HomeDerechos HumanosViolaciones, torturas y violencia, el costo de la “rehabilitación” de María en Morelia

Violaciones, torturas y violencia, el costo de la “rehabilitación” de María en Morelia

Violaciones, torturas y violencia, el costo de la “rehabilitación” de María en Morelia

Cuando María cumplió un año de internada, le notificaron que tendría una salida con “El Padrino”; ese día por la noche él la llevó a un hotel en donde la violó. Fue la primera de muchas ocasiones durante cuatro meses.

María no se llama María, la reserva de su nombre fue acordada para proteger su identidad. Aunque ha decidido alzar la voz y denunciar, el temor sigue presente, la angustia de los castigos, las torturas y las violaciones han marcado su vida desde que, a los 18 años ingresó en Morelia al Centro Femenil Oxford para la rehabilitación de alcohólicos y farmacodependientes.

 

“Yo decidí anexarme por voluntad propia, porque sí estaba mal, mi mamá se empezó a mover y una amiga de ella le comentó de ese anexo. Cuando ingresé, los primeros meses… no voy a decir que eran cosas normales, había muchas situaciones que de verdad me sorprendían y me sacaban de onda”.

 

Un horizonte de tortura, violencia y sujeción sicológica fue el que María enfrentó junto con sus compañeras de internado durante su estadía en el Oxford, lo que se agravó en los últimos cuatro meses de su permanencia, cuando a “El Padrino” le apeteció hacer uso de ella, de violarla y de sobajarla como ya antes lo había hecho con otras internas según refiere.

Cuatro cuartos que llegan a albergar hasta 40 internas, son los destinados en la planta alta de la casa habitación en que se ubica el Centro Femenil Oxford. El lugar cuenta además con una oficina, un pequeño cuarto para enfermería, una sala, cochera, cocina, baño y un patio tapado con plásticos.

La violencia y el abuso es manifiesto desde el primer día en que se ingresa al lugar. Las internas son desnudadas, obligadas a ponerse en cuclillas, para fotografiarlas de frente, perfil y por la espalda. El proceso no es realizado por personal médico, las encargadas son propias internas que, con el paso del tiempo son usadas para realizar tareas de logística y vigilancia dentro del lugar.

 

“Yo la verdad desconocía para qué eran esas fotos, decían que para el archivo, para nuestro expediente, pero esas fotos pues las enseñan, es como si fuéramos un pinche objeto y nos ofrecen”, apunta María.

 

Las internas son continuamente fotografiadas sin consentimiento, sin que se den cuenta, María ha conocido varias de estas imágenes ahora que está afuera y que compañeras que estuvieron internadas con ella han tenido acceso a éstas.

Al Centro Femenil llegan mujeres de diferentes edades, las hay desde 12, 13 y 14 años, hasta adultas. Incluso el Sistema de Desarrollo Integral de la Familia ha turnado casos para internar en el lugar. La Comisión Estatal de Derechos Humanos reporta que la Fiscalía General del Estado llega a canalizar a este tipo de lugares mujeres que sufren violencia familiar y/o de pareja. Violencia para atender violencia.

En el directorio de Instituciones de Asistencia Privada y Asociaciones Civiles, la Junta de Asistencia Privada del Estado, cuenta con el registro de tres centros Oxford en Morelia, uno femenil y dos varoniles, sin embargo, las internas refieren la existencia de un Centro “Junior” a cargo de la mamá de “El Padrino”, que es mixto, con menores internos desde los siete años de edad.

El médico cirujano Leobardo Román Arellano, con cédula 1069820 expedida en 1986 por la UNAM, aparece como uno de los profesionistas encargados del Oxford en el plotter publicitario que se encuentra en la fachada de su sede principal ubicada en Virrey de Mendoza 939, de la colonia Ventura Puente. También aparece el nombre de una psicóloga y su número de cédula, sin embargo ella, aclara no tener relación con el Oxford, hizo algunas evaluaciones hace un par de años como parte de servicios profesionales que presta cuando contratan sus servicios, pero no más, su nombre y cédula aparecen de manera irregular, sin su consentimiento y sin tener vínculos con el Centro.

De Leobardo Román más allá de su cédula profesional, no es posible encontrar referencia alguna en la web, no se registra ningún consultorio o centro médico en que ejerza su profesión.

La atención sicológica en el Oxford es fachada, las sesiones son presididas en general por propios internos e internas o padrinos que están o han estado recluidos en los Centros.

El cuarto y quinto paso de AA, es la “terapia de rehabilitación” que se aplica en dichos lugares, y se basa en hacer un corte de caja moral de la vida del interno, para después contarlo en tribuna frente a otros, “tienes que hablar de tu vida sexual, familiar, económica y social, luego lo expones ante un guía espiritual, que en este caso no eran guías ni nada, es gente que ha estado en anexos, gente que también es adicta.

 

 “En las pláticas que nos daban en las tribunas nos maltrataban muchísimo sicológicamente, nos hacían sentir una basura, no nos bajaban de ser unas putas, nos sobajaban, nos hacían sentir lo peor de la sociedad. Eran juntas de AA, llevaban el programa del cuarto y quinto paso, nos subían a tribuna a hablar, eran tres juntas diarias de dos horas cada una, la primera a las ocho, la segunda acababa a las cuatro y la última empezaba a las seis, después de eso nos subían a dormir. Teníamos prohibido hablar fuera de las reuniones, sólo podíamos leer cosas relacionadas con AA, nos daban 15 minutos para bañarnos con agua fría cada tercer día, y diez minutos para las comidas que eran de muy mala calidad, pese a que a nuestras familias les pedían llevar cada semana una despensa”, recuerda María.

 

En 2013 el Centro Femenil Oxford, fue clausurado por el ayuntamiento de Morelia por hospedar en condiciones insalubres y en un espacio inadecuado a las internas, pese a ello, el Centro reactivaría operaciones en las mismas condiciones y con la anuencia de autoridades municipales y estatales.

El directorio de la Junta de Asistencia Privada reporta que el Centro Femenil está actualmente en la calle Camino Real número 220 de la colonia Gertrudis Sánchez, Tercera Etapa. Las imágenes de lugar que se pueden detectar vía Google Maps muestran una casa a medio construir.

La disciplina en el Oxford es a partir de la violencia, aquellas que incumplen son “aplicadas” con tortura, golpes y castigos físicos, el testimonio de María así lo evidencia.

 

“Nos castigaban ya fuera amarrándonos, dejándonos paradas incluso por días, nos aplicaban ley del hielo, no nos daban de comer, o bien nos sentaban volteadas hacia la pared, también estaban los golpes”.

 

Cuando las amarraban era boca abajo, con los pies y manos atados hacia atrás “como iguanitas” –señala María-, o bien, las enrollaban como “taco” en una cobija y ahí las amarraban con lazos, les tapaban la boca, las aislaban en la enfermería y no se les permitía ir al baño. “De hecho cuando estábamos paradas tampoco podíamos ir al baño más que una o dos veces al día; a mí me aplicaron una vez con 15 días de estar parada, pero había a otras que incluso las aplicaban con meses.

 

“Una vez hubo ocho chavas que se quisieron fugar y las agarraron, el castigo fue dejarlas paradas una semana completa día y noche, ya tenían los pies hinchados, morados, como con un montón de puntitos rojos, a mí me tocó curarlas porque había unas que ya se les estaban reventando los pies.

 

Las hermanas Guadalupe y Concepción Ortiz eran las encomendadas por “El Padrino” para cuidar el lugar y a las jóvenes. Ambas ingresaron como internas al lugar, Guadalupe desde los 14 años, y conforme transcurrió el tiempo, adquirieron el rango de “Servidoras” o “Madrinas”, encargándose del Centro Femenil, replicando la dinámica de violencia que, María no duda, ellas también padecieron.

 

“Hay otra chica que ella también llegó de 12 o 13 años ahí, El Padrino la violó, ella era virgen y se quedó, se quedó, se quedó, hasta hace apenas como dos años que la llevaron para su casa porque ya le tenían mucha confianza y pudo ir a ver a su familia, pero se fugó y ya no quiso regresar al anexo”.

María ingresó al Oxford cuando tenía 18 años, un año después, ya tenía asignadas algunas tareas de confianza, como el dejarle las llaves y subir a otras internas a los cuartos.

Un día una de las “Madrinas” le dijo a María que “El Padrino” iba llegar con otras internas, le informó que ella se iba a ir con él a “compartir”, es decir, iría a otro centro para participar en una de las reuniones de “terapia” en la que subiría a tribuna para hablar.

“Me dijo, súbete a bañar, te pones zapatos y te bajas. Cuando llegan las muchachas las subimos a los cuartos y ya que salí nada más estaba El Padrino en la camioneta, ya en el camino me dice ¿a dónde quieres ir?, ¿no quieres ir al cine?, ya te lo ganaste, te mereces una salida. En el cine me empezó a agarrar la mano, me abrazaba y yo ya me sentía muy incómoda; ya que salimos me llevaba tomada de la mano, y yo trataba de soltarme pero él me decía, no te saques de onda güey, no pasa nada. Nos subimos a la camioneta y me dijo ¿a dónde vamos?, yo le dije que para la casa, pero él me dijo, ¿no quieres ir mejor a otro lado? y respondí que no, se arrancó y llegamos a un hotel, me llevó a un cuarto y empezó como a apadrinarme, a decirme que me quedara, que a qué salía si mi familia no me quería, que estaba mejor ahí, y pues ahí fue cuando abusó de mí, cuando me violó por primera vez.

“Como dos horas después, cuando llegamos a la casa, me habló la encargada y me dio una pastilla del día siguiente. A partir de ahí casi todos los días que él iba a quedarse al Centro me mandaban llamar y me metían al cuarto con él. Así fueron los últimos cuatro meses que estuve ahí, yo les decía que no quería, pero no me hacían caso, y cada que estaba con él me daban una pastilla del día siguiente”.

Felipe Gaytán Ruiz es el nombre de “El Padrino”, y de acuerdo a las internas es el dueño de los centros Oxford que no sólo tienen sucursales en Morelia, también en la Ciudad de México. Además tendría relación de propiedad ende los centros denominados Guerreros que en Michoacán tienen presencia en Morelia y Zacapu según el Directorio de la Junta de Asistencia Privada del Estado.

El modus operandi de “El Padrino” para la violación inicial de internas era similar, en el caso de Ana –que tampoco es Ana, pero se reserva su nombre-, la llevó a un hotel, y al ella buscar resistirse, se refugio en el baño del cuarto, él abrió por la fuerza la puerta y cuando ella lo vio ya estaba desnudo, luego la violó.

Las Madrinas eran cómplices de las violaciones, “ellas sabían lo que estaba pasando, de hecho era Guadalupe la que me bajaba, era la que me decía, hoy vas a estar con El Padrino, ella tiene 23 años. En donde él se quedaba era en el cuarto de la encargada, cuando él iba, se bajaban unos colchones, él acomodaba su lugar y la encargada se quedaba afuera, era cuando me hablaban a mí. Lo que pasaba ahí era violación, era toda la noche”, sostiene María.

La impunidad en la que operan los Centros Oxford pareciera escapar de la vista de las autoridades pese a que los casos de abuso, violencia y condiciones inadecuadas para los servicios que ofertan han sido permanentes.

Familias como la de María tenían que pagar tres mil pesos mensuales por su estancia, entregar una despensa semanal y entregar ropa y calzado que jamás llegaban a manos de las internas. Los encargados de los Centros controlan todo tipo de contacto con las familias cuando éste se da, y frecuentemente las visitas son negadas bajo el argumento de que las jóvenes están en tratamiento.

María recuerda que cuando alguna autoridad realizaba una inspección en el Centro, alguien le daba “el pitazo” a El Padrino, entonces a las internas las bañaban y arreglaban, “nos ponían el comedor, nos sentaban en sillas, nos ponían zapatos, nos peinaban bien, nos daban de desayunar chilaquiles con frijoles para que pareciera que todo estaba bien”.

La Comisión de Derechos Humanos del Estado (CEDH), no ha intervenido directamente en la revisión de los lugares por tratarse de Instituciones de Asistencia Privada, su acción se ha limitado a acompañamientos de autoridades que revisan estos lugares.

Juan Plancarte Esquivel, visitador regional de Morelia de la Comisión refiere que interactúan de manera interinstitucional a través de las reuniones de las Mesas de Paz y Seguridad de la Región Morelia, en donde se coordinan con la Comisión Municipal de Seguridad Ciudadana del ayuntamiento para hacer revisiones a los anexos.

“Nuestro papel ha sido de observadores y consideramos que debe hacerse en un contexto más amplio, porque uno de los problemas ahí es que los inmuebles generalmente son casas habitaciones, por lo que no hay las condiciones idóneas para que se pueda dar la rehabilitación de las personas; las cocheras se habilitan como salones para las interacciones de conferencias y pláticas. Además las personas tienen que tener un proceso de desintoxicación y no están las condiciones para ello, no se da esa contención”.

De manera clara no se tiene un registro de cuantos centros de rehabilitación operan en Morelia, y cuáles están debidamente regularizados, son tareas que de acuerdo a Plancarte están en proceso para realizar un programa de regularización, aunque en promedio señala que se tienen detectados alrededor de 72 centros operando en el municipio.

Sobre las violaciones a los derechos humanos, la CEDH no tiene reporte ya que durante las visitas, al momento de platicar con las internas, éstas se abstienen de hacer algún señalamiento, el miedo priva y las condiciones para que se sientan seguras para denunciar no se generan.

 

 

María soltó en llanto cuando llegó a su casa, con su familia luego de 16 meses de recluida en el Centro Femenil Oxford, “solamente empecé a llorar y a llorar, me preguntaban por qué y yo les decía que simplemente estaba feliz de regresar”. Tuvo que suplicarle a “El Padrino” que la dejara salir, que le “diera puerta”, no sabe cómo lo logró pero finalmente él aceptó. Como paso previo a su salida tuvo que acudir a una de las llamadas haciendas -que son centros de reunión- para “escribir” sobre su historia sexual, familiar, social y económica.

La otra condición que “El Padrino” le puso es que siguiera acudiendo a las instalaciones de Virrey de Mendoza, y que siguiera sirviendo al grupo, ella dijo que sí pero jamás volvió.

María tardó más de tres años en poder contar a su madre lo ocurrido mientras estuvo en el Oxford.

 “No tiene mucho que le conté a mi mamá y a mis hermanas lo que pasó ahí dentro, me costó mucho trabajo hablarlo. Las cosas aquí en mi casa estaban bien, yo veía a mi familia unida, hasta cierto punto yo pensaba que ya no hacía falta aquí porque los veía muy bien. Me costó mucho volverme adaptar a todo, tener un trabajo, empezar una vez más con mi vida; me daba terror y pavor salir a la calle, sentía delirios de persecución, creía que alguien me venía persiguiendo, soñaba con El Padrino, soñaba con el anexo, soñaba que me iban a regresar”.

El tiempo ha permitido a María tomar la decisión de hablar, de denunciar: “fue un proceso muy difícil y la verdad yo quería dejar ya del lado eso, pero son muchas chavas a las que les está pasando lo mismo y yo no quiero que más chicas sigan llegando ahí y que más familias sigan creyendo en ese maldito, porque no las ayuda, al contrario, las está destruyendo más, ¡las está haciendo mierda!”.

 

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