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¿Qué significa ser joven en Apatzingán?

Por Andrés Alcántara Melgoza

Director de la RMJP en Apatzingán

Morelia, Michoacán.- Recuerdo el día, que estando en Facebook leí la misma nota, una y otra vez en diferentes medios de comunicación; “Apatzingán líder nacional en consumo de alcohol entre menores de edad”. Y de primera instancia no lo creí, pensaba que probablemente estaban exagerando y que era una nota amarillista más que hacía que los medios pudieran vender más. Pero ya reflexionando seriamente, días más tarde, me di cuenta de que era cierto y eso era sólo un efecto de un conglomerado de problemas que hacen que nuestra juventud apatzinguenze se encuentre con tan lamentables parámetros.
A lo largo de mi infancia, pubertad y adolescencia en mi querido Apatzingán de la Constitución, conviví con muchos compañeros, algunos se conviertieron en muy buenos amigos y otros más en camaradas, viví toda mi vida en Apatzingán, hasta los 20 años, por lo que puedo dar fe de que lo que escriba aquí tiene veracidad.
Pienso yo, que existe una descomposición en el seno familiar, como que algo se está fragmentado en el círculo social más importante para una persona y no es para nada algo que deba tomarse con ligereza. Eso, aunado a que tenemos décadas de una cultura violenta que ha hecho crecer en la mente de los jóvenes, que para darse a respetar hay que ser violentos, fumar, beber, meterse drogas y tener posesiones materiales, hacen que se tenga una visión errónea de lo que es el progreso.
Pero hagamos un análisis de lo que es vivir en Apatzingán, Michoacán para que podamos entrar mejor en contexto. Una ciudad de poco más de 123 mil habitantes, clavada en la depresión del balsas, donde la temperatura puede llegar hasta los 45°C y donde, prácticamente no existen lugares de ocio y recreación, no digo que se justifique, pero veamos, no hay lugares donde las personas puedan salir a divertirse de manera sana, la falta de inversión ha hecho que sólo proliferen cantinas, bares, depósitos de cerveza, etc. Llega el fin de semana y es hora de salir a “Dar la vuelta” es a como comúnmente se le llama a salir con tus amigos en sus vehículos, motocicletas y tomar alcohol hasta que no pueden más, esto, sábado a sábado y para muestra, invito a cualquier persona a pasar por la Avenida Constitución a la 1 de la mañana y sabrá de lo que hablo. No digo que esté mal divertirse, salir con amigos, beber para festejar algo, pero, creo que hacerlo en vía pública, manejar ebrio, poniendo en riesgo la vida propia y de los demás es algo que no debería de suceder, pero que sin embargo, sucede.
Cómo ya dije, la falta de inversión, ha hecho que no existan lugares de ocio y recreación sanos, ni fuentes de trabajo estables, en mi ciudad sufrimos de desempleo juvenil, benditos sean aquellos que tienen un trabajo que les de buen dinero, pero que sepan utilizarlo, ya que muchas de las veces ese mismo dinero termina en vicios.
Académicamente hablando, los que tienen familia que les apoyen, terminan sus estudios de educación superior, aquí mismo hay un Tecnológico y varias escuelas privadas, así como una facultad de la UMSNH, pero muchos son los que logran emigrar a Morelia a continuar con sus estudios, porque aquí no hay la suficiente oferta educativa que pueda satisfacer a todos.
Lo anterior, en el mejor de los casos, ya que son muchos los jóvenes que, a causa de un deterioro familiar, de que se les haga fácil, terminan formando una familia a muy temprana edad, forzándose así a “juntarse”, a vivir en casa de los suegros, a tener un trabajo mal pagado, para sobrevivir y mantener a la pequeña familia.
A todo esto, vamos a sumarle una narco cultura y una cultura de formación familiar temprana, forjada de décadas de tradición en pueblos y rancherías aledañas. Todo esto hace difícil que los jóvenes en Apatzingán logren un desarrollo integral que contenga una satisfacción personal.
He visto, con tristeza, como compañeros con excelentes calificaciones, por la falta de oportunidades se tuvieron que quedar a ser el sostén de sus familias trabajando en empleos mal pagados, perdieron su brillo, su oportunidad de superación. Y así como se pierden grandes mentes, grandes potenciales empresarios, se pierde la esperanza de tener un Apatzingán mejor.

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