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Sigamos haciendo todo lo que el Estado criminaliza, sigamos protestando: Dresser

Sigamos haciendo todo lo que el Estado criminaliza, sigamos protestando: Dresser

Revolución TresPuntoCero

La protesta social -como la única vía democrática para exigir respeto a los derechos, un alto a los agravios contra la sociedad, y poner fin a las malas prácticas de los gobernantes- es para la politóloga Denise Dresser “un cerillo en la oscuridad” que permite pelear “contra los demonios del país que andan sueltos”, tales como la corrupción, la violencia, entre otros.

Al comentar el informe “Control del Espacio Público 3.0”, presentado por el Frente por la Libertad de Expresión y la Protesta Social, la profesora del ITAM señaló que a pesar que existe una tendencia clara del gobierno para restringir y sancionar a quienes protestan, las calles deben ser tomadas pues muchas transformaciones iniciaron desde ese frente de lucha.

“¿Qué es la protesta social? Qué es la ocupación ciudadana del espacio público? Es un cerillo en la oscuridad, una caja personal de herramientas para componer el presente y trazar el futuro; instrucciones para los que quieren desobedecer, cuestionar, confrontar y a la vez construir (…) ser sensores implacables del poder porque es la única manera de democratizar su ejercicio. Tienen razón en decirlo: ‘sin protesta no hay democracia’.

“(Debemos) usar el derecho democrático a la libertad de expresión para pelear contra los demonios que todavía andan sueltos. Ese demonio que es la impunidad, la corrupción, la violencia, el país donde del ‘no pasa nada’, donde hay muchos escándalos pero muy pocas sanciones, donde siempre hay corruptos señalados, pero casi nunca corruptos encarcelados y donde todo esto es normal”, dijo.

Al respecto, Dresser abundó en los males que hoy aquejan a la nación. Indicó que escándalos como el de la Casa Blanca de Peña Nieto, o las sistemáticas violaciones a los derechos humanos son síntomas de “una urticaria con la cual el país se ha acostumbrado a vivir”.

“Los errores, los escándalos, las fallas, las violaciones a los derechos más esenciales, no son indicios de catástrofe, sino de continuidad. La pederastia protegida por un gobernador; o la fortuna ilícita acumulada y después regresada a un hermano presidencial incómodo a pesar de sus 5 pasaportes falsos; o los bonos multimillonarios que se adjudican nuestros servidores públicos; o la casa blanca, o la casa de Ixtapan de la Sal, o la casa de Malinalco; o la investigación mentirosa de la PGR sobre Ayotzinapa, todo esto no es un síntoma de cáncer a punto de metástasis, sino de una urticaria con la cual el país se ha acostumbrado a vivir”, señaló.

Para el Estado mexicano, apuntó la politóloga, la protesta social es un acto desafiante a través del cual se han conseguido varias conquistas de la sociedad. Mencionó el caso del pueblo guatemalteco, que logró enjuiciar a su presidente.

“La protesta social se encuentra inserta en el corazón mismo de la inacabada democracia en muchos países, incluyendo el nuestro. No hay ejercicio actual de libertades o derechos que no sea resultado o consecuencia de la lucha y las marchas, y las conquistas ciudadanas, que tuvieron su origen en las calles y en la protesta.

La protesta para el Estado siempre será desafiante. Ese es y seguirá siendo su talante transformador. Por ello miles de mexicanos protestan de manera legítima, al igual que miles de personas que se congregaron en Guatemala, o miles de personas que desafiaron al partido comunista checo, o que se pararon frente a los tanques en Tiananmen, y tantos en México para volver a Ayotizinpa, a Tlatlaya, a Tanhuato, a Ostula, un punto de quiebre”, manifestó.

En este sentido, expresó que tal y como lo señala el informe del Frente por la Libertad de Expresión y la Protesta Social, hay una tendencia al impedimento y la represión de los actos de protesta social. Agregó que hoy en día el gobierno impone medidas que buscan restringir el ejercicio de este derecho.

“El problema en México, como lo evidencia el informe, es que hay una tendencia preocupante hacia el impedimento y al represión en la protesta social. Vemos por parte del Estado un marcado rechazo a las expresiones sociales de denuncia. Vemos medidas de restricción y sanción al ejercicio ciudadano de derechos. Vemos la criminalización. Vemos diversas violaciones de DDHH en contextos de manifestación y protesta social”, expuso.

En este panorama, sentenció que ser un ciudadano crítico en México, que sale a protestar, es una tarea no fácil. Dijo que el oficio de ciudadano participativo debe implicar la disidencia y la crítica.

“Ser ciudadano crítico es entender que la obligación intelectual mayor que tenemos es la de rendir tributo a nuestro país a través de la crítica y la protesta, y que se vale tomar las calles para hacerlo (…) El oficio de ser ciudadano participativo, crítico, disidente, parte del compromiso de salir a la calle, y llamar a las cosas por su nombre. Descubrir la verdad aunque haya tantos empeñados en esconderla.

“Ser un ciudadano que protesta en México no es una tarea fácil, implica saber correr. Lleva con frecuencia la sensación de desesperación ante la cobertura inexistente, de eso que uno vio, en los medios; lleva a la desesperación ante la gerontocracia sindical, los empresarios resistentes al cambio, los empeñados en proteger sus privilegios; los que se indignan por el caos vial”, señaló.

Dresser destacó el valor de la protesta social, aún en las condiciones difíciles para ejercer este derecho. Dijo que a través de esta clase de expresiones se vuelve importante denunciar los males de esta clase política en el poder.

“El informe destaca el valor de la protesta social aun en las condiciones más difíciles. Hay algo moral e intelectualmente poderoso en disentir del Statu Quo, en encabezar la lucha por la representación de quienes no tienen voz en su propio país (…) Se vuelve imperativo criticar la corrupción, defender a los débiles, retar a través de la protesta social a la autoridad imperfecta o agresiva. Por eso se vuelve fundamental seguir denunciando las casas o las mentiras, y los abusos, y el escandaloso partido verde, y el caso de la Guardería ABC, Tlatlaya, Ayotzinapa, la Casa Blanca.

Se vuelve imperativo defender nuestro derecho a tener derechos y uno de ellos es el derecho a protestar y a ocupar el espacio público para hacerlo. Y no hablo de marchar por marchar o desempeñar el papel de quejumbroso, más bien al manifestarnos críticamente buscamos mantener vivas las aspiraciones de verdad y justicia que este gobierno se empeña en escatimar o burlarse de ellas”, dijo.

La politóloga reiteró que la protesta social sigue siendo acosada por una serie de actos violentos que intentan desarticular todo tipo de estas expresiones. Recordó que en la Ciudad de México se han presentado casos recientes en donde la brutalidad policiaca se ha hecho presente, lo cual evidenció que el DF dejó de ser un lugar de libertades.

“Las protestas y manifestaciones a través de las cuales la ciudadanía ejerce el derecho a la libertad de expresión, siguen siendo amenazadas por incidentes violentos como los que presenciamos el 8 y 20 de noviembre de 2014 en la Ciudad de México, o el caso paradigmático de la manifestación afuera de Puebla que cobró la vida de un menor de edad impactado por una bala de goma.

Aun así con todo los casos, hacemos un llamado a seguir haciendo todo lo que el Estado mexicano insiste en criminalizar, tapar, minimizar, imitar o prohibir. Ser un ciudadano participativo que protesta en México es una vocación que requiere compromiso y osadía. Es tener el valor de creer profundamente en algo y estar dispuesto a convencer a los demás de ello. Es retar todos los días, en las calles, en los medios, en milpiés foros la mediocridad, la corrección política, es resistir la cooptación, es vivir generando incomodidad, es vivir diciéndole a los demás lo que preferirían no oír, hay afuera en el espacio público, a pesar del intento estatal por restringir la protesta social, incluso por la vía legislativa”, dijo.

Reiteró que la sociedad debe seguir tomando las calles para comenzar con las transformaciones que este país necesita. Dijo que la ciudadanía debe tomar en cuenta que todos los cambios comenzaron de pequeños grupos, que pensaron en “transformar lo imposible”.

“Si miramos la historia de la humanidad ojala comprendamos que cada cambio, cada movimiento, cada viraje social comenzó con un grupo de amigos, colegas, organizaciones aferrados a una idea que parecía imposible en su momento. La idea imposible, en este momento, (es) de la rendición de cuentas en México; la idea imposible de que el gobierno resista a la corrupción en vez de albergarla; la idea imposible que la democracia sirva a sus ciudadanos y no sólo a sus partidos; la idea imposible de que la policía investigue y proteja, en lugar de extorsionar o asesinar. Estas ideas que hoy en México parecen imposibles.

“Hay muchos en el Estado, en el país, y en las elites políticas y económicos que se quejan de esa protesta, pero la protesta es hermosa porque abre las rutinas del espacio y el tiempo, permitiendo que lo inimaginable, lo imposible, florezca.”, finalizó.

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