HomeDerechos HumanosTablazos y amarres, método de “disciplina” en el Centro Oxford de rehabilitación: víctimas

Tablazos y amarres, método de “disciplina” en el Centro Oxford de rehabilitación: víctimas

Los tablazos y amarres, son parte de los métodos de “disciplina” aplicados en los Centros Oxford para la rehabilitación de alcohólicos y farmacodependientes, en donde los internos son sometidos a actos de tortura, vejaciones y violaciones, con la permisibilidad de las autoridades responsables de supervisarlos.

En los Oxford las violaciones son tanto a mujeres como a hombres, las y los jóvenes recluidos son puestos a disposición de los encargados de los centros y de “El Padrino”, quienes a gusto echan mano de cuanto desean.

Los testimonios de víctimas de violaciones de derechos al interior de los centros Oxford se multiplican, internas que sufrieron en carne propia las vejaciones, los golpes, los castigos y las violaciones se acrecientan, mientras los encargados de los Centros hacen movimientos para evadir una posible acción de la justicia, que por años, no se ha dado y ha permitido la permanencia de una operación en la impunidad.

Luego de que el miércoles Revolución 3.0 publicara el trabajo denominado “Violaciones, torturas y violencia, el costo de la rehabilitación de María en Morelia”, las voces de víctimas decididas a hablar se han multiplicado, exigen justicia, y que las autoridades asuman su responsabilidad sobre los que ocurre en esos Centros.

Es el caso de Ana –que no se llama Ana, pero por seguridad se le nombrará en esta información así-, quien recuerda de los castigos en el Centro, de la manera en que los encargados de los Oxford “hacían uso” de las internas.

“Si decían que la pared era verde, tú lo aceptabas, porque de otra manera te arriesgabas a que te aplicaran, eran tablazos o eran que te amarraran en la enfermería; te amarraban como iguana, te dejan parada y un pie te lo amarran hacia atrás con una mano, no puedes ir al baño, había ocasiones en que las acostaban en el piso amarradas y las envolvían en una colchoneta, ahí se orinaban, ahí se hacían del baño y ahí se podían aventar días”.

Con el aval de “El Padrino”, a quien señalan como Felipe Gaytán Ruiz, alias “El Chako” a quien identifican como dueño de los Centros, las internas eran sometidas por “Las Madrinas” o encargadas del Centro Femenil ubicado en la calle Camino Real número 220 de la colonia Gertrudis Sánchez, Tercera Etapa. Hablan de dos hermanas, Guadalupe y Concepción Ortiz, pero la que mayor temor les infunde es ésta última.

“Hubo una ocasión, ya estábamos acostadas y cuatro chavas se quisieron escapar, yo escuché y luego muchos gritos, ya estaban tableando a las chavas, con tablas de cajas de frutas, las tenían encueradas en la sala, las golpeaban en las piernas, en las nalgas, en las manos, en los brazos. Pensamos que iba a quedar ahí, pero luego las aplicaron dejándolas alrededor de mes y medio paradas, estando o no estando con su regla, así las tenían, ahí se hacían del baño, no las dejaban cambiarse de ropa, iban los padrinos de los otros anexos, hombres, mujeres, y así las veían”.

Las comidas eran también motivo de tortura y vejación, “si te vomitabas era algo sorprendente porque hacían que te comieras el vómito. Una vez no recuerdo qué nos dieron de comer y a una chava le dijeron, te lo tienes que terminar, más tardaron en decirle que ella en voltearse y vomitar, entonces una de las encargadas le dice, te vas a comer tu vómito y ella responde que no, empezó una alegata muy grande y con una cuchara hicieron que se lo comiera”.

Ana recuerda una ocasión en que llegaron en una camioneta con cubetas de 20 litros retacadas de bofe e hígado, “ya olía feo, y empezaron a poner la carne en ollas así, grandotas, ahí en la entrada en lo que es la cochera, nos subieron a dormir y al día siguiente olía horrible, esa fue nuestra comida. La carne ya tenía manchas blancas y moradas, ¿eso me lo tengo que comer?, pues sí, muchas terminaron aplicadas ese día porque se negaron a comer, otras sí nos lo comimos y terminamos con una infección en el estómago y así aviéntatela, no eran para darnos una pastilla para el dolor de cabeza, pese a que a nuestras familias les pedían medicamentos. Nos daban diez cuadritos de papel para todo el día”.

 

La omisión

 

Autoridades han sido omisas o cómplices de los abusos, y responsables de supervisar estos lugares mantienen una relación de amistad con los dueños y responsables de éstos, se les procuran regalos y sobornos, y se les atiende a “cuerpo de rey” cuando realizan las visitas. Todo ello conforme a los testimonios recabados con las víctimas que hoy hablan y deciden alzar la voz.

Los testimonios señalan a Víctor Hugo Hernández Mosqueda, quien se desempeña como auxiliar administrativo en la Junta de Asistencia Privada, y de quien, en a través de los portales de transparencia del Gobierno del Estado pueden conocerse diversos oficios de comisión para visitas de “supervisión y asesoría”, a diferentes centros de rehabilitación en el estado.

 “Una vez que iba a haber una revisión, nos pararon, nos pusieron música, nos dijeron que nos motiváramos, y nos indicaron que nos pusiéramos a sacudir todas las colchonetas y cobijas, nos hubo juntas y nos pusieron películas. Antes que lleguen los de revisión nos advierten que no podíamos hablar con nadie. Esa vez cuando llegó la revisión sí pasaron a los cuartos, y preguntaron cuántas personas dormían en cada uno, les dijeron que cinco cuando en realidad ahí nos quedábamos como 25 en una sola habitación”.

Otras ocasiones en que el supervisor llegaba solo, no entraba a la revisión del lugar, era recibido por los encargados que le hacían obsequios, y lo invitaban a comer, “era evidente que era una relación de amistad”.

 

Chicas “bufete”

 

Las violaciones y los abusos sexuales es común denominador en los Oxford, conforme a los testimonios de las víctimas quienes, refieren como los encargados de los Centros hacían uso a su antojo tanto de hombres como mujeres en los anexos femenil, varoniles y Kids.

 “Una vez una chava que tenía 16 años y con la que dormíamos en el mismo cuarto se puso a llorar, ese día no estaba la encargada del cuarto, y le pudimos preguntar qué le pasaba, nos dijo que la habían tocado y hecho cosas, yo no podía creerlo porque en ese momento a El Padrino yo lo tenía en un pedestal, pero ella nos dijo que el padrino la había violado. No sólo violaban a las mujeres, también a los hombres, un amigo me dijo cómo el encargado del Kids había abusado de él”.

En el Centro Femenil las internas eran retratadas no sólo a su ingreso bajo el argumento de integrar su expediente, Ana refiere: “una vez nos reunieron bajo el pretexto de revisarnos que porque alguien había metido algo al Centro, nos desnudaron, nos hicieron hacer tres sentadillas a cada quien, luego ya vestidas y medio peinadas nos tomaban fotos, ¿dónde terminaban esas fotos?, la verdad no lo sabemos. No sé si desnudas nos tomaban fotos, porque nos volteaban de espaldas, hacíamos las sentadillas y nos volvían a sentar. Las fotos nos las tomaban los encargados, mujeres y hombres.

“Venían los encargados de otros anexos, incluso de la Ciudad de México, estaba “El Güero”, “El Bloque”, “El Tony” que ya está en la cárcel y otros, venían varios, uno se quedaba callado por miedo, sacaban a las chavas y uno se imaginaba lo que pasaba. A veces llegaba El Padrino, y de dónde viniera siempre bajaban una chavita diferente con él”, refiere.

 

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