achacar los señalamientos de la administración de Leonel Godoy, ni a Chon Orihuela las de Fausto Vallejo. Sin embargo, ya no hay mácula posible en estas campañas.

¿A qué juega Enrique Peña Nieto en la elección de Michoacán? ¿Cuál es su apuesta y bajo qué lógica mueve sus piezas? Esas dudas hasta el momento los ciudadanos no podemos responder, y mucho menos los priístas.

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