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Sobre el libro vaquero y otros gustos culposos

Sobre el libro vaquero y otros gustos culposos

Por Gloria Illescas

(31 de marzo, 2014).- En el puesto de revistas, en el baño, debajo del colchón, etcétera ¿Quién no se ha topado con el libro vaquero u otras publicaciones similares en éstos u otros lugares? El mundillo conformado por la historieta erótica ya forma parte del imaginario colectivo e incluso bien podría considerarse una suerte de elemento casi folklórico del país (para alegría de algunos y disgusto de otros). La industria del cómic erótico/pornográfico (dependiendo de la publicación) se niega a desaparecer, es uno de los gustos culposos más grandes de una considerable cantidad de consumidores.

Para hablar de ello con mayor claridad, habrá que hacer cierta pausa y aclarar que existen dos tipos de historietas mexicanas de corte sexual: Los semanarios al estilo de El libro vaquero, que consisten en sencillos relatos autoconclusivos dotados de cierto toque de erotismo y romanticismo ligeramente cursi; y las historietas de publicación mensual o semanal, tales como Almas perversas, que también consisten en relatos autonclusivos cuya temática, sin embargo, es de carácter pornográfico; ambas gozan de connotaciones y valoraciones distintas.

En los últimos años, El libro vaquero se le ha dotado de cierta revaloración positiva, la cual no es de extrañar, ya que esta historieta es una de las publicaciones nacionales más longevas (cuenta con aproximadamente 36 años), con un cuantioso número de ediciones (más de 1600) y que además sigue produciéndose artesanalmente por un equipo compuesto por no más de 20 personas por edición.

La aceptación del mismo como un elemento más de la cultura popular mexicana ha propiciado un interés creciente sobre el mismo, en parte hacia su temática y en parte hacia el arte que en él se maneja, como puede constatarse en variedad de artículos de diversos medios e incluso en exposiciones internacionales, tales como la efectuada durante 2012 en la galería Divus Prager Kabarett en Praga bajo el título “ The Good, the Bad and the Sexy” que mostraba una recopilación de las portadas más interesantes de dicha publicación.

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Retomando el caso de las historietas pornográficas, las críticas que este género recibe giran en torno a diversos temas, ya sea sobre la manera en la que abordan la sexualidad, el comportamiento o motivaciones de sus protagonistas, la cosificación de los individuos, la calidad del dibujo y la narrativa, etc. Por lo general se les suele tener en baja estima, de ahí que se les considere un gusto culposo, que sin embargo, no ha impedido que sus niveles en ventas se mantengan estables (ironías de la sociedad).

¿A qué se debe que la connotación peyorativa de El libro vaquero haya disminuido en comparación a las de las historietas de corte pornográfico, al menos dentro del ámbito cultural? Bien, en primera instancia resulta un tanto difícil imaginar una sociedad donde se vea con buenos ojos a la pornografía, a la cual suele encasillarse dentro de una generalización calificativa que obedece a la premisa “toda la pornografía es sucia, lasciva y obscena en diferentes niveles”, cosa que no es del todo cierta, sin embargo esta es la idea predominante.

Tal y como lo señala Ricaro Vigueras mediante un interesante análisis efectuado en su artículo“La historieta pelangocha mexicana: Una aproximación (de ser posible) reivindicativa” a El libro vaquero y otras publicaciones de corte similar, no se les considera del todo vulgares, después de todo se trata de westerns a la mexicana con sus considerables dotes de acción y romanticismo, quizá no los más brillantes pero en definitiva entretenidos. En contraparte, a la historieta pornográfica se le considera como parte de la llamada “baja cultura”.

Como bien menciona Vigueras: “El sexo es una necesidad tan grande como la del alimento, pero cierto pensamiento puritano (desde gobiernos e iglesias) y una mentalidad que sólo es capaz de concebir el arte desde criterios de aristocracia aristotélica que responde a valores sacrosantos de un canon secular (entre profesores e intelectuales) hacen que estas historietas no tengan quien las defienda públicamente”. Éstas forman parte de un tipo de expresión cultural, que refleja de cierta manera a la sociedad misma, pero que sobretodo son un medio de entretenimiento, sin ningún objetivo pernicioso.

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