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El verdadero Amo de USA: The National Rifle Association

El verdadero Amo de USA: The National Rifle Association

En un Estado capitalista,
el Gobierno sólo es el administrador
de los bienes de los dueños
de los instrumentos de producción.
                                     Karl Marx

 

Nunca dije denles armas a los maestros,
como lo establecieron los noticieros falsos de CNN y NBC.
Lo que dije fue que se considerara la posibilidad
de que los maestros adeptos a las pistolas,
con adiestramiento militar […]
portaran armas ocultas (en funda).
                                 Donald Trump, Twitter, febrero 22 de 2018. 

 

Memoria histórica obliga. Una añeja historia de los Estados Unidos de Norteamérica, que sostiene un sistema de engañosas gestas y sangrientas masacres, honra el 15 de diciembre de 1791 (15 años después de la Revolución de Independencia de 1776), porque es una fecha en la que es incorporada a la Constitución la Segunda Enmienda, que resguarda “el derecho del pueblo a tener y portar armas”, para “garantizar un Estado libre”. Porque el cuarto presidente, James Madison, argumentó que el uso de armas sin restricciones serviría para ejercer el derecho ciudadano a la legítima defensa, incluso ante la eventual extralimitación del poder del Estado. Un derecho totalmente incongruente, pues el capital objetivo del nacimiento del Estado Moderno es para garantizar la seguridad de los ciudadanos, y si no es así pues por qué habría que sostener semejante aparato tan caro para el pueblo. Sin embargo, la defensa de la bandera pronto se convirtió en el estandarte sagrado y la segunda enmienda en el credo. Por ello, al amparo de sus ideales bélicos, sus millonarios negocios y su inmortal pulsión de muerte, el objetivo de la National Rifle Association, siempre ha sido, es y pretenderá ser, derrotar donde sea y cuando sea necesario la histeria anti-armas, pues si no, se acaba el Gran Negocio, de la Violencia de un país imperialista, para gloria de un emporio criminal y suicida de embaucadores y timados. Para ello es preciso hacer de la tragedia de Las Vegas y ahora de la matanza de jóvenes en una secundaria de Florida unas pasajeras pesadillas de las que sólo hay que despertar para seguir comprando más armas. Por lo que es preciso repetir la exclamación de Trump ante cada nueva masacre: ¿Qué Dios los bendiga?

Sabido es desde los tiempos inmemoriales de la criminal y suicida  Segunda Enmienda, que nadie que no haya pactado con la National Rifle Association de no tocar la Segunda Enmienda que concede “el derecho del pueblo a tener y portar armas”, para garantizar un Estado libre”, puede llegar a la presidencia de USA. Y como consecuencia lógica, que  el precio de tocar la segunda enmienda es más que adivinable. Más aún, al que la NRA permita llegar al Capitolio, debe tramar guerras entre los pueblos de la Tierra, declarar guerras por doquier, para llenar de armas de todo calibre la Tierra. Por ello, Donald Trump, quien recibió 30 millones de dólares de la NRA para su campaña, no puede ni promover ni permitir ninguna enmienda a la legislación que perjudique a la NRA, pues él no es más que un peón del ajedrez de la National Rifle Association, una funesta pesadilla norteamericana que cuando se siente amenazada inventa cómo engañar a más bobos o psicópatas para combatir a los asesinos o a los locos contra los que ahora “es necesario armar a los maestros”.

La verdad es que todos están metidos hasta el cuello en la cultura de la violencia armada, desde la infancia, de generación en degeneración. No extraña que Bill Nelson, el senador demócrata por Florida, en el reciente debate entre legisladores, estudiantes, maestros y padres de familia, difundido a nivel internacional por CNN, presumiera sus virtudes humanas sin pudor compartiendo que va a cazar animales silvestres y lleva a sus hijos desde que eran niños (y seguramente su padre lo llevaba a cazar a él). Pero los cazadores nunca vincular su “deporte” con sus deseos de matar, desviado hacia los animales para “disfrazar su instinto criminal”, cuya línea divisoria es tan tenue que un día matan de un tiro en la cabeza a sus compañeros y maestra, como el hijo del también cazador y maestro de cacería letal en un colegio de Monterrey.

Paddock, el asesino suicida de las Vegas tenía permisos para caza mayor, Nikolas Cruz, el joven asesino de Parkland, Florida, según vecinos, desde niño asesinaba mascotas en su barrio. Los hijos de Trump se lucen en fotos sin pudor, con sus inocentes presas de cacería enlatada en ranchos para millonarios, donde hasta borrachos pueden matar a un león o un elefante (y su agresivo padre les consigue todos los permisos necesarios para perpetuar esa violencia cobarde que seguramente les trasmitió desde niños).

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