HomeDerechos Humanos¿Se vale cerrar el Conafe en nombre de justicia social para los jóvenes?

¿Se vale cerrar el Conafe en nombre de justicia social para los jóvenes?

¿Se vale cerrar el Conafe en nombre de justicia social para los jóvenes?

Hace poco más de 20 años, estaba por terminar el último grado de secundaria, mientras miraba la televisión, un corte comercial cambiaría mi vida, aun recuero el eslogan: “Participa como instructor comunitario, un Instructor Comunitario es un joven egresado de secundo bachillerato, que presta un servicio social en comunidades rurales o marginadas; participa el Conafe te apoya”.

A cambio de un año de servicio, el Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe) devolvía tres años de beca para continuar estudiando la preparatoria o la universidad, así tuve oportunidad estudiar en el Colegio de Bachilleres, y después la Universidad.

Tener una beca ayuda en la vida, pero el mayor cambio es durante el servicio social; siendo originario de la meseta puerépecha, una región donde escasean las oportunidades de desarrollo, a la edad de 15 años era un reto titánico dejarlo todo y comenzar a valerse por sí mismo.

No es fácil alejarte de tu gente, de tus amigos, de tu casa; abandonar todo para ir a vivir a regiones donde no hay siquiera energía eléctrica, sólo la naturaleza en todo su esplendor.

A veces nos tocaba caminar durante días para llegar a las comunidades, los que corrían con mejor suerte podían ir en camionetas por alguna terracería, pero sólo había transporte una vez al mes.

A otros nos tocaba cargar con las mochilas por caminos agrestes, a veces hechos polvo y a veces hechos lodo; cruzar ríos, montañas y montañas. En algún lugar nos esperaban con caballos, o teníamos que hablar por radio para que pasaran a recogernos a alguna punto más cercano. Cuando había suerte cruzábamos por alguna comunidad donde la gente entusiasmada nos invitaba a comer algunos frijoles con queso y un vaso de agua cristalina, fresca y pura, todo a cambio de un rato de charla, aquellos sencillos platillos se convertían en un banquete solo por narrar cómo es la vida en los pueblos donde nosotros vivíamos.

A nuestra edad, eran demasiadas las adversidades, muchos compañeros desertaban, un motivo era que nuestra sede de capacitación y nuestra sede de servicio eran de las más castigadas, desde Parácho viajábamos hasta Coalcoman, sólo regresábamos cada mes a reuniones de tutoría y evaluación, a ver a nuestras familias.

Viajábamos en grupos por mayor seguridad, sólo una vez intentaron asaltarnos, fue una madrugada, cerca del Puerto de las Cruces, una comunidad que se encuentra entre Tepalcatepec y Coalcoman, pero la pericia del chofer del autobús (del A de O) nos salvó de aquella mala experiencia, el camión terminó con algunas ventanas perforadas por los balazos.

Situaciones cómo estás orillaban a que los Instructores Comunitarios, ahora llamados Líderes Comunitarios, desertaran a los primros días de práctica, a los tres meses del ciclo escolar más de la mitad de los que se inscribían en este servicio desertaban, con justa razón, no era fácil vivir en la sierra, lejos de todo lo que conoces y donde no conoces nada, donde la mayor tecnología si acaso era una radio de pilas, o con mucha suerte, tocaba una comunidad donde había una planta de luz solar, en esas regiones de Michoacán la producción de energía eléctrica con paneles solares llegó antes de que se pusiera de moda ser ambientalista, pero aquellas plantas sólo servía para prender un par de focos de pocos wats durante la noche, o para una hora de televisión los domingos, después de la reunión en las comunidades que tenían una capilla.

Nuestra misión esencial era enseñar a leer y escribir a niños y a adultos. Eran grupos pequeños, con seis alumnos la mayoría, las comunidades donde más alumnos se atendía no pasaban de 20 estudiantes, pero las comunidades donde había menos de cinco alumnos no eran atendidas, buscando optimizar los recursos humanos.

Eran clases multinivel, para cuestiones prácticas sólo se manejaban tres niveles, aquel alumno o alumna que egresaba del tercer nivel podría recibir un certificado de educación primaria.

Con amargura recuerdo una familia que vivía por el camino que lleva a la comunidad El Tortugo, al norte de Coalcoman, sólo vivía una familia en un lugar conocido como El Paso, los padres ya casi entraban en la edad de la vejez, tenían dos hijas, entre los 10 y los 14 años, ninguno de la familia sabía leer ni escribir, la escuela más cerca les quedaba como a hora y media de camino, pero no podían ir porque su presencia era vital para la sobrevivencia de la familia. Más allá de regalarle algunos libros de primer grado, algunas libretas y unos lápices, no se podía hacer más. Las clases ocasionales de algún fin de semana no servían de mucho.

En los años que yo di ese tipo de servicio, apenas logré entregar seis certificados, enseñé a leer a 18 niños, la alumna a la que mejor pude instruir vive la comunidad la Hierba Buena, municipio de Morelia, ella participó en un concurso estatal de conocimientos de educación primaria; también hice una gestión para un molino, en la comunidad El Molino de la Changungera, municipio de Coalcoman, conocí cientos de amigos, pero lo mejor de todo, fue que aprendí a vivir como vive la gente de otros pueblos y otras regiones.

Hoy el Gobierno Federal que encabeza Andrés Manuel López Obrador, quiere desaparecer el Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe), con el programa Jóvenes Construyendo el Futuro, cada joven recibirá en promedio dos mil pesos mensuales, las becas ya no son necesarias.

Desde estas perspectiva, al interior de cada una de las delegaciones del Conafe en cada estado se ha dado la instrucción de que comiencen a despedir gente que no esté en la estructura; a los jóvenes que en este momento prestan un servicio comunitarios se les está mandando a registrarse en el programa Jóvenes Construyendo el Futuro, pronto el despido será también para el personal de estructura, según declaraciones del mismo personal, sólo se mantendrán como empleados hasta terminar de hacer todo el papeleo.

Bien por todos los jóvenes que tendrán un ingreso económico mensualmente, si quieren pueden seguir estudiando, o no.

El olvido será para las comunidades rurales, los niños que viven alejados de todas las escuelas de todos los centros de población donde no hay una primaria, donde los maestros no quieren ir a dar clases porque prefieren trabajar en una escuela en la ciudad.

¿Se vale sacrificar a toda esa gente de las comunidades marginadas en nombre de justicia social para los jóvenes?

Sólo en Michocán actualmente se están atendido mil 400 comunidades en diferentes municipios, sobre todo en los más alejados, Apatzingán, Aguilla, Coalcoman, Tepalcatepec, Aquila, La Ruana, Tzizio, Hutmo, Carácuaro, Nocupetaro, Tuzantla y otros más, muchas comunidades que incluso pertenecen a la capital michoacana y que viven lejos de las oportunidades de desarrollo.

Según los datos de los trabajadores en la delegación del Conafe, que tiene una semana en huelga por esta situación, actualmente se están ofreciendo mil 800 servicios de preescolar, nivel primaria y secundaria, además de 930 servicios de educación inicial, donde se ofrecen asesorías para el mejor desarrollo durante los primeros años de infancia.

La atención educativa en las comunidades rurales se complementa con el mayor acervo bibliográfico del médico tradicional, en infinidad de colecciones de libros el Conafe recoge cuentos y tradiciones orales que se transmiten a través de la palabra, ya sea de manera oral o escrita, están Los Cuentos del Mayab, Así Cantan y Juegan en los Altos de Jalisco, la colección de cuentos Granos de Sal, y una infinidad de narraciones tradicionales recolectadas por los mismos instructores o por especialistas, si desaparece el Conafe seguramente los futuros alumnos de la escuela rural también se perderán la oportunidad de disfrutar ese tipo de contenido cultural único en todo México.

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